All of us

Two shots

"El efecto Mandela es un fenómeno psicológico en el que un grupo grande de personas comparte un recuerdo falso, vivido sobre un evento o detalle. Creyendo fielmente que es real cuando no lo es."

...

Alice

Todo el ambiente era tan atosigante; me sofocaba solo ver dónde estaba metida. Le agradecía mentalmente a Melanie por haberme sacado de ese dichoso hotel, pero este no era el lugar más indicado para traerme en estas condiciones.

Mi cabeza palpita al ritmo de las enormes bocinas, que reparten la música por todo el club. Tosí casi ahogándome con mi propia saliva. No había tomado ni comido nada desde aquel chocolate que apenas recordaba... aunque probablemente lo vomitara.

Mi estómago arde. Se siente un cosquilleo burbujeante, pero no es agradable: es como ácido hirviendo dentro de mí. Cada segundo quemaba más.

Sabía que Maxton me observaba. Probablemente seguía parado ahí, justo a mi lado. Pero no pensaba en darle importancia. Él no amerita nada de eso. Solo deseo salir de aquí, meterme bajo la ducha, dejar que el agua caliente inunde mi cuerpo hasta el cuello. Que se escurra por mi cabello de forma lenta, pero continua. Cerrar mis ojos arrecostada en la tina, sin sobrepensar, en silencio. Solo el agua y yo.

— ¿No vas a decir nada? —Sentí un leve roce en mi cuello. Esta vez no era solo superficial. — No importa lo que haga para deshacerme de ti; tú siempre encuentras la manera de aparecer...

Estaba detrás de mí, enredando sus dedos en mi cabello, apartándolo hacia un lado y dejando mi piel expuesta. El aura que emanaba de este lugar era tóxica, invasiva, hipnótica. Entre música y luces fluorescentes, cualquiera perdería la cabeza. Los chicos bailaban pegados; las chicas sostenían copas, vestidas con telas tan cortas que casi dejaban ver entrepiernas. Afuera hacía cinco grados, pero aquí adentro se sentía como una fiesta en el infierno.

— Responde... ¿Ahora sí me vas a contar la verdad?

El mueble en el que estaba sentada se hundió un poco por mi lado. Supuse que era él quien se había sentado. No planeaba dirigirle ni una sola palabra, ni siquiera mirarlo. Pero, como siempre, Hernes tenía otros planes...

— Vamos a ver, Alice Graham. ¿Qué hace alguien como tú aquí en este lugar? ¿Cómo llegaste? Dudo mucho que hayas venido a pie. ¿Cuáles son tus intenciones?

Sabía lo que buscaba: provocarme; conocía mis debilidades y se alimentaba de lo rápido que explotaba bajo presión. Exactamente lo mismo que hizo en el hotel.

<< Maxton, seguía teniendo la delantera >>

— Aliceee... — alargó la vocal, saboreando mi nombre con su lengua.

Su aliento rozó mi oído, ardiente, mezclado con el olor a menta.

¿Qué hacía él aquí ? ¿Cómo diablos había llegado? Esas eran las verdaderas preguntas.

— ¿Me estás siguiendo? — dije, de brazos cruzados, manteniendo la mirada lejos de él. ¿Cómo sabías que estaría aquí?

— Hasta que por fin hablas —dijo en un tono risueño. Aún pegado a mi oreja. — Pero qué curioso: estás en un club y ni siquiera usas vestido. ¿Qué estás buscando?... o quizás la pregunta es ¿qué estás planeando?

— Responde a mi pregunta; no estoy de humor para tus jueguitos.

— Vine por mi hermano. —Su voz siseó como una serpiente, venenosa y envolvente. — Me parece tan curioso que estés aquí justo ahora... a pesar de que la última vez que te vi estabas muy mal. Tú pareces querer seguir jugando...

— Vete a hacer lo que viniste a hacer — dije entre dientes —. Déjame en paz al menos una vez en toda mi existencia. Desde que te conocí, solo sabes darme problemas. — Sobe mi frente con una de mis manos — Ya tuve suficiente con...

— Oh, no— me interrumpió — yo no te meto en problemas, tú te los buscas sola.

Me dio dos leves toques en el hombro. Volvió a pasar la palma de su mano por mi cabello. Pero esta vez, de manera más suave, palpándolo con delicadeza, sintiéndolo entre sus dedos. Como una caricia... una no tan dulce.

Arrastro lentamente su mano por toda mi espalda, provocándome un cosquilleo. Me dio escalofríos tan solo al sentir su toque. No se detuvo hasta llegar a mi cintura, donde me agarró de la manera más imponente posible, envolviendo su enorme y grotesco brazo alrededor de mi cuerpo.

Todo mi sistema nervioso se convirtió en un caos. Jamás había sido tocada por un hombre de esta forma.

¿Qué se supone que está haciendo ?!

Traté de forcejear con él, moviéndome un poco hacia los lados sin parecer demasiado obvia. Fue inútil; claramente no funcionaría. Con eso, solo logré que su cuerpo se arrimara más a mi cuerpo.

— Yo no fui quien te obligó a meterte dentro de un edificio para investigar un crimen. —El escalofrío volvió en oleadas — tampoco te dije que salieras con un cuchillo en el bolso—. Apoyó su barbilla en mi hombro; el peso era evidente. Todo mi cuerpo hervía, como si hubiera pasado del club a un sauna. — Ahora no puedes dormir por el pesar que tú misma te causaste. Te carcomes día y noche, pensando en cómo darle una explicación lógica a lo sucedido sin terminar de volverte loca...

Mis ojos se abrieron de golpe.
¿Cómo sabía todo eso?

— Espera, aún hay más — repitió, burlándose de mí. Encajaba sus dedos sobre mi cintura, de forma lenta y tediosa. — Te victimizas, culpas a quien no tiene nada que ver y eso me incluye. ¿Para qué? ¿A dónde te ha llevado destruirte física y mentalmente? Te crees detective, pero la verdad es que no llegas ni a investigadora barata. Traté de mantenerte alejada de todo lo que te hace daño al llevarte a ese hotel, pero tú insistes en seguir autodestruyéndote. — Hizo una pausa. Agarró mi mentón con uno de sus dedos y giró mi cabeza hasta que quedara observándolo directamente a esos fríos ojos — Tú no deberías estar aquí esta noche...

La piel se me congeló tras sus últimas palabras.

Lo peor es que tenía razón...
No era buena en nada.




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