Me lo dijo dos semanas antes de la fiesta.
En la sala restringida, que ya abrí cuatro veces más sin que nadie lo notara. Estábamos los dos. Yo con el libro del año 2004 abierto sobre la mesa. Él con un cuaderno pequeño que guardaba en el bolsillo del saco cada vez que alguien se acercaba.
—Kieran.
Levantó la vista.
—¿Quién eres?
No parpadeó.
—Ya sé tu nombre. No te pregunté eso.
Silencio.
—¿Qué sí me preguntas?
—Te pregunté quién eres.
Cerró el cuaderno. Lo guardó. Apoyó los codos sobre la mesa.
—Teniente Kieran Hat —dijo—. Investigación criminal. Unidad de desapariciones.
El silencio que siguió fue de los que llenan el cuarto.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Nueve meses.
—¿Y la historia? ¿Los Voss-Harmond?
—Construida. Verificada por el mismo despacho que construyó tu herencia. El señor Owl es muy útil cuando sabe que tiene un problema mayor encima.
Respiré despacio.
—¿Qué buscas?
Abrió el cuaderno otra vez. Lo deslizó hacia mí.
En la primera página había una fotografía. Una chica. Joven, pelo oscuro, con ese tipo de sonrisa que no sabe todavía que tiene razones para no sonreír.
Debajo, escrito a mano: ALICIA HAT. GENERACIÓN 2021.
La miré.
—¿Tu prima?
—Lejana —dijo—. Pero sí.
—¿También se llamaba Alicia?
—También se llamaba Alicia. También recibió una herencia misteriosa. También llegó a Neverland.
—¿Y?
—Y no salió.
* * *
Me contó el resto con la misma voz plana que usaba para decir buenas tardes. No porque no le importara. Sino porque llevaba tres años cargándolo y las emociones ya habían encontrado su lugar en algún compartimento que no podía abrirse aquí.
Su prima había desaparecido durante la Fiesta del Té del 2021. El expediente oficial decía que se había retirado voluntariamente de la universidad. No había cuerpo. No había denuncia formal porque la familia no tenía recursos para presionar. No había nada.
Excepto él. Que tardó dos años en construir una identidad lo suficientemente convincente para entrar. Que movió conexiones que nunca debería haber movido. Que llegó a Neverland como Kieran Voss con la intención de documentar, de sacar pruebas, de exponer.
—¿Y los otros Wolfs saben que eres detective?
—No.
—¿Saben que no vas a matar a nadie?
Una pausa.
—Tampoco.
—¿Cuál es tu plan?
Me miró directamente.
—Estar en el bosque esa noche. Grabarlo todo. Y asegurarme de que tú salgas.
—¿Y los demás Wolfs?
—Los demás Wolfs creen que soy uno de ellos. Hasta que no lo soy.
Tomé la fotografía de su cuaderno. Miré a esa chica que se llamaba como yo.
—¿Mis padres sabían?
El silencio que siguió respondió antes que él.
—Kieran.
—Alicia…
—¿Mis padres sabían a dónde me mandaban?
Apoyó la mano sobre la mesa, sin tocarme.
—El despacho Owl-Stilking lleva décadas seleccionando familias. Los padres son contactados antes. Se les ofrece dinero, herencia, estabilidad. A cambio de…
—A cambio de mí.
No respondió.
No necesitaba hacerlo.
Devolví la fotografía. Me levanté. Me fui de la sala restringida sin decir nada más.
Caminé hasta mi habitación. Me senté en el borde de la cama. Miré mis manos.
Pensé en mi padre firmando papeles con el bolígrafo elegante del abogado.
Pensé en mi madre apoyándole las manos en los hombros.
Hazlo.
Y luego pensé en que tenía dos semanas.
Y en que eso tenía que ser suficiente.