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ꜰᴇʟɪᴢ ᴄᴜᴍᴘʟᴇᴀÑᴏꜱ, ʟᴇᴀʜ
Liam
Toda esta sensación de culpa no me deja dormir. No quiero perder a Asher. Al fin y al cabo es mi hermano. Ya lo he perdido una vez, no quiero perderlo otra vez más. Estoy aterrado. Con solo pensar que mi propio hermano me odia, los pelos se me ponen de punta y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. No sé cuánto tiempo voy a aguantar sin hablarle. Sé que él no quiere hacerlo, pero yo sí. Evita verme y no me contesta a las llamadas. Por otra parte, no evito pensar que tiene novia. ¿Qué más le da que yo esté con Leah? Asher tiene a alguien con quién pasar el tiempo, ¿por qué no me deja a mí ser feliz? Soy egoísta, lo sé. Probablemente sea la persona más egoísta que alguien vaya a conocer, pero eso no quita el hecho de que tenga un gran corazón. He sido un auténtico capullo, pero le he dicho mil veces que quiero cambiar eso. Esa parte de mí ya no existe. Si él ha podido perdonarme una vez, supongo que también podrá hacerlo otra.
Me destapo un poco hasta que mi brazo sale para buscar el reloj. La mesilla de noche tambalea cuando pongo el brazo. Doy manotazos y tiro algo. Mierda. No me he acostumbrado a estar a oscuras todavía. Toco algo y pulso el botón de arriba. Una luz ilumina toda la habitación. Las tres y cuarto de la madrugada. Llevo varios días con insomnio y, debido a eso, tengo migrañas. El dolor se amplifica cada vez que doy un paso. No sé cómo puedo aguantar tanto despierto, hundido en mis pensamientos. Cierro una vez más mis ojos. Pasan los minutos, las horas, y sigo sin poder pegar ojo. No entiendo por qué, pero por alguna razón no puedo dormir, y cuando lo hago, tengo pesadillas.
Ayer solo dormí tres horas y soñé que Leah se convertía en vampiro y me mordía. Mientras me desangraba, ella se iba con Asher, agarrados de la mano. Me desperté tan rápido como pude y estaba agitado. Parecía muy real. Tengo miedo de que Leah no me quiera. De que, incluso después de todo lo que he hecho por ella, me diga que no quiere estar conmigo. Ahora mismo, todo lo que puedo sentir es miedo. Vivo con una sensación de miedo constante.
Me quedo un rato mirando la pantalla del móvil. Mis ojos se van cerrando poco a poco. Intento mantenerlos abiertos, pero ellos siguen insistiendo en cerrarse. Dejo caer el móvil y por fin me duermo.
Por la mañana…
Corre, corre, vas a llegar tarde, Liam.
Me visto antes de que eso pueda ocurrir. He dormido más que ayer, pero aún así sigo con dolores de cabeza. Creo que planean quedarse por una temporada.
Tengo que ir a comprar un regalo y la tienda cierra en menos de una hora. No tengo muy claro lo que voy a comprar, así que estoy jodido. No quiero ser básico. Todos compran un ramo de flores o una postal, pero yo quiero comprarle algo mejor. Algo que esté a la altura. Va a ser difícil porque Leah se merece el mundo entero, pero es una lástima porque no se lo puedo dar.
Estoy pensando en regalarle una carta y algo más, pero tengo ciertas dudas. Una vez mencionó que le encantaban las estrellas. Eso es. Las estrellas. Un collar de estrellas, un anillo, una pulsera… Hay millones de cosas con estrellas. Lleva varios anillos en sus manos, así que los descarto. Ya está. Lo tengo. Voy a regalarle un proyector de estrellas para que así, pueda verlas todas las noches sin tener que ir al mirador. Voy a hacerle una carta y a comprarle el proyector, el collar y unos bombones. Creo que le va a encantar. No le he felicitado todavía, pues quiero que sea sorpresa. Ahora mismo seguro que piensa que me he olvidado del día más importante del año pero, ¿cómo podría?
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—Disculpe, ¿dónde están los bombones?—pregunto a la dependienta.
—En el pasillo cuatro a la derecha.
Le agradezco y me translado hacia allí. Hay unos bombones de chocolate blanco y otros con leche. No me decido así que termino cogiendo los dos. Voy de nuevo a la caja y saco mi tarjeta para pagar todo.
—Aquí tiene su cambio.
—Muchas gracias. Que tenga un buen día.
—Igualmente, joven.
Camino hacia casa con las manos ocupadas. Ya tengo todo lo que quería comprarle. He pensado en invitarla a mi casa y decorar mi habitación. Encima de la cama estará una caja llena de bombones con una carta y a su lado, el collar y el proyector envueltos.
Llego a casa y lo preparo todo tal como lo había previsto. Le envío un mensaje cuando acabo y ella responde al segundo. Dice que está ocupada y que no puede venir. Yo insisto diciendo que es muy importante y que es cuestión de vida o muerte. Aunque obviamente es mentira, pero es que sino no va a venir. Ella acepta y dice que estará aquí dentro de diez minutos.
Decoro con pétalos la entrada y hago un camino hasta mi habitación. Ya está todo listo. Espero hasta que suena el timbre. Bajo y abro la puerta.
—Wow, Leah
—¿Qué es tan urgente?—me ignora.
—Nada. Sabía que no vendrías si no te hubiera dicho que era urgente.
—¡Liam, te voy a matar!—grita
—No lo harás después de que veas esto—señalo los pétalos y ella entra y sigue el camino.
Cuando llega a la puerta de mi habitación, gira el pomo y chilla de alegría.
—¡Te has acordado!—pega saltos por toda la habitación y toca los regalos.
—Cómo olvidarlo—carcajeo—. Es el día más importante del año.
—Es…increíble.
—Feliz cumpleaños, Leah.
Me abraza y después se sienta en la cama.
—¿Puedo abrirlos?
Le entrego uno y ella lo abre lo más rápido que puede. Al verlo, no puede parar de sonreír.
—Es precioso. ¿Me lo pones?
Tomo el collar y le retiro su pelo hacia atrás. Mis manos rozan su cuello. Engancho la cadena y se la ajusto.
Leah se mira en el espejo y lo toca.
— Me alegro que te haya gustado, pero todavía quedan más.
—No tenías por qué comprarme tanto.
Le doy el segundo regalo. Este contiene el proyector de estrellas que tanto le gusta.
—¡Tienes que estar bromeando! Dime que no estoy soñando.
—No lo estás, hermosa.
Me levanto para conectarlo y apago las luces. El techo está lleno de constelaciones y galaxias. Los planetas son diminutos, pero se pueden distinguir con facilidad.
Leah señala al techo y dice:
—Ese es saturno.
Yo le dedico una de mis sonrisas y le digo que todavía le queda otra cosa, aunque es un detalle.
—Te has pasado, Liam—queja.
—Esto no es nada comparado con lo que te quería comprar.
Le doy la caja. Está decorada con unas fotos nuestras y ella las toca.
—Aquí salgo fatal.
—Tú nunca sales mal, Leah. Ábrela, venga.
Obedece. Los bombones y la carta quedan descubiertos y ella vuelve a saltar.
—¡Son mis favoritos! Gracias, Liam.
—Todavía queda algo más.
Leah saca la carta del sobre blanco. Su nombre está escrito por delante y ella la abre.
Querida, Leah