Alineando las estrellas

22. Veintidós perdones

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✩₊˚.⋆☾⋆✧ Veintidós perdones ✧⋆☾⋆₊˚✩

Asher

El silencio se apoderó de la habitación. Las cortinas vuelan con el aire que entra por la ventana. Las sillas de madera crujen. Los pájaros cantan.

Los tres nos encontrábamos en la misma sala, solo que dos de ellos ya estaban hablando. Liam y Leah pasan todos los días fuera, disfrutando de su compañía, pero siempre se olvidan de que yo también estoy aquí.

—¿Verdad o reto?—suelto sin venir a cuento.

Todos se quedan sorprendidos cuando miro a Liam, desafiándole. Apago la televisión, ya que nadie le está dando importancia. Leah se acerca a mí con un paso lento pero firme. Ninguno entiende por qué he dicho eso, pero no les parece mal la idea.

—Verdad.

Me sorprendo al escuchar a Liam responder.

—¿Cuándo te empezaste a enamorar de Leah?
Liam gira su cabeza hasta encontrar su mirada. Después, estrecha una leve sonrisa.

—Desde el día en el que la vi. Tenía esa hermosa sonrisa, llena de perlas, y esos ojos que son capaces de llenar todo un pueblo. Sus manos, idóneas de hacerte alucinar. Su voz… tan única como ella.

Nunca lo había visto tan enamorado. Leah se queda parada y no sale ni una palabra de su boca, solo una tímida sonrisa.

— Me ha quedado claro que estás demasiado enamorado, Liam. Estoy feliz por vosotros.

Los dos me dan un cálido abrazo, el cual parece no terminar nunca. Cuando los dos se separan de mí, se dan la mano y la aprietan con fuerza.

—Tu turno—anuncia Leah—. ¿Verdad o reto?
—Reto.

—Te reto a llamar a Amber y confesar cómo te sientes cuando estás con ella.

Esto no puede ser verdad. No me puedo creer lo que me acaba de decir. Es imposible. No puedo hacerlo.

No me gusta Amber. No somos nada.

—Creo que no es… buena idea.

—Venga, Ash. ¿Por qué no quieres? Es tu novia, no creo que pase nada.

Leah me pasa el teléfono y me niego, pero ella sigue insistiendo.

El pulso me va a doscientos por hora. Casi no puedo sentir mis manos. El móvil se me va a caer porque no paro de temblar.

Voy a abrir la aplicación para llamarla, cuando Liam me interrumpe.

—Leah—pronuncia Liam—. No puede hacerlo. Es complicado. Rétale a otra cosa—suplica.

Le lanzo una mirada de agradecimiento a Liam. Por primera vez en su vida, él es que salva a alguien en lugar de mí.

—Perdón, Asher no quería ser insistente.

—No te preocupes.

Sigo con el corazón en un puño, a pesar de que ya ha pasado todo.

—Vamos a hacer otra cosa—propone Liam, metiendo las manos en el bolsillo trasero del pantalón—. ¿Queréis ir a la fiesta de esta noche?

—Mañana tenemos que ir a la uni—interviene Leah.

—Otro día, ¿vale? Ahora estoy cansado—miento descaradamente.

Leah no sabe que, en realidad, odio a Amber. Quiero que se dé cuenta, pero no es capaz de hacerlo. Voy a mi habitación cuando me despido de los dos. La llamo para ver si esta vez contesta.

—¿Asher?

Amber suena desde el otro lado de la línea. No puede ser verdad.

—¿Dónde estás, Amber?

—Estoy en Hollywood.

El tono de su voz indica que no dice la verdad.

Lo sé porque cada vez que miente habla de esa manera. Actúo como si no fuera consciente de la trola que acaba de soltar.

—¿Qué estás haciendo allí?
—Tenía que desconectar.

—Podrías haberme llamado, ¿no? Estaba preocupado por ti. Parecía un capullo.

—¿Significa eso que te estás enamorando?
—Quizás me estaba empezando a enamorar antes de que te fueras, pero ya no queda nada, solo odio. Ese ha sido mi mayor error; enamorarme de ti.
—Lo siento yo…

—No me creo tus disculpas. Nunca sientes nada de lo que haces, Amber. Estoy harto de aguantar todas tus mierdas.

—Cuando descubras lo que he hecho, sí que vas a estar harto. Y, si ahora me odias, ya verás después. Prepárate, Asher. No tienes ni idea de lo que se te viene encima.

Leah

—Ahora que me doy cuenta, no sé mucho de ti, Liam.

La cama es más cómoda cuando estoy junto a él. Sus manos rozan mi rostro. Me quita el pequeño mechón de pelo que estaba junto a mi nariz y lo lleva hasta detrás de mi oreja.

—Dime qué quieres saber, pequeña.

—No sé ni cuál es tu color favorito.

—El negro.

—¿Cómo el color de tu pelo?

—Algo así, preciosa.

Su mirada se clava en la mía. Me gustan demasiado esos ojos color miel. Son casi iguales que los de Ash.

—¿Puedo preguntarte algo?—Liam me abraza por la espalda y planta un beso cálido en ella.
—Acabas de hacerlo—reacciono de inmediato y me doy la vuelta para besarlo—. Claro que puedes, guapo.

—¿Qué sentiste la primera vez que me viste?

—Sentía nervios. Tengo que admitir que no me causaste una buena impresión, y menos cuando descubrí que tu hermano es Asher. Por otra parte pensé: qué chico tan sexy.

—¿Crees que soy sexy?

—Eres mucho más que eso, Liam. Eres el amor que algún día soñé con tener.

No espero recibir las mismas palabras de parte de Liam. Lo conozco bien y sé perfectamente que no le gusta expresar sus sentimientos. Lo entiendo, a mí me pasaba lo mismo. Solo asiente y sonríe.

—Le he comprado algo a la mejor novia del mundo.

—¿Eso crees que soy? Que halago, Sparks.

Liam abandona la cama entre risas y se agacha para coger una caja.

Me la entrega y me siento en la cama. Cuando la abro, no puedo creer lo que ven mis ojos.

—¡Un micrófono! Liam cómo sabes que…

—Eso solo lo sabemos una persona y yo. Es nuestro pequeño secreto.

—No sé qué decir.

—No tienes que decir nada, preciosa. Necesito que hagas una cosa por mí que sé que no te va a gustar.

—Lo que sea por ti.

—Quiero que cantes algo.

Llevo años practicando y todavía no me atrevo a dar ese paso. Tengo miedo de desafinar o de que me salga algún gallo al cantar, y todos se rían de mí.




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