Hoy me he despertado y lo primero que he hecho ha sido ducharme. Ayer estuve jugando al fútbol con mis amigos y llegué tan tarde a casa que no tenía fuerzas para ducharme. Al salir de la ducha y vestirme, me peiné y abrí la puerta. Y de repente, un rostro conocido se asomó.
—¿Liam?
—Hola, hermanito. Me han dicho que últimamente estás bastante depre, así que aquí está tu hermano favorito para alegrarte el día.
—¿Qué haces aquí?–digo, mientras me muerdo el labio inferior.
—¿No te alegras de verme? Yo te he echado mucho de menos, colega–comenta, con una sonrisa en el rostro y los ojos brillantes–Venga ven aquí hermanito–él se acerca a mí y me intenta abrazar, pero yo me aparto—.
Tienes que contarme muchas cosas. ¿Quién es esa chica de la que te has enamorado? ¿Tienes novia?
—Déjame en paz, Liam. No te voy a contar nada de mi vida
—Venga, hermanito. Sabes que tarde o temprano me lo vas a contar
—Vete a la mierda, Liam. Y no me llames hermanito.
—¿tienes miedo de que la gente sepa que soy tu
hermano? ¿Qué le pasará a tu reputación?—tiene la
nariz arrugada y la mandíbula tensa.
Me dirijo hacia el sofá y él me coje el brazo.
—Voy a encontrar a esa tal Leah y te juro que la voy a matar, hermanito. Más te vale contarme lo que ha pasado en tu vida
—Como la toques te juro que
—Qué, ¿eh? ¿Qué me juras?
—Que te mato, cabrón. No vas a volver a arruinar otra vez mi vida
Liam se va riéndose, como si la situación tuviera gracia.
Leah
Ver a Asher con Amber me destrozaba por dentro. No podía creer que estuvieran saliendo. Solo de pensarlo me entran náuseas. Era como si Asher me hubiera traicionado. Supongo que ya no me tiene ni el más mínimo aprecio. El vacío que sentía hace unos días,
vuelve a aparecer. En realidad nunca se fue.
Ese mismo día fui a la universidad como de costumbre. Jacob estaba hablando con un chico, así que me acerqué a él para saludarlos.
—Hola, Jacob. Hola…
—Liam, soy Liam. Tú debes de ser Leah
—La misma
—¿Qué te trae por aquí, Leah?—tiene una postura firme, con una sonrisa encantadora
—Es una larga historia, ¿y tú? Pareces un chico misterioso
—Estoy de visita
—¿De visita? ¿Estás visitando a alguien?
—Sí, pero no puedo decir a quién.—se lleva las mano a la boca— Es un secreto
—Leah y yo ya nos íbamos, Liam. Ya nos veremos otro día.
—Adiós colega. Leah—me llama—. ¿Quedamos algún día por ahí?
—Tú lo flipas. Adiós, Liam
Y tan pronto como termina la conversación, me voy a un banco, donde Jacob me está esperando. Charlamos un rato y después entramos a la universidad. Cuando terminamos las clases, veo a Liam hablando con Asher, lo que me resulta bastante raro. Ahora que me fijo, Asher y Liam tienen un cierto parecido. Liam es alto, tiene el pelo negroy tiene un estilo peculiar. Por la tarde
salgo a pasear a Molly, mi perra. Pasamos por al lado de un estudio de tatuajes, y no sé por qué pero me entraron bastantes ganas de hacerme uno. Siempre había querido, pero debido a mis padres, nunca me lo hice. Pero a quién le importa lo que digan mis padres ahora. Ni siquiera están aquí, y soy mayor de edad, así
que no me pueden decir nada. Me dirijo a la puerta para entrar, y justo ahí viene una dependienta a atenderme.
Me pregunta qué tatuaje me quiero hacer y yo le digo que todavía no lo tenía claro, pero que me quería hacer algo.
—Siéntate aquí, por favor.—dice, con una voz bastante tierna—Ahora viene mi compañero
—Vale. Gracias
Me quedo esperando unos treinta minutos, y justo cuando me iba a levantar para irme, una voz me llama
—¿Leah?
Su voz se me hace familiar. Me giro para ver quién es.
Asher. Es Asher. Lo que me faltaba
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Acaso eres tatuador?
—Sí. ¿Sorprendida?
—Yo ya me espero todo de ti, Asher. Después de lo que me has hecho, eres capaz de cualquier cosa.
—¿Qué te quieres tatuar?
—Había pensado en una flor o unas estrellas. ¿Qué me recomiendas?
Esta es la primera vez en mucho tiempo que Asher y yo mantenemos una conversación normal, como dos
personas que se conocen desde no hace mucho pero que tampoco se odian. Aunque quizás yo sí lo odie.
—¿Unas estrellas o una flor? ¿Por qué?
—No hagas preguntas. Sabes bien que no te las voy a contestar
—Venga, Leah no puedes odiarme para siempre—coge
la tablet para enseñarme algunos diseños.
—Sí, sí que puedo
Silencio. Solo se escuchan nuestras respiraciones y el latido de nuestros corazones.
—¿Te gusta este?—gira la tablet y me los enseña—Creo que estos son los mejores. ¿Tú qué opinas?
—Me gustan. ¿Cuánto tardarás en hacerlos?
—Una hora y media o dos. ¿Por qué? ¿Tienes prisa?
—No es de tu incumbencia
—Joder, Leah. No me lo vas a poner fácil,¿no?—se gira para coger las agujas y la tinta—Túmbate aquí.—¿Dónde te los vas a hacer?
—En la cintura. ¿Duele mucho?
—Duele bastante, aunque depende de la persona. Hay poca grasa y la piel es más fina, está cerca del hueso de la cadera y además es una zona sensible y con terminaciones nerviosas.
—¿Qué tipo de dolor es?
—Es una sensación de ardor intenso o raspado. A veces se siente más profundo cuando está cerca del hueso, pero si es pequeño es más rápido y llevadero. ¿Lista?
—Lista.
Dolía bastante, aunque intentaba ocultarlo.
—Ya hemos terminado, Leah. ¿Te gusta?—me da un espejo y me enseña el tatuaje.
Es precioso.
—Es muy bonito, sí. Gracias.
—Leah—su voz parece algo tímida y está calmado
—Dime
—¿Crees que podrás perdonarme algún día?—intenta evitar mirarme, como si estuviera avergonzado de haber preguntado eso.
Quizás algún día pueda perdonarle, pero no ahora. Todavía es pronto.
—No estoy segura.
—Mañana doy una fiesta en mi casa. ¿Vendrás?