All of us

~First day of torture~

Alice

Mi Vida ya estaba perdida.
Quizás mucho antes de lo sucedido.
Quizás nací solo para acabar aquí,en el momento menos indicado.
Mi cuerpo temblaba.
Mis manos estaban bañadas en sangre.
Y el mismo cuchillo que había escondido descansaba ahora bajo mis pies, como una prueba muda de que nunca tuve la razón.
Mis rodillas ardían de tanto suplicar perdón.
No por redención.
No por absolución.
Solo por desesperación...
Nada aprecia ser suficiente. Todas y cada una de las devociones que tomé me trajeron hasta este punto exacto. Recordándome algo que siempre supe pero me negué a aceptar.

En el mundo solo existen dos tipos de personas: los buenos, y los que saben manipular tan bien que hacen creer a los buenos que ellos también lo son.

Creía que estaba siguiendo al conejo blanco.
Creía que aún tenía tiempo...

Pero cuando me di cuenta te era demasiado tarde.

El conejo blanco ya no llevaba un reloj.
Levaba un arma.
Y estaba supuesto a disparar...

Sin ningún tipo de emoción.

Tres meses antes:

Me gustaba el otoño más de lo que podía expresar. Amaba sentarme a observar las hojas de los árboles caer. Esa sensación de cómo el viento frío chocaba con mi cara y elevaba mi cabello al caminar. Ver a todas las aves y ardillas que coexistían juntas en los mismos árboles. Eso me hacía muy feliz.

Hasta que un día tomé la peor decisión de mi vida, o al menos así me gusta llamar al día que puse un pie dentro de esta universidad.

Al principio me emocionaba demasiado la idea de estudiar algo que me gusta y poder graduarme con honores, bla bla bla. Puras calumnias.

Alguien, por favor, sáquenme de aquí, ya que han sido los peores tres meses de mi vida desde que estudio aquí... y solo es el primer semestre.

Odio mis clases, detesto los horarios, repudio los exámenes. A veces me pregunto:

<< ¿Si siempre he odiado estudiar, para qué diablos me metí en una maldita carrera? >>

Para colmo, mi universidad está en medio de un pueblito en el centro de Estados Unidos, cerca de Carolina del Norte. Es de esos pueblos tan, pero tan pequeños, que todos se conocen posiblemente desde niños. Fueron a las mismas escuelas, se bautizaron en las mismas iglesias, trabajan en los mismos trabajos y nunca han salido ni saldrán de este pueblo de mierda.

Es una comunidad muy cerrada, por lo cual, si no encajas con el "estereotipo", serás el menos indicado para quejarte de algo o hablar en voz alta. Todos aquí son extremadamente católicos, van todos los domingos a la iglesia, hablan de religión en todos lados, se visten de la forma más básica y normativa posible.

Aunque en verdad solo son personas hipócritas que usan la palabra "religión" como excusa para poder dormir en paz todas las noches después de todos los pecados que cometen durante el día. He visto más de una vez a esas personas "súper creyentes" fumarse tres y cuatro porros de marihuana en un mismo día, y a sus "perfectos y adorados hijos" hacer orgías abiertamente en varias fiestas.

Entonces... ¡¿de qué diablos estamos hablando, par de estúpidos?!

1...

2...

3...

Son las veces que tengo que tomar para contar y respirar, y así volver a tener el control sobre mí misma y no mandarlos a todos a morirse. Odio todo en este pueblo, pero lo que más odio, sin duda, son las personas.

No hay palabra no ofensiva que pueda usar para dirigirme a ellos. Por eso evito el contacto con otros especímenes humanos que no sean Melanie y... Melanie...

Sí, soy muy antisocial y los detesto a todos, ¿qué más puedo decir? Nada. No me importa la aprobación social y mucho menos soy normativamente correcta. No soy católica, nunca he pisado una iglesia en toda mi vida, ni siquiera estoy bautizada. Me visto como se me viene en gana, odio la política, la marihuana y la música country. Una vez más recalco que no sé en qué momento de mi vida llegué a este pueblo extraño en donde todos son vaqueros con doble moral.

Cuando llegué aquí no era tan odiosa. Traté de hacer amigos, sacar algunas conversaciones de temas que me interesaban, pero me di cuenta de lo estúpida, retrógrada, poco feminista y misógina que puede llegar a ser la gente de este pueblo. Si no es de Dios, no hables de religión. Si no es políticamente correcto, no menciones la palabra política. Si no vas a estar detrás de la cocina cocinando para tu marido y usando un vestido largo, no opines nada al respecto.

Supongo que por esas razones y mil más solo me relaciono con Melanie. Es mi roomie, de hecho. Ambas llegamos por accidente a este pueblo creyendo que la universidad sería una opción divertida, pero no fue así.Aunque Melanie es más sociable que yo. Ella ha hecho unos cuantos amigos desde que llegamos aquí, pero es porque ni siquiera le importa nada de lo que la gente de este pueblo haga, diga o imponga.

<<Todo lo contrario a mí.>>

Aunque, obvio, no faltan sus comentario diciendo:

<< ¿A ti qué diablos te importa lo que esta gente rara con cáncer de pulmón diga? Tú solo ignóralos, deja de odiarlos sin razón. Así vivirás la vida un poco más libre. >>

Probablemente tenga razón, pero no quiero dársela porque me gusta llevar la contraria. Así que elijo detestar con todo mi ser a cada persona de este maldito pueblo.

—¿Alice, ya vas a entrar o vas a seguir resfriándote tú sola allá afuera? —escuché a Mell gritarme desde la puerta del apartamento.

Ni siquiera noté cuándo oscureció tan rápido, quizás es por el cambio de horario.

—Ya voy, no me estoy resfriando, solo tomo aire fresco. Quizás así dejo de odiar a todos aquí.

Vi cómo volteó los ojos y formó una pequeña sonrisa de lado con sus labios.




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