Alineando las estrellas

15. La habitación de Liam

15

✩₊˚.⋆☾⋆✧ 𝐋𝐚 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐭𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐝𝐞 𝐋𝐢𝐚𝐦✧⁺⋆☾⋆˚✩

Liam

Nunca pensé que Asher se iba a poner tan celoso por Leah. Tiene a Amber, su novia, así que no entiendo por qué se pone así.

Volver a ser amigo de Leah me ha hecho sentir mejor. Ya no tengo ese mal sabor de boca cada vez que alguien la menciona. Estar bien con Leah implica llevarme mal con Asher. Cada vez que tomo una decisión siento que puede ser mi final. Que ya no voy a seguir aquí por una simple puta decisión. Mi hermano es el único que me queda de mi familia. Cada miembro de ella me odia, y ahora él también. Siempre ha sido el pilar de mi vida, aunque nunca lo he demostrado. Desde pequeño he sido bastante cerrado y me costaba mucho hablar con la gente. Tampoco tenía muchos amigos, para variar. Logan era mi mejor amigo hasta que un día dejamos de hablar. Yo hice una estupidez y a él no le gustó mucho, así que Logan decidió alejarse de mí. Mis ganas de comer se fueron y me pasaba todo el día en mi cuarto.

Llevo dándole vueltas a la cabeza media hora cuando decido que ya es hora de levantarme y hacer algo productivo. Me levanto y limpio un poco mi habitación. Voy a por un trapo y limpio el polvo.

Veo una esterilla de yoga y decido que es hora de ponerme a hacer ejercicio. Me quedo un rato sentado en ella, mirándome los brazos en el espejo. Las venas se me marcan por todo el brazo.

Aprieto mis manos lo más fuerte que puedo y las venas se marcan aún más. Me sigo mirando en el espejo y después de un rato decido que ya es hora de empezar a hacer algo de ejercicio. Coloco las manos en la esterilla y todo mi peso recae en ellas. Flexiono mis brazos y subo. Repito lo mismo unas cuantas veces y después me tumbo en el suelo. Descanso un rato y prosigo. Esta vez me quedo tres minutos haciendo plancha y seguidamente me cuelgo en la puerta y comienzo a hacer dominadas. Flexiono los brazos y subo arriba. Hago unas cuantas repeticiones y bajo a picar algo. Doy varios pasos y me encuentro las escaleras. Bajo bastante rápido y me tropiezo.

—Mierda —susurro, intentando no armar escándalo.

Apoyo las manos en el suelo y me levanto dolorido. Un dolor brusco aparece en la parte baja de mi espalda y yo aprieto fuerte la zona para reducir el dolor.

El sonido del timbre rompe el silencio. Voy a mirar quién es, mientras mis manos siguen en mi espalda, presionando fuerte. Leah aparece en el umbral de la puerta mientras se toca el pelo.

—¡Qué grata sorpresa!—me acerco a ella y coloco una mano en su espalda, guiándola hasta el pasillo. Cierro la puerta y vuelvo a su lado—¿Qué estás haciendo aquí? No me has avisado.

—Te he llamado pero saltaba el contestador. He imaginado que tenías el móvil apagado y quería venir porque no tenía nada mejor que hacer.

Leah huele a vainilla con un toque de amapolas y me acerco a ella para olerla.

—Hueles muy…bien.

—Gracias, Liam—ella también se acerca más a mí y deja que le huela el cuello.

—No te quedes ahí, vamos a mi habitación.

Ella se aparta y se coloca a mi lado para seguirme. Los dos subimos la escalera y entramos en mi habitación. Leah se queda detrás mío para cerrar la puerta y así tener más intimidad.

—Siéntate en la cama, si quieres

—Muy amable, Sparks—ella me obedece y se sienta—¿Puedo tumbarme?

Yo asiento firmemente y ella levanta su pelo y lo pone encima de la almohada a la vez que se tumba.

—Creo que tenemos que hablar sobre lo que dije el otro día.

Llevaba bastante tiempo queriendo decírselo, hasta que lo suelto sin querer.

Leah me mira preocupada y se lleva la mano a la boca.

—Sobre…

—Sobre las cosas que dije cuando vine a tu casa para darte clases—interrumpo—Cuando dije que…

«Mi vida iba a mejorar estando cerca de ti, pero ya veo que me equivocaba»

—Da igual, sé que estabas cabreado conmigo—esta vez es ella la que me interrumpe y niega con la cabeza.

—«Mi vida iba a mejorar estando cerca de ti, pero ya veo que me equivocaba». Te acuerdas, ¿verdad? No sabes cuantas veces se ha repetido eso en mi cabeza, Leah. Soy un gilipollas, lo sé. Y también sé que no te merezco, pero soy tan egoísta que no puedo dejarte ir.

Leah se levanta y se queda sentada en la cama. Gira su cabeza a la izquierda para mirarme y nuestras miradas se encuentran.

Los dos nos quedamos callados y siento cómo el aire me va faltando con cada segundo que pasa.

Pienso dos veces si decir o no lo que estoy pensando, pero me armo de valor y lo digo.

—Creo que me estoy enamorando de ti, Leah.

Noto cómo las mariposas se posan en mi estómago y no lo abandonan.

—Liam, yo…

—Sé que no sientes lo mismo, Leah, pero necesitaba decirlo—vuelvo a interrumpirla y ella se levanta de la cama y se acerca a mí por detrás.

—No me has dejado terminar—se lleva el pelo detrás de la oreja y se acerca cada vez más a mí.

Nos quedamos mirándonos frente a frente. Su mirada baja a mi boca y sube de nuevo a mis ojos. Las ganas que tengo de besarla son cada vez más. Todo mi cuerpo pide que lo haga. Acerco mi cara hasta llegar a la altura de la suya y nuestras narices se rozan. Noto cómo mi pulso va aumentando con cada milisegundo que pasa. Ya no siento el roce de su nariz ni esa tensión que sentía. Decido dar el primer paso y la beso con pasión. Ella me devuelve el beso y se aparta.

—Liam

Coloco mi dedo en su boca y le beso la frente.

—No arruines el momento, por favor. No tienes ni idea de las veces que he soñado con este momento—confieso, con esos nervios que siguen sin abandonar mi vientre.

Mi mano busca la suya y la agarro con fuerza para que no me pueda soltar. Me dejo caer a la cama a la vez que ella y nos reímos.

—Ahora soy yo la que te tiene que decir algo, Liam—ella no me mira y eso me preocupa—Yo…—se queda callada y continúa cuando beso su mano para tranquilizarla—. Llevo mucho tiempo enamorada de ti, pero tenía miedo que eso afectara tu relación con Asher—dice finalmente.




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