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✩⋆☾⋆✧ 𝐍𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐭𝐢✧⋆☾⋆✩
Mi cama estaba tan caliente que no quería abandonarla, pero tarde o temprano tendría que hacerlo. Miro el reloj y marca las ocho y media de la mañana. Me cuesta abrir los ojos, pues se me cierran cada vez que lo intento. Me incorporo poco a poco e intento dar un paso. Cojo las sábanas y empiezo a hacer la cama, aún con los ojos medio cerrados. Cuando termino voy a lavarme la cara al baño. Agarro una esponja, jabón y un poco de agua para lavarme la cara. Después estrujo bien la esponja y la guardo en un cajón. Me lavo los dientes y preparo la mochila para ir al campus.
Bajo las escaleras para dirigirme al pasillo, donde hay un espejo. Una vez allí, me miro el cuello y giro la cabeza hacia un lado, despacio. Miro la gran cicatriz y me toco el cuello con el pulgar, de manera suave. Hago un pequeño gesto de dolor y suelto un pequeño grito.
—¡Mierda!
Se pueden apreciar los puntos que me pusieron.
El cuello me seguía doliendo y solo habían pasado dos meses desde aquello. Sigo con miedo de que alguna vez me lo encuentre y no sepa si es él. Tenía un pasamontañas y solo se le podían ver sus enormes ojos almendrados.
Grace aparece detrás, tocándome ligeramente la espalda, y me hace dejar de pensar.
—Hey, chica, ¿estás bien?—su mirada baja hacia mi cuello y después me sigue la mirada.
—Mejor que nunca—hago mi mejor sonrisa falsa y le doy la espalda, yendo a la cocina para prepararme algo.
—Te preparo algo, tú siéntate en el sofá.
Obedezco y me siento, asintiendo y dando las gracias con la mano como puedo.
—¿No quieres saber lo que le ha pasado a Jacob?—rompo el silencio.
—¿A qué te refieres?—replica, echando leche en un cuenco.
—Me refiero a quién le ha matado. Quieres saberlo tanto como yo, ¿no?
—Por supuesto…¿hay algo que pueda hacer?
—Meterle presión a la policía.
—Ni de coña, Leah. Quiero saberlo, pero no quiero ser insistente con la autoridad—toma el paquete de cereales y los echa en el cuenco junto a la leche.
—No hay otra manera, Grace. Hazlo por mí, por favor.
—¿Si lo hago estarás contenta?—se acerca a mí con el cuenco de cereales en la mano y se sienta conmigo.
—Muy contenta—agarro el cuenco y me llevo la cuchara a la boca. Los cereales crujen y cortan la tensión que hay en el ambiente.
—Vale—cede a la vez que resopla.
—Eres la mejor, ¿lo sabías?—me llevo las manos al mentón y le sonrío.
—Lo sé muy bien—juega con su pelo y se ríe de mis gestos.
Liam
—¿Cuánto te ha dado esta ecuación?—me levanto de la silla y me tumbo en su cama, con las manos en el estómago.
—Míralo tú mismo. No tengo ganas de hablar y menos contigo—su tono me deja claro, una vez más, que me odia—. Salte de mi cama—ordena.
—Tranquila, nena—me levanto y me vuelvo a sentar en la silla—Está bien el resultado. Tienes al mejor profesor del mundo.
—Ya quisieras, gilipollas. Ahora mismo prefiero que esté mi odioso profesor antes que tú.
—Auch—pongo cara de sorpresa y me llevo las manos al pecho, simulando que me ha dolido su comentario.
—Ya has terminado por hoy. Te puedes ir ya—se levanta, guiándome a la puerta.
—Ya…no gracias. No quiero irme todavía.
—Y una mierda. Te vas porque yo te lo digo. Es mi casa, ¿recuerdas?
—Se supone que tenías que ayudarme a que mi hermano no me odiara, pero ya me he encargado yo, así que ya no te voy a dar más clases.
—Qué cojones estás diciendo. Si no me das clases, suspenderé—suena alterada y empieza a mover su pierna de manera rápida.
—Ese es tú problema, no el mío.
—No seas así conmigo, Liam—anuncia, con la mirada nerviosa.
—¿Así como? ¡Tú me has estado tratando como una mierda todo este tiempo!—chillo.
Leah se queda paralizada. Su rostro se tiñe con tristeza.
—¡Quizás sea porque no soporto que Jacob esté muerto! Ojalá nunca os hubiera conocido. Ni a ti, ni a Asher.
—No creo que pueda hacer esto, Leah—la ignoro.
—¿Hacer qué? ¿Destrozarme? Porque ya lo has hecho
—¡Puedes parar de decir eso de una puta vez, joder!—aprieto los puños y la mandíbula por instinto—¡Estoy harto de que todo el mundo juegue conmigo!—mi voz suena rota y se me hace un nudo en el estómago. Me levanto bruscamente de la silla y me dirijo a la entrada.
—Liam, yo…
Su voz me hace parar por completo y me quedo inmóvil.
—Lo siento pero no podemos seguir siendo amigos…—tiene los ojos llorosos, y al cabo de unos segundos, una pequeña gota cae por sus mejillas.
—Hace tiempo que no lo somos, Leah.
Doy un paso y salgo fuera de su casa, dejándola atrás.
—¡Espera!—exclama. Giro los talones y me vuelvo hacia ella, mirándola de arriba hacia abajo—Yo nunca quise que esto terminara así, yo…
—Puedes ahorrarte el discurso, Leah.
Ella corre hacia mi dirección y se para enfrente de mí.
—Me lo llevo ahorrando durante mucho tiempo, Liam. Estoy harta de toda esta mierda.
—Puedes ahorrarte el discurso—repito, distante.
—No puedes fingir que no ha pasado nada entre nosotros, Liam—esta vez es ella la que me ignora.
—¿Ha pasado algo? Nunca me he llegado a dar cuenta—vacilo.
—Nadie está tan ciego como para no darse cuenta, Liam—hace una breve pausa—. Sé sincero conmigo. Dime cómo te sientes.
—Quieres que sea sincero, ¿no?—me muerdo los labios con fuerza y mi mandíbula vuelve a tensarse.
—Por favor—suplica.
—¿Incluso aunque te vaya a doler lo que voy a decir?
Asiente.
—Siento que cada vez que he intentado hacer las cosas bien contigo tú me has dado la espalda y, ahora que quiero alejarme de ti, tú te acercas—suspiro e intento continuar como puedo—. Piensas que solo tú lo estás pasando mal con lo de Jacob pero, ¿y yo? ¿Te has parado a pensar cómo me siento yo?