Dos días más tarde…
—¿Te ayudo a subir las escaleras?
—Estoy bien, Ash.
Leah por fin me volvió a llamar Ash otra vez. Cuando mi madre me llamaba así, me entraban náuseas. Por alguna razón odiaba ese apodo, pero cuando Leah me llama así, siento como si mi sangre llevara cuatro años sin bombear y ahora lo hiciera otra vez. Hace tiempo que no me sentía bien cuando estaba con alguien.
—¿Has visto a Jacob últimamente?—pregunta Leah, mirando alrededor nuestra
—No lo he visto desde el hospital—contesto, preocupado
¿Dónde se habrá metido? Es raro porque Jacob
siempre está persiguiendo a Leah.
—Mira, Ash, agradezco lo que has hecho por mí pero esto se tiene que acabar. No puedo fingir que nada ha
pasado entre tú y yo. No puedo pretender que nunca nos quisimos. Desde el momento en el que te vi, supe que me ibas a dar problemas, pero estaba dispuesta a tomar ese riesgo. Cuando te conocí vi que eras una
gran persona y que tienes un gran corazón. Lo siento Asher, no puedo hacerlo. Eres la persona correcta, pero no es el tiempo correcto. Estoy pasando por muchas cosas difíciles en mi vida y no puedo pensar ahora en ti, en nosotros—hace una pequeña pausa y puedo ver sus manos temblando y sus preciosos ojos almendrados llorosos—Lo siento, yo… No puedo.
✮
Leah
Suena la alarma. 7:15.
Otro día más me sigo sintiendo así, vacía. Incluso cuando estoy rodeada de gente me siento sola. Nadie entiende cómo me siento o por qué me comporto así. Mi vida ya no tiene sentido. Todas las chicas tienen su vida
perfecta, llena de girasoles y amapolas, ¿pero y yo? Yo no tengo nada. Ya no me queda nada. Me he comportado fatal con las personas que tenía a mi alrededor, especialmente con Asher. A veces solo quisiera desaparecer, aunque sé que nadie me
buscaría. Cada vez tengo menos amigos, lo que significa que ya no me queda casi nadie con quien hablar. No soy suficiente. Quiero dejar de fingir que puedo con todo, dejar de sonreír cuando lo único que
quiero es llorar. Nadie nota que estoy sosteniendo el mundo con manos que ya no tienen fuerza. Hay una parte de mí que me dice que me rinda, pero otra me dice que aguante un día más. Y aquí sigo.
Respirando aunque duela. De pie aunque tiemble. Y quizás eso ya es una forma de no rendirme.
Suena otra vez la alarma. 7:30
—¡Mierda! ¡Voy a llegar tarde otra vez!
Antes de levantarme, cojo el móvil para ver si hay mensajes nuevos de Jacob. No me ha escrito desde el hospital. “No hay mensajes nuevos”. Genial. Jacob está enfadado conmigo al parecer, y a saber por qué.
—¡Leah! ¡Vas a llegar tarde como no salgas ya de la cama!—grita Grace, desesperada
—¡Ya voy!—contesto, mirando a mi alrededor para ver que ponerme hoy
Hoy voy a ponerme algo simple. Esta semana no voy a ir a la universidad. Después de que me intentaran matar
lo he estado pasando bastante mal. Veía sombras constantemente, sangre y sentía dolor, como si todavía
siguiera atrapada en el mismo día a la misma hora que todo pasó.
Bajo las escaleras y me encuentro a Grace en la cocina, sosteniendo un plato lleno de comida. Estaba en pijama, con sus pantuflas rosas favoritas y su antifaz para dormir en la otra mano.
—¡Por fin te has levantado!—dice Grace al ponerse al lado mío.
—Esta semana no voy a ir a clase—digo, a la vez que cojo un croissant del plato que sostenía Grace—Por lo menos hoy no.
—¿Quieres ver una peli?—pregunta, esperando que mi respuesta sea un sí
—Voy a ir a la casa de Jacob—hago una pausa—Lleva días sin contestar a los cien mensajes que le he enviado.
—Te acompaño
—Voy con Liam. Lo siento Grace. Cuando lo encontremos y vuelva a casa te prometo que vamos a ver una peli .
Puedo ver como una pequeña sonrisa aparece en su cara.
—Trato. ¡No tardes mucho!
—¡Adiós, Grace!
—¡Hasta entonces, Leah!
Giro el pomo de la puerta, haciendo que esta se abra. Al salir hay un coche rojo aparcado en la puerta. Allí estaba Liam, esperando para recogerme. Llevaba unas
gafas de sol negras que le tapaban casi toda la cara, pero aún así seguía bastante sexy. Camino vagamente hacia él, saludándolo con la mano de lejos mientras me voy acercando.
—Hey. ¿Cómo estás? Me han dicho que intentaron matarte.
—Las noticias vuelan, ¿eh?—digo, mientras pongo la mano en el asiento para no caerme—No te voy a mentir, podría estar mejor.
Liam se da cuenta y viene a ayudarme. Entrelaza sus manos con las mías y se asegura de que ya me he sentado correctamente. Él me pone el cinturón y cierra la puerta.
Antes de que él pueda subirse, me hace una pregunta
—¿Qué ha pasado con mi hermano? ¿Ya no lo quieres?—pregunta, dudoso
—Tu hermano y yo nunca llegamos a salir. Solo fuimos amigos, ya está
Un silencio incómodo inunda la habitación.
—¿Te has dado cuenta de que es un capullo?
—Algo así.
No quería decirle que me traicionó, porque realmente
no sé si es así. Le podría decir que me ha hecho mucho daño, pero no lo hago.
—¿Podemos ir a casa de Jacob ya? Mi amiga Grace me está esperando para hacer cosas juntas.—pregunto, rompiendo el silencio
—Lo que tú digas, Collins—responde, metiéndose en el
coche y arrancando el motor. —¿Puedo hacerte algunas preguntas? Para conocerte mejor y eso.
—Sí, ¿por qué no?—contesto, nerviosa, recordando lo que Asher me dijo de él.
—¿Qué parte de ti intentas ocultar?—pregunta él, directo.
—¿Qué te hace pensar que oculto algo?—respondo, y mis manos empiezan a sudar
—Es obvio que escondes algo. Todos lo hacemos.
—No oculto nada. Déjame en paz
—Venga, Leah, no seas así, dímelo—insiste
—Oculto lo mucho que me afectan las cosas. Actúo como si nada me doliera, pero hay días en los que todo me pesa demasiado.
Silencio.
—¿Estás contento ya?
—Ahora estoy contento—replica él, esbozando una leve sonrisa.