Alineando las estrellas

8. ¿Esto es una cita?

Asher

Estoy en la cama tumbado , pensando qué haré mañana, cuando tocan la puerta y me alarmo. Me incorporo y voy a la puerta, despacio. Miro por la mirilla. Liam otra vez.

—No te voy a abrir, gilipollas—le grité, mirando la puerta—. Puedes quedarte ahí todo lo que quieras.

—He estado con Leah, Asher. Tenemos que hablar, así que deja tus comportamientos de niñato, hermanito.

—¿Qué cojones hacías tú con Leah?

—Si me abres te lo explico, no voy a estar gritando aquí fuera.

Abro la puerta y cruzo los brazos, enfadado. Él me mira asombrado y pone los ojos en blanco.

—Venga ya, hermanito. Leah vino conmigo porque quiso.

—No pongas excusas. Sal de mi puta vida, Liam—espeté molesto.

—Leah es buena chica, no me importaría buscar a Jacob con ella. Oh, espera, lo voy a hacer.

Apreté los puños fuerte y le pegué un puñetazo.

—Como le hagas algo te juro que no vas a salir vivo. Ya te lo advertí una vez—susurré cerca de su oído.

—Joder, hermanito, qué celoso te pones—respondió entre risas.

—Vete al infierno—dije, tragando saliva y yendo al salón.

Él me sigue y yo simulo que no lo he visto. Se sienta al lado mío y se queda un rato mirándome.

—Ella nunca te quiso—murmuró, evitando mi mirada.

—¡Déjame en paz, joder!—protesté

—Ya veo que aquí no soy bienvenido—gruñó molesto.

—Nunca lo has sido.

Liam se levanta y se va a su habitación, cerrando de un portazo.

—Cabrón

Liam

Me tumbé un rato en la cama e investigué dónde podía estar Jacob. Mañana voy a salir con Leah para

buscarlo. Me puse en contacto con ella para ver a qué

hora y dónde nos veíamos. Minutos después fui al baño a curarme la herida que Asher me había hecho al pegarme. Tenía la comisura del labio sangrando y me dolía bastante. Ese cabrón me las va a pagar.

Sé que le he hecho mucho daño y que él no me quiere aquí, pero he venido a disculparme y a ser un buen hermano mayor.

Cogí el botiquín que tenía por casa y me puse lo

primero que vi; alcohol y cristalmina. La herida no paraba de sangrar y para colmo me dolía bastante, así que cogí un poco de hielo del congelador y me lo puse en el labio. Al cabo de un rato me quité el hielo y pude ver un gran moretón con una raja.

—Muy bien hermanito, muchas gracias—bromeé, hablando conmigo mismo.

Mi móvil vibró y emitió un sonido. “+1 notificación”.

Era un mensaje de Leah. Me había enviado la ubicación de su casa y me había dicho que si podía ir, que era urgente.

𝓒𝓱𝓪𝓽 𝓭𝓮 𝓛𝓮𝓪

—Estoy allí en cinco minutos.

—Aquí te espero.

Me puse un jersey de cuello vuelto

blanco, acompañándolo con unos vaqueros anchos azules. Fui lo más rápido posible a su casa y llegué más o menos en diez minutos.

Toqué el timbre y Leah abrió la puerta. Tenía cara de estar bastante preocupada por algo.

—Perdón por tardar tanto. ¿Qué pasa?

—He suspendido matemáticas. Mis padres no lo saben todavía pero cuando lo sepan me van a matar.

—Y,¿qué se supone que tengo que hacer yo?

—Necesito tu ayuda, además, llevo sin ir varios días a la uni y si encima suspendo me echarán. Venga Liam,

nunca te pido nada—dijo, mordiéndose el labio, nerviosa.

—Venga ya nena, ¿que no me pides nada? Ojalá—hago una breve pausa, pensando qué trato le puedo proponer—. Si te ayudo con las mates, ¿conseguirás que mi hermano no me odie?

Miro a Leah, confusa ante mi propuesta.

—Vale—responde ella, dudosa.

—¿Cuándo empezamos las clases?

—Mañana, después de ir a buscar a Jacob—respiró hondo y metió sus pequeñas manos en los bolsillos traseros de su pantalón.

—¿A qué hora te recojo, amor?

—¿Ocho y media?

—Joder nena, ¿enserio me vas a hacer levantarme a las ocho de la mañana?—me quejé.

—Venga quejica, tampoco es tan pronto.

Entré en su casa y estuvimos charlando un buen rato.

—¿Puedo cocinarte algo? Soy bastante bueno—afirmé.

—¿Liam Sparks cocina? Pensé que te lo daban todo en bandeja—replicó sarcásticamente.

—Ja, ja, muy graciosa. ¿Cómo está tu cuello?—cambié de tema drásticamente y me acerqué a ella, tocándole el cuello suavemente con mis pulgares—. Joder. El que te ha hecho esto es un capullo. El infierno le está esperando con las puertas abiertas. Ojalá se muera mañana. ¿Qué digo? Mejor que se muera ahora.

Leah me puso el dedo índice en la boca y siseó.

—No vale la pena, Liam.

Noté cómo me iba poniendo cada vez más nervioso, haciendo que mi corazón latiera más deprisa. Ella se acercó a mí y me besó la mejilla.

—Gracias por preocuparte por mí y ayudarme—murmuró con suavidad.

—Sólo lo hago porque quiero algo a cambio, ya lo sabes.

Ella hizo una mueca y ladeó su cabeza, haciéndome reír.

—¿Vemos una película?—pregunté, ansioso por escuchar su respuesta.

—Solo si vemos mi película favorita

—¿Y cuál es esa? Seguro que es muy cursi y el final está lleno de flores y mariposas de colores, ¿me equivoco?

—Bastante El final del diario de Noah no es muy feliz que digamos.

Leah se levanta, coge el mando y enciende la televisión.

—¡Pero no me hagas spoiler!—grité sonriendo y le tiré un cojín que tenía al lado mío.

—¡Liam! ¡Te vas a enterar!

Leah se levanta nuevamente y coge un cojín que estaba en el suelo y me lo lanza a la cara.

—¡Mierda!

La tirita cae al suelo, destapando mi herida.

—¿¡Qué te ha pasado!?—pregunta asustada—. Voy a curarte eso, ven aquí.

—Ya me la he desinfectado, tranquila nena.

Ella me coge el brazo y me lleva hasta su baño. Allí coge el botiquín de primeros auxilios y abre un bote.

—¿Qué te has echado para desinfectarla?—pregunta preocupada.

—Alcohol y cristalmina

—Eres idiota —murmuró, tocándome la cara y girándola para ver más de cerca la herida—. El alcohol no se usa ahí.




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