Alineando las estrellas

19. Todo lo que no te pude decir

19

Todo lo que no te pude decir

Hace cinco años…

Leah

—Mamá, ¿puedo ir a casa de Grace?—retuerzo mis dedos. Los nervios me están consumiendo.

Ella frunce el ceño. Yo ya tenía clara su respuesta desde el principio, pero aún así tenía que intentarlo.
—Mañana tienes un examen y vas a quedarte en casa estudiando—niega ella, rodando los ojos.

—Ya me lo sé todo—aclaro.

Si mi madre ya estaba seria antes, ahora todavía más.

—Te vas a quedar aquí estudiando, me da exactamente igual que ya te lo sepas todo.

—Siempre igual—maldigo en voz baja.

Me voy, dándole la espalda a mi madre. Subo a mi habitación para fingir que estudio. Ambas sabemos que no lo voy a hacer. Estoy harta de mi madre. Ojalá me vaya ya de esta casa. No soy la única a la que le regaña o le exige demasiado, a mi padre le pasa lo mismo. Ella me ha hecho perder la poca confianza que tenía en mí. Me ha hecho darme cuenta de que, en realidad, no soy nada. De que, por mucho que me esfuerce, mi futuro va a ser una mierda y no voy a llegar a tener el mismo éxito que los demás. Desde que tengo conciencia siempre se ha metido conmigo y me ha exigido demasiado. No se da cuenta del daño que me han llegado a hacer sus palabras.

Mis padres llevan peleados desde la semana pasada. Los gritos se escuchaban desde mi habitación.

«¡Que te calles!». «¡Aquí se hace lo que yo diga, y punto». Lo peor de las peleas es que yo siempre estoy involucrada. Siempre me echan la culpa a mí, cuando yo solo intento ser una buena persona.

Cuando recibo el mínimo afecto, me siento mal por quejarme de ellos.

Pueden parecer las mejores personas que jamás vayas a conocer, pero realmente no son así.

Yo solo quiero que todo esto acabe.

Hace cuatro años…

Leah

—¿Mamá? Quédate conmigo, por favor.

Verla así me parte el corazón. No puedo pensar en el hecho de poder perderla. Está en una situación muy crítica. Tendría que haberlo sabido. Instantes antes de que le diera un infarto, me dijo que tenía un dolor en el pecho y muchas ganas de vomitar. No le presté mucha atención en su momento, aunque me preocupé un poco. Ahora me siento como una mierda por no haberlo intuido antes.

—Siento haberme quejado de ti, te juro que no lo volveré a hacer.

El corazón me palpita demasiado rápido. Cada vez me cuesta más respirar, pues se me hace muy pesado

—No me dejes, mamá.

No puedo seguir siendo fuerte, así que las lágrimas empiezan a caer. Papá no está con ella. Se ha quedado en casa. Ya no están juntos, pero eso no significa que no puedan verse ni preocuparse el uno por el otro. Aunque no le importe mamá, yo sí le importo, así que debería de tener más empatía y venir para ver cómo estoy yo.

—No sé vivir sin ti—confieso, en un hilo de voz y con un enorme nudo en la garganta—. Mamá, por favor, despierta.

Hace tres años…

He estado toda la mañana llorando, intentando elegir el vestido que me voy a poner para su funeral. Aún no puedo creer que ya no esté aquí. Ni siquiera sé si papá va a venir. Nos hemos distanciado desde que mamá falleció por aquel estúpido infarto. He desperdiciado demasiado tiempo quejándome de sus comportamientos y ni siquiera he pasado suficiente tiempo con ella. Todos los días desde el incidente, me he estado culpando por lo que pasó. Nunca voy a poder decirle lo mucho que lo siento por no haber estado a la altura de ser la hija que ella quería que fuera, lo mucho que me he quejado de ella cuando ni siquiera se lo merecía, todo el tiempo que he estado encerrada en mi habitación, y todas las veces que me enfadé con ella sin ningún motivo.

Ojalá estuviera aquí para que pudiera ver todo lo que he progresado desde que ya no está aquí. Tampoco ha sido mucho. Es más, hay más cosas malas que buenas. Papá no me habla. Ni siquiera vino al hospital para verme. Creo que merezco una vida mejor.

Actualidad

—No puedo creer que te tengas que ir hoy, Grace.

Solo yo sé lo mucho que me va a doler ver su habitación vacía. Me voy a sentir muy sola cuando ella ya no esté aquí.

—Supongo que todo llega a su fin.

Me escondo detrás del armario para que no pueda ver la tristeza que se refleja en mis ojos.

No dura mucho, ya que ella tira de mi brazo y me da un largo abrazo.

—Que me vaya no significa que no te llamaré todos los días, tonta—me da una palmadita en la espalda—. Sabes perfectamente que no me quiero ir pero tengo que…

—No sigas—la detengo.

Me empieza a doler el estómago con solo pensarlo. Todos estos años lo he pasado fatal por un único motivo: mis padres.

—Sé lo complicado que ha sido para ti verlos a ellos divorciarse, y no creas que para mí lo es, pero tengo que mostrar que soy fuerte, Leah.

—Lo sé, Grace. Aunque mi madre está…

Muerta. Está muerta. No puedo terminar la frase ya que ahora es ella la que me interrumpe.

—Lo siento, Leah. ¿Quieres hablarlo mientras preparamos la maleta?
—No estoy segura de…

—Venga, chica—vuelve a interrumpirme—. No te voy a obligar, pero sé lo mucho que estás deseando hablar de ella.

Abro la maleta mientras le cuento todo sobre mi madre.

Doblamos una a una todas las prendas de ropa que había en la cama.

—Mi madre era… complicada. Más de lo que puedes llegar a imaginar.

Doblo un pantalón vaquero gris y lo meto en la maleta.

—Te estoy escuchando, sigue.

Hablamos durante horas hasta que terminamos de meter todo lo necesario en las mochilas y equipajes.

—Vamos al aeropuerto.

—Ese es mi vuelo—señala con la mano.

—¡Vas a perderlo, Grace!

Me preocupa que no haya salido ya corriendo, ¿a qué está esperando?

—Lo sé, pero hay algo más importante, así que puede esperar.

—¿Qué hay más importante que eso?—comento agitada.
—Despedirme de ti.

—Anda ya, Grace. Tienes que ir…




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