18
✩₊˚.⋆☾⋆⁺✧ Amber, ¿estás ahí?✧⁺⋆☾⋆₊˚✩
Asher
Los días se sienten pesados, agotadores. Tengo la sensación de que cuando por fin estoy empezando a conectar con alguien, pasa algo malo y me destroza. Cuando soy feliz o, por lo menos, estoy empezando a serlo, algo se interpone en mi camino y vuelvo a recaer.
No sé si quieren que con esto sea más fuerte, pero estoy siendo todo lo contrario. No puedo seguir perdiendo a más gente. Ya no me queda a nadie. Estoy enfadado con mi hermano y tanto él como yo, no nos hablamos. He perdido el contacto con Leah por mis estupideces y las de Amber y, si por lo menos estuviera Jacob, podría hablar con él para sentirme cerca de Leah, aunque nos odiábamos a muerte. Todo sería más fácil si desapareciera, pero no me voy a rendir. No puedo hacerlo. Todavía me quedan muchas cosas que quiero hacer antes de morir, así que voy a ser fuerte.
Pasaron varios días desde que fui a la comisaría a denunciar la llamada. No me habían dicho nada hasta ahora, que tenía un mensaje de ellos.
Agente Watson
—Hemos encontrado de dónde venía la llamada.
—¿De dónde venía?
—Santa Mónica. ¿Sabes qué puede estar haciendo allí?
—No tengo ni idea. Nunca me mencionó que se iba a ir a Santa Mónica. Me parece raro que se haya ido allí.
—Seguiremos investigando, joven. Cualquier cosa que vea sospechosa o que quiera contarnos sobre el caso, avísenos.
—Muchas gracias, agente.
No tengo muy claro que sea ella. Estoy casi convencido de que Amber nunca mencionó ir allí. Además, en Santa Mónica no tiene a nadie. Es más, solo me tiene a mí, ¿por qué irse? Necesito un café para despejar la mente. El bar que hace esquina con mi casa está abierto. Me pongo lo primero que veo en el armario y camino hasta allí.
El bar está lleno de plantas. Hay varias estanterías con libros dentro y bastantes pósters. Me siento en una mesa que está fuera del local y pido un café. Le doy vueltas a la cabeza. Tengo que disculparme con Liam. En realidad todo esto ha sido mi culpa y, si no me disculpo yo, nadie lo hará. No puedo enfadarme por que él esté con Leah. No es mi problema ni tampoco mi relación. Aunque, bueno, no sé si están realmente juntos. Es una especulación, pero intuyo que sí lo están. Cuando ella apareció en casa, por un instante pensé que quería hacer las paces conmigo, pero en realidad solo estaba buscando a mi hermano, por eso me cabreé tanto aquella noche.
Creía que por fin me iba a perdonar, pero supongo que es bastante tarde para eso. Los dos sabemos muy bien que nos hemos hecho demasiado daño, así que aunque hubiésemos hecho las paces, ahora mismo volveríamos a estar peleados, seguro.
Creo que ya va siendo hora de pasar página y dejar a Leah atrás.
Leah
El día de mi cumpleaños recibí un paquete. Al principio pensaba que era de Liam, pero él no lo mencionó cuando fui a su casa, y tampoco me escribió un mensaje preguntándome si me había llegado algo. No lo he abierto todavía porque estaba asustada. No había ni siquiera una simple nota con el nombre, solo estaba mi dirección apuntada. Me siento en la silla y dejo el paquete en la mesa. Lo observo más de cerca y sigo sin ver nada especial ni característico. No se puede destacar nada del envoltorio, así que voy a tener que abrirlo para ver si hay algo que me dé una pista de quién me lo ha mandado. Abro el segundo cajón del mueble y cojo el cúter, el cual utilizo para abrir la caja.
Al destrozarla, un trozo de papel y unos pendientes dorados de corazón quedan al descubierto dentro de esta. Leo la nota.
Feliz cumpleaños, Leah. Siento no poder estar a tu lado en este día tan especial.
No tiene nombre, ni siquiera una simple inicial. Me miro al espejo y me quito mis pendientes de aros para ponerme los que me habían regalado. Son preciosos. Brillan a la luz del sol. No sé quién habrá sido, pero tiene muy buen gusto.
Tocan la puerta de mi habitación y giro la silla mientras me acerco a la puerta. La abro y Grace entra.
—¿Quieres ir a darte un chapuzón?—pregunta nada más entrar.
—No estaría mal. ¿Vamos a la playa?
—Me encantaría.
Abre mi armario en busca de ropa para ponerse y me mira. Después, comenta:
—Me encantan tus pendientes, chica. ¿Dónde te los has comprado?
—En realidad me los han… regalado.
Su mirada vuelve al armario y toca todas las camisetas de manga corta.
—Déjame adivinar. ¿Liam?
—No tengo ni idea, pero él no ha debido de ser.
Grace hizo un sonido pensativo y dejó escapar una sonrisa.
—¿Tienes a otro chico misterioso? Debo admitir que tengo un poco de envidia.
—Me ha dejado una nota—me acerco a la mesa para cogerla y se la enseño.
—«Feliz cumpleaños, Leah. Siento no poder estar a tu lado en este día tan especial». Qué bonito, Leah. El que quiera que sea debe de estar comiendo de la palma de tu mano, chica.
—Ni siquiera sé si lo conozco. A lo mejor es alguien de mi familia—suspiro, con la mirada fija en la pared.
Tengo claro que no ha sido alguien de mi familia. Solíamos estar unidos, pero ya no nos vemos ni siquiera una vez al año. La última vez que vi a mi tía fue hace seis y sinceramente no me importa. No nos relacionábamos, pues tampoco quería porque no me caía muy bien—. Dejemos de pensar en chicos y vamos a la playa.
—Me parece bien.
✮
—No sabes cuanto te voy a echar de menos, Grace—digo en un hilo de voz, sin siquiera mirarla.
—Me voy en una semana. Todavía tenemos tiempo para hacer cosas juntas—me toca la cara y me aparta el pelo para verla mejor.
—No voy a poder vivir aquí sin ti—la ignoro.
—Eso no es verdad, claro que vas a poder—finje una sonrisa.
—No sabes lo agradecida que le estoy a la vida por ponerte en mi camino.
—Y tu no tienes ni idea de lo mucho que te quiero.