Alineando las estrellas

26. Flores marchitadas

26

✩₊˚.⋆☾⋆✧ Flores marchitadas ✧⋆☾⋆₊˚✩

Leah

En el fondo, Emma parece una buena chica. A Asher no le vendría mal tener compañía estos días.

Liam y yo estamos preocupados por él. Después de la “ruptura” con Amber, noté que estaba algo decaído, como aquella noche cuando su padre falleció. También note que, cuando alguien mencionaba el tema, él se metía en su pequeña burbuja de cristal, la cual, si la tocas, te puede hacer abundante daño.

Cuando mamá murió, todo fue de mal en peor. Vi cómo mi mundo se venía abajo en cuestión de segundos, sin poder hacer nada. Papá no le dio mucha importancia, ya que, en ese momento, estaban peleados.

—Preciosa—su voz hace que se me tensen todos mis músculos. Verlo al lado mío, sin poder explicarle lo que estoy sintiendo estos días por miedo a que se vaya de mi lado, me rompe el corazón en mil pedazos—. ¿Estás bien?

Liam siempre nota cuando algo no va bien. Mi rostro deja que todos vean cómo estoy y, prácticamente, hasta lo que siento. Por eso, cuando miento, todos saben que le estoy contando algo que, probablemente nunca llegó a suceder.

—No, Liam, no lo estoy.

No voy a negar la realidad. De todas formas se habría dado cuenta y, estoy casi al cien por ciento convencida de que me hubiera obligado a contarle lo que me pasa.

—Ven aquí, pequeña—se acerca a mí y me sienta en su regazo.

Liam tiene esa virtud de hacer que todos se sientan bien cuando están con él. Yo me siento así cada vez que le miro.

—Sabes que siempre me puedes contar todo lo que se te pase por esa cabecita, ¿no?

Y tanto que lo sé, pero no soy capaz de ordenar mis sentimientos. Tengo la cabeza hecha un caos, como de costumbre. Cuando estoy con él, nada duele pero duele todo a la vez. No porque Liam me haga daño, sino porque nadie me puede arreglar. Estoy destrozada.

Soy como esa taza que tanto te gustaba y, al final, se acabó rompiendo. Intentas pegar todos los pedazos de cerámica en su sitio, y lo consigues, pero con el tiempo se va deteriorando. Hasta que finalmente, se vuelve a romper. Y esta vez es peor, porque se rompe en más pedazos.

Al ver que mis párpados están mojados por mis lágrimas, Liam vuelve a repetirme lo mismo de siempre.

—Estoy aquí, Leah. Odio verte así, tan vulnerable, tan frágil.

—No soy lo suficientemente buena para ti, Liam.

Su cara se descompone. Deja de clavar su mirada en mí. Sus manos ya no intentan buscar las mías. Se apaga en cuestión de segundos.

—No vuelvas a repetir eso en tu vida, Leah Collins. Te he estado buscando toda mi vida—se le rompe la voz conforme va hablando—. No puedes irte ahora. No puedes dejarme.

Sus palabras me rompen aún más. Mi cuerpo tiembla más que nunca.

—No me voy a ir, Liam.

Intenta relajarse, pero los nervios le juegan una mala pasada. No tengo ni idea de cómo en tan pocos meses he conseguido perder mi brillo interior, ese que me hacía sentir más viva, más… yo.

No sé si contándole lo que me pasa, mi estado de ánimo va a mejorar, algo poco probable. Pero, al menos, me voy a desahogar.

—Estoy pensando en Asher y en…mi madre. Ha conocido a una chica, ¿sabes? Creo que podría ser una buena oportunidad para que se enamore después de…

—Después de ti—completa Liam.

Asiento vagamente. Le afecta que siempre piense en Asher, pero es inevitable. Lo ha pasado tan mal cómo yo, a pesar de que nuestras situaciones son bastante diferentes.

Liam nunca muestra cómo es él en realidad. No deja que nadie lo vea de verdad.

—¿Cómo se llama?—no parece triste ni enfadado, solo muestra curiosidad—. La chica, digo.

—Emma Miller. Se ha mudado de Toronto hasta aquí. Es rubia de ojos verdes. Si la vieras, te enamorarías de ella al instante.

—No creo. Yo ya he encontrado al amor de mi vida. Y está justo aquí, sentada en mi regazo—acomoda su cabeza en mi pecho. Le toco el rostro con ambas de mis manos—. ¿No tienes frío?—se aclara la garganta—. Estás helada.

No me había dado cuenta hasta ahora. Sus musculosas brazos me calientan. Liam alza el brazo hasta que llega a coger la manta de detrás suya. Me arropa con ella y prosigue con la conversación.

—Así mejor.

—Podríamos hacer algo esta tarde, en vez de ahogar mis penas—me paro a pensar y me doy cuenta de que acabo de terminar el libro que tanto me gustaba, así que caigo en algo—. Por cierto, tienes que comprar el libro que te dije—le recuerdo. Quiero leer Romeo y Julieta lo antes posible. Ya me sé el final, ya que alguien me lo ha chivado, pero me da igual, aún así quiero leerlo.

Mi estantería está repleta de libros, además de juguetes que la decoran.

—Si quieres, vamos y lo compramos ahora para que no tengas que esperar otro dichoso día más.

—Me parece bien. Así salimos de estas cuatro paredes y tocamos en césped, aunque solo sea por un rato.

—Pues, ¿a qué estamos esperando? Vamos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.