Alineando las estrellas

23. Te quiero

23

Te quiero

Leah

Se me han pegado las sábanas. Son las diez de la mañana y ya no llego a clase. El problema de estar con Liam es que nos pasamos la noche hablando y al día siguiente estoy cansada.

—Te he preparado el desayuno, preciosa.

—¿De dónde has sacado lo de preciosa?—le ignoro, dándome la vuelta para ver su rostro.

—¿No te gusta?

—No. Me encanta. Aunque creo que el guapo de la relación eres tú.

—Hace unos años me hubiera reído y te hubiera dado la razón, pero, ¿ahora? Estás equivocada, señorita Collins. Muy equivocada.

—Pareces mi profesor de biología, señor Sparks.

—Seguro que él no puede hacer esto—deja el desayuno en la mesilla de noche y se acerca a mí. Me aparta el pelo de la cara y me da un suave beso en la oreja.

—Gracias por el desayuno, Sparks. No tenías por qué hacerlo.

—Bueno, hoy estoy contento porque estoy cerca tuya, así que he querido prepararlo. No te acostumbres a esto, Collins.

—No te preocupes, Sparks. Todo está controlado.

Asher

—Cada vez sospecho más de Amber, Liam.

—¿Qué estás diciendo, hermanito?

No me atrevo a contarle lo que me dijo en la llamada. No soy capaz. Temo hacerlo porque soy consciente de que algo malo puede pasar, y no quiero que nada se desmorone cuando, por fin, todo está bien.

—Simplemente quiero que lo sepas. Es una intuición mía, y sabes que nunca fallan.

—Vale, hermanito. Habrá que hacerte caso entonces.

No lo veo muy convencido, pero lo dejo pasar.

Liam echa su pelo hacia atrás y lo despeina.

—Mañana tienes que ir al campus, yo que tú descansaría.

—Gracias por la observación, no me había dado cuenta—ironizo, mirando directamente al móvil para ver la hora.

Subo a mi habitación para intentar dormir. Últimamente tengo pesadillas, y en todas y cada una de ellas sale Amber. No sé si el universo me está mandando señales o qué, pero lo que me dijo se repite constantemente en mi cabeza.

Hace tiempo que no veo a Leah. Siempre está con Liam y no puedo ni verla, prácticamente. No porque él no quiera que la vea, sino porque pienso que todo va a ser incómodo estando los tres juntos. La última vez lo pasamos bien, pero me sentía un poco excluido, y sé que no es culpa de ellos. Tengo que dejar de pensar en ella, olvidarla. Este año me he propuesto esto, además de cientos de cosas más.

Cojo mi móvil solo para escuchar su voz una vez. Siempre que la llamo, salta el contestador.

—Hola, soy Leah. Escríbeme si es urgente. Si todavía no me has escrito, deja tu mensaje cuando suene la señal.

Siempre hago lo mismo, a la misma hora. Espero todo el día para poder llamarla. Es evidente que no va a estar despierta a las cuatro de la mañana. Lo raro es que, esta vez, me llega un mensaje.

“¿Estás despierto?”. Abro el mensaje tan rápido como lo leo.

Leah

—Sí, estoy despierto.

—¿Tienes insomnio?

—Tengo la costumbre de dormirme tarde. ¿Y tú?

—Me he quedado hasta tarde hablando con tu hermano.

Ya sé por dónde van los tiros. Siempre que la veo en clase, tiene unas ojeras que le llegan hasta las mejillas. No le suelo dar mucha importancia, tampoco es de mi incumbencia.

—¿Dónde está ahora él?
—Al lado de mí ;)

Lo suponía. Una noche llamé a su habitación pero ni rastro de él. Pensaba que estaba fuera e iba a volver tarde, pero supongo que creía mal.

—¿Por qué me has llamado?

Escribo lo primero que se me ocurre

—Le he dado por error mientras leía mensajes antiguos.

—Creía que era de las pocas personas que hacía eso.

—Pues al parecer no.

No pensé que jamás iba a decir lo que estoy apunto de escribir, pero esta conversación no va a ningún lado y tampoco tengo ganas de dormir.

— ¿Qué tal te va con mi hermano?
—Bastante bien. Me trata como a una princesa. Es todo un caballero.

—No me esperaba menos.

—¿Y tú con Amber? Ya no la veo en clase.

Necesito inventar otra mentira para salir de esta.

—Estamos bien también. Se ha ido a Santa Mónica, por eso no la ves.

Tarda unos minutos en contestar.

—Ah, vale, vale. Creo que me voy a dormir ya. Mañana tengo que estudiar. Va a ser un día largo.

—Y tanto. Buenas noches, Leah.

—Buenas noches, Asher.

Apago el móvil y lo vuelvo a dejar en la mesilla de noche. Me duelen los ojos por la luz del móvil. Los cierro e intento dormirme, lo que me acaba resultando casi imposible. Al cabo de un rato, consigo descansar, pero no por mucho tiempo, ya que me despierto demasiado pronto.

—Puedes explicarme la página doscientos diecisiete del libro, por favor.

James, mi compañero de mesa, me ayuda en demasiadas cosas, al igual que yo. No somos amigos, pero nos ayudamos siempre que podemos. Yo le enseño biología, y él a mí economía. A veces, incluso quedamos para repasar el temario y tomar apuntes juntos.

—Claro. Mira esto dice que…

La clase se pasa demasiado lento, pero, cuando el timbre suena, todos salen por la puerta como toros.

Yo me lo tomo con calma. Voy a ver a Leah y estoy feliz.

Me la encuentro en el pasillo, haciendo cola para ir al servicio.

—Leah quería preguntarte si te apetece ir hoy a jugar al billar.

—Como te dije ayer, tengo que estudiar, pero si quieres mañana estoy disponible. Podemos ir con Liam si quieres—me dedica una de sus sonrisas y se aparta el mechón de pelo.

—Me parece bien.

En realidad solo quería estar con ella. No solemos pasar tiempo juntos desde que ellos dos…salen.

No quiero perder a Leah. No de nuevo. No voy a permitir que eso pase.

—¿Vamos a merendar?
Ella solo asiente y me sigue. Nos sentamos en un banco que está libre.

—¿Quieres un poco? No tengo hambre—señala su bocata.

—Tienes que comer, Leah.

—Pero ya te he dicho que no…

—Leah—pronuncio su nombre.




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