30
Un reencuentro emotivo
Leah
Ahora que todo ha vuelto a la normalidad, el ambiente ha dejado de ser tenso para todos. Odio que mis dos personas favoritas estén peleadas.
—Hola, preciosa. Te ha llegado este paquete.
Liam toca dos veces a la puerta antes de entrar, pidiendo permiso de esta manera. Estaba entreabierta, así que podrías haber fisgoneado y ver qué estaba haciendo, pero tampoco se hubiera sorprendido. No estoy escondiendo nada, salvo el regalo de nuestro aniversario. Han sido dos meses complicados, pero los mejores de mi vida, diría yo.
Me levanto de la cama para que no tenga que moverse mucho más. Ayer se hizo un poco de daño jugando al fútbol con uno de sus nuevos amigos. Ryder, creo recordar que se llama. Le ayudo a sentarse en la silla, ya que este me lo pide. No tengo mucho de lo que hablar, salvo que esta mañana me ha salido regular el examen de economía. Tampoco es que ponga mucho de mi parte, para ser honestos.
—¿Quieres salir a dar una vuelta hoy?—pregunta, algo incómodo. Siempre suelo ser yo la que hace ese tipo de preguntas. Me encanta que sea él el que tome la iniciativa.
—Tengo mucho que estudiar. Mañana tengo dos exámenes y solo sé tres temas.
Por mucho que quiera ir, sé que no puedo. Me duele rechazarle de esta forma. Se ve tan contento…
—¿Enserio me estás diciendo que te vas a quedar aquí cuando podrías pasar más tiempo con tu queridísimo novio?
Mirándolo así, estudiar es un rollo cuando tienes mejores cosas que hacer. Y, definitivamente, detesto que justo en este momento surjan planes maravillosos. ¿Por qué tengo que tener mañana dos exámenes? ¿No podían esperar a la semana que viene?
Pero es que, cómo espero decirle que no a Liam. Ver esos ojitos color avellana tristes me parte el corazón, así que no me queda otra que aceptar.
—Venga, me apunto. Pero que sepas que esta es la primera y última vez. Si no apruebo, suspenderé el trimestre. Y ambos sabemos lo que eso significa—protesto, aún sabiendo que si hay una próxima vez, me comeré mis propias palabras y volveré a cometer el mismo error. Pero joder, lo cometería ciento y una vez, con tal de pasar más tiempo con mi chico. No soy capaz de dejar de hacer contacto visual. Es tan mono…
Mi madre me advirtió una vez que salir con chicos en esta edad me iba a traer problemas. Y con problemas
se refería a esto. Ahora entiendo a qué se refería.
Liam me lleva en coche a algún lugar misterioso. Dice que no quiere dar detalles, pero que me va a encantar la sorpresa. Me encantan que me sorprendan, pero esto ya parece un secuestro. Tengo los ojos vendados, así que no puedo ver absolutamente nada.
—¿Puedes darme una pista?—le he preguntado lo mismo trescientas veces, pero él se niega. Tengo más miedo de lo que aparento, que no es poco. Estoy bastante nerviosa. Hace tiempo que no me había sentido así—. Pues entonces solo me queda un último recurso—sentencio.
—¿Y se puede saber cuál es?
Niego con la cabeza, tal y cómo él ha hecho antes. Le voy a dejar con las ganas hasta que lleguemos. Tampoco es nada del otro mundo. Voy a intentar averiguar dónde demonios me está llevando. Por lo que parece, está lejos. Lleva conduciendo veinte minutos, y todavía no hemos llegado. Ríe por lo bajito. No tengo ni idea de por qué, pero la curiosidad me está matando.
—¿Qué es tan gracioso?
—Deberías verte. Estás tan desubicada que me haces reír.
Bufo antes su comentario, fingiendo estar enfadada con él, aunque lo pilla rápido y sabe que es una farsa. Menudo capullo tan adorable. Siempre esboza un sonrisita cuando estamos juntos. Ni siquiera hace eso con Ash, al que tanto cariño le tiene.
—¿Puedes darme un tema de conversación? Entre no ver nada y el silencio que hay en este coche, me aburro demasiado—digo, poniendo los ojos en blanco, a pesar de que no puede verlos—. Cuéntame algo de tu pasado.
Es un tema sensible para él. Prefiere no hablar de eso. Siempre evita el tema, pero esta vez lo veo algo decidido. No sé si eso es bueno.
—Me encantaría poder contarte cosas buenas sobre él, pero no creo poder encontarlas. Me porté fatal con mi madre. Fui un auténtico cabrón. Me tenía hasta miedo—hace una breve pausa, y aprovecho para buscar su mano en señal de apoyo—. Cuando me veía, solo se iba de casa. No me dirigía la palabra. Yo… tenía más poder que ella.
No tenía ni idea de esa parte de la historia. Imagino que Asher debe de haberse sentido similar a su madre. El hecho de ser hermanos no cambió mucho las cosas. Ninguno de los dos suelen hablar de su pasado, ya que eso es, como ellos bien dicen, cosas del pasado. Han sufrido tanto que, contándolo, sienten cómo reviven el momento.
Acaricio su mano de manera suave. No sé qué decir. Nadie te prepara para consolar a la persona que más quieres. A ninguna, en realidad. Pero verlo tan destrozado me parte el alma.
—Pero eso ya ha pasado. Y eso significa que no se puede cambiar—aprieto su mano más fuerte, para que tenga claro que, pase lo que pase, no me voy a ir de su lado—. Ahora estamos tú y yo, aquí. Y nada nos va a separar.
Liam me agarra mi mano y se la lleva a la boca. Le planta un sutil beso y la deja encima de la suya.
—Ya hemos llegado, preciosa—aparca y se baja para tenderme la mano. La agarro para impulsarme y ponerme en pie. No tiro mucho de ella, ya que me da miedo que mis manos se resbalen de las suyas—. Ven aquí—. me retira el antifaz y por fin puedo ver. Me tiende su mano y la agarro sin pensarlo dos veces. Tardo unos segundos en adaptarme a la realidad. Después de estar una hora con el antifaz puesto, me cuesta ver bien. Cuando lo hago, hay unas hermosas vistas. Estamos en lo alto de una montaña. En un sendero, para ser más exactos—. Tengo otra sorpresa para ti—me ofrece una sonrisa pícara y abre su mochila para sacar un par de cervezas —. Tranquila, esta no es la sorpresa—alzo las cejas en forma de sorpresa y pongo los ojos en blanco—. Soy un capullo, pero no tanto cómo para hacerte ilusiones y después darte esta mierda. No me malinterpretes, está genial—rectifica—. Pero te mereces algo mejor. Algo mucho mejor—recalca, llevando sus preciosas manos a los bolsillos. Me pongo de puntillas para darle un beso en la mejilla. Es demasiado alto, y no llego si no hago eso.