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✩⋆☾ 𝐄𝐬𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐬𝐞𝐚 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨 ☾⋆✩
Asher
Necesitaba descansar un tiempo. No puedo seguir así. Cada vez que pienso en Leah y Liam me entran ganas de vomitar. No puedo ni imaginarme qué va a pasar cuando estén juntos. Tampoco quiero hacerlo, porque sé que solo así lo voy a pasar peor.
Mis manos recorren todo mi cuerpo y se posan en mi corazón. Puedo sentir cada latido. Acerco la cabeza para intentar escucharlos, pero no puedo. El sonido de mi respiración es lo único que consigo escuchar. Mi cabeza vuelve a pensar en todo lo que ha pasado estas últimas semanas. Mi hermano se ha disculpado por todo lo que hizo en el pasado, pero aún así sigue haciéndome daño. No quiero escucharlo más. Tampoco quiero escuchar su nombre. Ahora mismo solo me apetece darle otro puñetazo, pero esta vez en el corazón, para que sepa cuanto duele lo que le ha hecho a su propio hermano. Cuando le perdoné, jamás hubiera pensado que haría algo así. Debería de haberlo sabido. Suele ser bastante predecible, no sé cómo no lo vi venir.
Intento, otra vez más, pensar en otra cosa que no sea en mi estúpido hermano y Leah. Al final me doy por vencido y me doy cuenta de que no voy a ser capaz de hacerlo, por mucho que quiera. Siento que cada día que pasa es una nueva razón para largarme de este sitio y mandarlo todo a la mierda, pero hay algo que me retiene en este infierno. Leah. No puedo perderla. No estoy dispuesto a perderla.
Mi abuelo me hubiera echado de su casa si le dijera que me he rendido y que ya no puedo seguir aquí, con mi hermano y con…ella.
El sonido del móvil me lleva a la realidad y, sin darme cuenta, ya lo tengo en la mano.
Amber. Un mensaje de Amber.
𝓒𝓱𝓪𝓽 𝓭𝓮 𝓐𝓶𝓫𝓮𝓻
—¿Quieres ir por ahí a tomar algo?
—Dime sitio y hora.
—Ven a la playa a las cinco. Yo me encargo de todo.
—Allí estaré.
Algo dentro de mí ha decidido decir que sí. Lo que más me hace falta ahora es desconectar, incluso si eso significa ver a Amber.
¿Me cae bien? No, pero al menos puedo estar con alguien y no sentirme una mierda como todos estos días.
Abro el armario y decido lo que me voy a poner. En el fondo hay una camisa hawaiana y unos pantalones a juego, pero lo descarto rápidamente. Muevo las perchas, buscando un conjunto que me favorezca y me guste. Un polo blanco asoma por la parte inferior del armario. Lo primero que pienso es que no me la voy a poner, pero después me la pruebo y ese pensamiento desvanece de mi cabeza. Busco unos pantalones que queden bien con el polo. Para mi sorpresa, veo unos que quedan perfectamente. Unos pantalones negros vaqueros. Me subo la bragueta del pantalón y voy directo al espejo. ¿Este soy yo? Joder. Nunca me había vestido así. Me veo bastante bien, la verdad. Me acerco a la cama para coger el móvil. Las cuatro y media. Mierda. Como no salga ya, voy a llegar tarde.
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—Qué guapo estás. Pareces todo un caballero—se acerca despacio y sus labios rozan mi pelo.
—¿Qué vamos a hacer?—ignoro su piropo y la aparto.
—Mira lo que te he preparado—me guía hasta una especie de picnic que ha preparado y se sienta.
—Me has dejado sin palabras, y eso no es muy fácil—yo hago lo mismo que Amber y le lanzo un guiño.
—Me halaga, gracias.
No sé cómo ni porqué, pero me siento bien estando con Amber. El sonido que me transmite su voz me tranquiliza. Amber sujeta una fresa y la muerde por un lado. Me la da para que yo también le dé un mordisco y antes de que separe mis labios, ella me la quita y la suelta. Abre mi boca con sus dedos y vuelve a agarrarla. Yo mantengo mi boca abierta y ella me da de comer. Mis labios se manchan y ella los limpia con sus diminutos dedos.
—No tenías que hacerlo. El mar está allí—apunto al mar.
—Prefiero que no te levantes y te quedes a mi lado, por eso lo he hecho.
Mis mejillas se tiñen de un color rojizo e intento cubrirlas con mis manos, pero ella se da cuenta antes de que pueda intentarlo.
—No te avergüences. Estás hasta más mono así—una sonrisa pícara aparece en su ovalado rostro y se ríe.
—No me averguenzo, Amber Young—miento con descaro.
—Ah, ¿no? Yo creo que sí, Asher Sparks—coge otra cosa de su cesta, esta vez es un chocolate—. Pero no tienes razones para estarlo. No conmigo.
Amber parte la tableta en dos y me da la mitad.
—¿Me permites?
Ahora es mi turno de jugar con la misma moneda. Parto un trozo de la mitad de mi chocolate sin ninguna dificultad y ubico una mano en su faz. Su piel está tan suave como la de un bebé. La acaricio con los dedos y ella sonríe con malicia. Imito lo mismo que ella me hizo antes. Abro su boca y ella muerde el chocolate.
—Mmm… está bastante bueno—intenta hablar, pero no se le entiende, ya que tiene la boca llena.
Me tumbo y apoyo la cabeza en su pierna. Amber se queda callada, con una expresión seria. Nunca la había visto así. Siempre había sido una maleducada pero, sin embargo, hoy he descubierto facetas que jamás hubiera pensado que tenía. Esa parte que todavía le queda de humanidad ha aparecido hoy. Creo que cuando estamos juntos todo es diferente. No solo por ella, sino también por mí. Cuanto más me acerco a Amber, más peligro corro; de ser lastimado y de arrepentirme de todo, pero ahora mismo, más que nunca, necesito peligro en mi vida. Una parte de mí está dispuesto a entregarle esa parte de mí que a todos le gusta, pero la otra tiene mucho miedo de que ella me decepcione y no sea como ahora, tan serena y calmada, sin una pizca de rabia. Tenía claro que alguna vez iba a cambiar, que sería mejor persona. Creo que ese momento por fin ha llegado.
Leah
—Nos hemos besado, Grace—no puedo ocultar la emoción y comienzo a saltar.
—¡Estás de coña! ¡Leah no sabes cuánto me alegro por ti!—Grace se une a mí y me imita.
—Es hora de que tú también encuentres a tu hombre y podamos tener una cita doble—se me ilumina el rostro y le agarro la mano.