Alineando las estrellas

25. Una chica nueva

25

✩₊˚.⋆☾⋆✧ Una chica nueva ✧⋆☾⋆₊˚✩

Asher

Me siento perdido. No tengo con quién expresar mis sentimientos o emociones.

—¡Asher! ¡Abre la puerta!

Un grito me sobresalta. Aporrean la puerta repetidas veces de manera exagerada. Me levanto de la mesa y dejo el plato de comida donde estaba.

—¡Ya voy!—grito de vuelta.

Leah está ahí parada, con su chaqueta vaquera y una mirada fulminante. Me mira de arriba a abajo, analizando cada parte de mi cuerpo antes de hablar.

—Sé lo vuestro, Ash.

—¿De qué estás hablando?
—Lo tuyo con Amber. No es de verdad, es todo una farsa.

He querido que llegase este momento desde que todo empezó, pero ahora no soy capaz de encontrar las palabras correctas. No sé si es esa inseguridad que siento cada vez que hablo con alguien, o esa mirada que me pone tan nervioso tal y como el primer día en el que la vi.

—¿Cómo lo…?

Antes de que pueda terminar, Leah se avalancha sobre mí.

—No tenías que protegerme, de verdad. Todo esto ha sido culpa mía.

—Joder, Leah, eso no es verdad. Si lo he hecho ha sido porque he querido. Tú no has tenido nada que ver. No has hecho nada.

Se retira de mis brazos y se sienta en el sofá, cruzando las piernas.

El color morado que se encuentra debajo de sus ojos, dice que no ha dormido demasiado estos últimos días.

Mi rostro se tiñe de miedo. Miedo porque me da la sensación de que ella se recrimina todas las noches por la muerte de Jacob.

—Solo con aparecer en tu vida he hecho más que suficiente. Te he causado demasiado daño, Ash. Admítelo.

Me siento al lado de ella y le doy la mano. Necesita saber que estoy con ella pase lo que pase. Quiero darle su espacio, pero no puedo hacerlo, porque en este preciso momento, nadie lo necesita.

—No voy a hacerlo porque no es verdad.

Sus sollozos se fueron haciendo más fuertes, hasta que finalmente rompió a llorar sin poder parar.

—No quiero que llores, Leah. Me duele verte así —al verla rota por dentro, hago una breve pausa para después añadir:—. No es tu culpa, te lo juro. Tienes que dejar de hacer eso. Siempre que pasa algo te echas toda la culpa, y no puedo permitir que lo hagas. Y, si piensas que has hecho mal en aparecer en mi vida, estás equivocada. No tienes ni idea de cuánto he querido que una persona como tú esté conmigo, a mi lado, apoyándome—me quedo en silencio, intentando buscar las palabras correctas, mientras le ofrezco un pañuelo para limpiarse las lágrimas. El rímel se le ha corrido y tiene toda la cara llena de él—. Prométeme que no te vas a culpar por nada de esto. Si lo he hecho es por mi culpa. Y, en caso de que te lo preguntes, sí, lo he hecho porque te quería, Leah, y lo hubiera seguido eligiendo en esta y en mil vidas más. Me has salvado solo con tu presencia.

—No digas eso—se le rompe la voz.

—Vamos a hacer algo para que despejes la mente—la ignoro—. Dime, ¿qué te apetece hacer?

Leah evita a toda costa mi mirada. Prevalece ese silencio, que deja de ser incómodo cuando estamos nosotros solos.
—Quiero que me contestes a una pregunta. Solo una.

Asiento, algo desconfiado.

Saca una caja. Pero no una cualquiera, una que me resulta familiar.

—¿Es tuya?
—No, ¿por qué? ¿No sabes de quién es?

—Me la dieron en mi cumpleaños. Liam no ha sido, así que supuse que fuiste tú. No he querido preguntártelo en todo este tiempo porque no me nacía decirlo.

—No me suena de nada, lo siento.

Odio mentirle. Esa caja sí que se la he regalado yo. No tengo ni idea de por qué lo he hecho. Algo me decía que era lo mejor. Vuelvo la vista hacia ella. Tiene el semblante sombrío, al contrario que el mío.

—Gracias por ser sincero.

No sé cómo, pero me contengo las ganas que tengo de llorar. No puedo dejar que vea que le he mentido.

—Liam debe de estar al caer.

—Ash—me llama—. Vas a encontar a alguien que te haga feliz, y si no lo haces, nos tienes a tu hermano y a mí. No dudes en llamarme cuando lo necesites, incluso si es una tontería.

—Ayer no encontraba mi calcetín—bromeo, para quitar la tensión que nos invade.

—Podrías haberme llamado.

—¿Para eso?

—Para lo que sea.

—Leah—cuando me aseguro de que me mira, le digo:—. Te lo agradezco.

—Para eso estamos.

—Quiero presentaros a una nueva estudiante.

¿Estamos a unos pocos meses de acabar el curso y ahora viene alguien nuevo?

—Soy Emma Miller y vengo de Toronto. Me he mudado aquí por mis padres. Les pilla más cerca para visitar a mi familia.

—Gracias, Emma. Ya te puedes sentar.

Leah me lanza unas miradas. Con los labios gesticula un “es muy sexy”. Yo no niego, simplemente me rio.

—Ahí hay un hueco—comenta Leah en voz alta, señalando el sitio que se encuentra al lado de mi pupitre.

Vuelvo a mirar a Leah, frunciendo el ceño.

La chica nueva deja sus cosas en el suelo y abre la mochila.

—¿Me prestas algo para escribir, por favor?
Asiento sin mirarla, algo tímido. Vuelvo a mirar a Leah.

Consigo descifrar lo que dice después de varios intentos. “Dile algo, tonto”.

—¿Es tu novia?—suelta ella.

—¿Qué? No, solo somos amigos.

—Lo parecéis. Pegais demasiado.

—Está saliendo con mi hermano.

—Suena a drama.

—No tienes ni idea.

Por lo poco que hemos hablado, deduzco que es amable. Es bastante sociable. Mucho más que yo.

—Por cierto, ¿cómo te llamas?
—Asher.

—Y tu apellido es…

—Sparks.

—No seas tan seco, Asher. Dale un poco de vida a esta conversación.

—Perdón, estoy intentando atender.

Ya que Avery se esfuerza tanto en que aprendamos, por lo menos voy a poner un poco de interés, qué menos.

—Hablamos en el recreo con tu novia secreta, entonces.




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