Alineando las estrellas

9. ¿Sorpresas inesperadas o esperadas?

Leah

Sabía que buscar a Jacob no era buena idea, pero aún así cogí la chaqueta y salí de casa.

Allí estaba Liam esperándome fuera, sentado, mientras le daba un enorme bocado a su manzana.

Me acerco a él con los brazos cruzados y le saludo.

—¿Qué hay nena?—dice, mientras se lleva la manzana a la boca para darle otro bocado.

—¿Listo?—contesté, esbozando una leve sonrisa.

—Más que nunca

Él abre la puerta delantera, se sienta y pone ubicaciones donde podemos buscar.

Llegamos a una casa que parece estar abandonada. La puerta está abierta y nosotros nos quedamos en la

entrada sin entrar, mirando alrededor para ver si podemos encontrar algo.

—Las damas primero.

—Eres todo un caballero—contesto irónicamente.

Entramos en la casa y se puede ver sangre. Muchas sangre.

—¡Dios mío, Liam!—grité aterrada.

—¡Joder!

Recorremos toda la casa; el baño, el salón, la cocina, las habitaciones… Nada.

—Eh, Leah, ven a ver esto.

Voy corriendo, aterrada por lo que pueda ser.

—Falta una habitación más. Voy a entrar.

—Ten cuidado, por favor.

Él entra y yo me asomo a la puerta. Hay sangre, pero esta vez mucho más que en las otras habitaciones.

Encima de una pequeña mesa se puede ver un cuchillo lleno de sangre.

—Leah, ¡vámonos de aquí ya!—chilló.

Empezamos a correr lo más rápido que podíamos. Me temblaban las piernas y las manos. Me recorrió un enorme escalofrío por todo mi cuerpo.

—Te llevo a casa, Leah. Suficiente por hoy.

—Vamos a comisaría, Liam. Si no hacemos algo seremos víctimas del asesinato o lo que quiera que haya sido es o que hemos visto.

—Necesito un momento para asimilar todo esto.

Pasan un par de minutos y Liam pone en marcha el coche y nos vamos a la comisaría.

18:16.

Mi móvil empieza a vibrar y en la pantalla se puede ver

un número desconocido. Me siento en la cama y lo cojo nerviosa.

—Está muerto, Leah—dice una voz que me resulta familiar—. No lo sigas buscando.

Sentí cómo una lágrima resbalaba por mi mejilla y la segunda cayó antes de que pudiera detenerla.

¿Está muerto? ¿Después de todo lo que hemos hecho?

—¡Esto es una mierda!

Cogí una silla que se encontraba al lado mío y empecé a tirarla por los aires. Una cosa tras otra.

Hago el esfuerzo de agarrar el móvil para llamar a Liam y así contarle todo lo que había pasado.

Liam me coge y escucha mis sollozos

—¿Leah? ¿Estás llorando?

—No puedo más, Liam—respondí, pegando golpes a la pared.

—Voy para allá, Leah. Prométeme que no harás nada.

Gruño y le cuelgo.

Me tumbo en la cama y vuelvo a llamar a Jacob. El contestador vuelve a saltar por décima vez y yo me rindo. ¿Por qué todo lo malo me pasa a mí? ¿Qué he hecho para merecerme esto?

Un golpe me sobresalta. Me levanto como puedo y voy en dirección a la puerta. Abro y ahí está Liam.

—Déjame en paz, Liam—hablo, enfadada.

—Venga, nena, dime qué ha pasado.

Cierro la puerta fuerte y él la empuja para que no se

cierre del todo.

—Ven aquí.

Él da un paso hacia mí, intentando abrazarme.

—Todo esto es por tu culpa—comento, mientras le doy la espalda a Liam y subo a mi cuarto.

Él me sigue y me mira con cautela cuando me tumbo.

—¿Es que no me has escuchado? ¡Vete de aquí y desaparece de mi vida!

—No puedo dejarte aquí, sola, tumbada en tu cama llorando—hace una pausa para suspirar—. ¿Todavía quieres que sea tu profesor privado de Matemáticas?

—No quiero que lo seas, pero es eso o suspender la asignatura—murmuré, jugueteando con mis manos.

Él se acerca a mí e intenta acariciarme, pero yo le aparto.

—No te acerques a mí. Siempre lo arruinas todo.

¿Es que no te das cuenta de que han matado a Jacob por tu culpa?

—¿¡Han matado a Jacob!?

—Solo me has causado daño, Liam. Ojalá nunca te hubiera conocido.

Él se va de la habitación, con una cara pálida y triste.

Al minuto puedo escuchar como la puerta principal se va cerrando lentamente.




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