Estoy acostada en mi cama cuando mi madre me dice que tengo que ir a cenar.
Estaba agotada mentalmente y lo único que quería hacer era dormir para que mi cabeza dejara de pensar tanto. Tenía ensalada con filetes de pollo para cenar. El estómago se me hizo un nudo al ver la notificación de mi móvil: "un mensaje nuevo de Amber"
AMBER
Parece que no has aprendido. La próxima vez no serán solo palabras.
No pienso contestarle. El problema va a ser mañana cuando la vea por los pasillos, con esas caras que pone de odio y envidia. En parte me daba miedo, porque sé que ella es capaz de hacer cualquier cosa para estar con Asher y sé que es capaz de amenazar también a él para que Amber pueda estar con Asher por fin. Intenté no pensar mucho en el mensaje que Amber me envió e intenté dormir. Al día siguiente me desperté cansada. No sé por qué pero algo me decía que tenía que arreglar las cosas con Asher y Jacob para que no estemos tan tensos ni sea incómodo. Me da rabia porque yo no soy la única que debería disculparse y, además, si lo hago volveré a tener problemas con Amber y quizás con los chicos también por cualquier otra cosa. Estaba indecisa. No sabía qué hacer.
Asher
Eran las tres de la mañana cuando me desperté. No pude volver a dormir. No sé qué me pasaba. Estaba inquieto, intranquilo, preocupado... Una parte de mí creía no saber lo que era, pero otra ya lo sabía. No quería estar preocupado todos los días por Leah, yo también necesito espacio. Sé que no lo hice muy bien con todo eso de los celos, pero no soporto verla con otro tío. Intenté calmar la mente escuchando mi playlist favorita. La música me ayuda mucho en ese sentido. A pesar de que no tuviera sueño, me dormí bastante rápido. Al día siguiente me preparé para ir a la universidad. Eran las ocho de la mañana cuando recibí el mensaje: "Si no haces lo que te digo, Leah sufrirá"
Amber había enviado ese mensaje. Otra vez ella, amenazando a la gente solo para que sufran, cuando en realidad todos sabemos que no va a hacer nada. "+ 1 notificación"
Abrí el mensaje lo más rápido que pude, deseando que la tierra me tragara. "Pongamos celosa a Leah, si no tú y ella las pagaréis"
Amber cree que le voy a hacer caso. No voy a hacer nada de lo que diga, y menos eso. Leah me importa más que nada, aunque no seamos amigos ahora mismo, pero aún así sigo sintiendo algo por ella.
Me arreglé para ir a la universidad y fui lo más rápido que pude. Al llegar vi a Leah al lado de un árbol y justo a su derecha estaba Jacob, intentando arreglar las cosas si es que no las habían arreglado antes. Jacob enarca una ceja en el momento justo en el que me ve. Yo aparto rápido la mirada, aunque estoy seguro de que me ha visto por la expresión que ha puesto. Leah lleva un top blanco con unos vaqueros azul cielo, y esta vez lleva el pelo recogido con un moño y un coletero de lo más inusual. Leah me contó que odiaba recogerse el pelo. Decía que con el viento su pelo "volaba" y destapaba su cara. Yo seguía sin entender el por qué no le gustaba recogerse el pelo, porque no lo explicaba muy bien, pero con el tiempo me di cuenta de que era porque odiaba su rostro. Justo cuando le iba a decir que ya había entendido el por qué no le gustaba recogerse el pelo, nos peleamos y jamás se lo pude decir. Me encantaría decírselo ahora, pero supongo que las cosas no volverán a ser como antes. Me acerqué lentamente hacia ella, y justo cuando estábamos a menos de cinco metros, Amber apareció delante mía, como si la hubiera estado buscando a ella en vez de a Leah. Mi cara de pocos amigos apareció una vez más.
—Vete de aquí, Amber
—¿Acaso no has visto mis mensajes de ayer?—su cara era como una mezcla entre alegría y rabia. Alegría porque sabía que conseguiría lo que ella quería y rabia porque odiaba que yo no me interesara en ella lo más mínimo.
—¿De qué mensajes hablas?—quise hacerme el misterioso, como si no fuera conmigo la cosa y yo jamás recibiera esos mensajes, aunque creo que sabe perfectamente que los recibí.
—Como no me hagas caso vas a tener problemas. Ya te lo advertí una vez, la próxima no habrá más avisos.
Y justo con esa última palabra, Amber se fue. No me daba miedo. Amber tampoco sabía con quién se estaba metiendo. Quizás yo no pueda amenazarle, porque eso no va conmigo, pero sabe perfectamente lo que puedo hacer, y sabe que eso no le gustará en absoluto.
Amber tiene unos ojos perfectos, de color avellana, acompañados con unas pestañas negras largas. Es rubia y tiene un buen estilo. Amber es el tipo perfecto de los chicos, pero debido a su actitud, ningún tío le hace caso. Todos han estado enamorados alguna vez por ella, incluso aunque ni ella misma lo sepa. Es egoísta, compulsiva, arrogante, negligente, celosa, pesimista, dañina... podría estar diciendo cosas malas de ella tres años al menos. Si no se centrara en hacerle daño a los demás, todos los chicos estarían colados por ella, pero lo cierto es que ya nadie lo está. Todos ignoran a Amber, pues saben que es mejor no acercarse a ella por si las moscas. Pero bueno, ya está bien de Amber. Lo importante es recuperar a Leah e ignorar a Amber y que el capullo de Jacob la deje en paz.
Leah
Hoy me he despertado tranquila, sabiendo que por lo menos Jacob y yo ya estamos en paz. Ayer pude ver la cara de rabia de Asher al ver que Jacob y yo estábamos juntos pero ya me da igual, se lo merece. Se merece sufrir al igual que lo hice yo, y sobre todo por seguir juntándose con Amber después del daño que me hizo. Hoy es sábado y no tengo nada mejor que hacer que estudiar; así que eso hice por unas dos horas. Al poco tiempo de terminar de estudiar, Jacob me escribió para quedar, a lo que yo respondí con un sí. Quería ir a una cafetería para que pudiéramos hablar de todo lo que ha estado pasando últimamente, que no es poco. Me cambié de ropa y me puse unos tacones negros y un top blanco con un diseño de una estrella negra en la espalda, acompañándolo con una falda vaquera. El outfit era un poco sencillo, pero no estaba mal dada la ocasión. Tampoco es que fuese a una cita o algo así. Ya lista, cogí las llaves del coche y me dispuse a conducir hasta allí. Al llegar, vi a Jacob, apoyado en la pared, con unos cascos en el cuello y una sudadera azul marino. Tenía el pelo hacia atrás, lleno de gomina. No se veía nada mal, la verdad. En el momento justo en el que me vio, vino hacia mí y me dijo que no había mesas disponibles, así que me preguntó si quería dar una vuelta, y yo cedí. No me vendría mal dar una vuelta, tenía que estirar las piernas.