" Cuando la sangre está caliente, el cuerpo acaba de morir; pero cuando se enfría, ya no queda nadie preguntando cuánto tiempo lleva el alma ausente."
...
Melanie
Por alguna razón toda mi vida me he sentido el personaje secundario de mi propia historia. Siendo siempre la que observa desde lejos. Odio todo en mí, desde mi nombre hasta mi último cabello. De niña, siempre quise cambiar todo de mí, incluso mentí muchas veces sobre quién era; poca gente me conoce por fuera y ninguna por dentro. A día de hoy no me odio... no del todo, pero tampoco me amo.
Mucha gente se encargó de hacerme sufrir en el pasado. No soy abierta con lo que siento, jamas me he sentido escuchada por alguien. Creo que me acostumbré tanto a estar sola que dejé que eso me consumiera hasta el punto de acabar conmigo.
Nunca tuve el "Primer beso de telenovela" ni "Aquel novio perfecto" en mi adolescencia.
Siempre he sido esa amiga: la que escucha, observa, asiente y sonríe. No me desagradaba la idea... solo que a veces me preguntaba...
¿Qué se sentiría que alguien más te escuchara?
¿Cuándo será el día en que yo podré tener mi propia historia?
Lo he intentado, de verdad que lo he hecho. Enamorándome de las personas equivocadas en el momento equivocado, solo para terminar triste y, una vez más, sola. Solía inventarme pequeños crushes de vez en cuando, a los que solo miraba de lejos, con la esperanza de que algún día me notaran.
No entendía por qué no lo hacían. Quizás era mi extraña forma de sentarme, o tal vez mi manera tan tímida de hablar; o quizás nunca se trató de eso, solo era yo, la chica destinada a no amar. Suena un poco tonto, ya sé. Pero...
Pensaba que tenía razón hasta que conocí a Preston...
Al principio no estaba enamorada de él, solo me embobaba por la idea de lo que sé que sentiría ser amada por alguien. Que por primera vez una persona pareceia escucharme, verme... incluso cuando yo no estaba ahi.
No planeaba que las cosas se dieran así, pero Alice me obligó a hacerlo...
¿Por qué se comporta tan extraño cuando estoy cerca?
¿Por qué Alice parece no quererme contar sus cosas?
No sé cuántas semanas han pasado desde que comenzó a comportarse de manera extraña. Al principio fingí no notarlo como siempre hago. Quedándome callada con tal de no discutir.
Pero luego empezó con sus rabietas, desapareciendo de la nada, escondiéndose en su habitación y excluyéndome de su vida.
No deseaba entrometerme. Preston se ocupaba de mantenerme ocupada con tal de que no pensara en Alice. Muchas veces se llevó mi teléfono para que no la llamara ni revisara si tenía mensajes suyos.
De hecho, se lo agradezco. Gracias a él me di cuenta del tipo de amiga que siempre fue...
Egoísta, desinteresada. Solo se preocupa por sí misma y por lo que pasa en su vida . Como creyendo que el mundo gira a su alrededor.
Tiene una personalidad fastidiosa, en la que cree poder criticar y juzgar a todos como si fuera Dios. Cuando la primera imperfecta es ella.
Por eso nuestra pelea. Siempre me había quedado callada, reservándome para mí misma todo aquello que me molestaba de su persona, solía justificarlo con que: "Ella es así" "Algún día se dará cuenta"
Pero no... no lo hizo.
— Siempre Alice, 'la perfecta y maravillosa, Alice' — dije entre dientes mirando hacia la pared.
Desde que apareció ese profesor suyo, solo sabe vivir detrás de él. Dice "odiarlo", pero en verdad todas las veces que los he visto sé que en el fondo deseaba quitarme mi bonita historia de amor con Preston, para poner primero la suya.
<< Siempre lo ha hecho. Dejarme a mí en segundo plano. >>
Por esa razón agarré mis cosas y me fui. Vamos a ver cómo se las apaña ahora, solita, ya que no estoy.
— ¿Crees que hice lo correcto? —Levanté un poco la vista para observarlo.
Me encontraba dentro del apartamento de Preston, exactamente acostada en su cama con la cabeza apoyada sobre su pecho. Él acariciaba mi cabello con lentitud, mientras que, de fondo, teníamos una película puesta.
— Claro. Tu amiga es una egoísta. Ni siquiera fue capaz de ayudarte cuando lo necesitaste... — dijo en un tono muy neutral — por eso ahora estas conmigo y no con ella.
— Pues... si
Esta era la decisión correcta...
Entonces... ¿por qué me siento así?
Ha pasado un tiempo desde aquel día en que por primera vez la desconocí. Era alguien distinta; sus ojos estaban totalmente blancos. Su cuerpo pálido y frío... Sus labios agrietados y resecos. Su piel arrugada. El negro azabache de su cabello estaba opaco. Alice estaba enferma; parecía... haber muerto.
Me asusté tanto. Empecé dándole toques suaves en el rostro, en busca de un gesto, de un movimiento que me dijera que todo estaba bien. Nada pasó. Empecé a desesperarme, zarandeando todo su cuerpo de un lado a otro, encima de aquel incómodo escritorio, donde estaba tumbada como una muñeca de trapo. Había pasado más de medio día, pero ella seguía dormida.
Su cabeza descansaba sobre libretas, con hojas tiradas por todos lados. Un bote de pastillas abierto, prácticamente vacío y muchas latas de bebidas energizantes a su alrededor. Lápices, pulmones, tijeras y un extraño cuchillo que reposaba en su portapapeles.
Mis ojos se abrieron, mi respiración se entrecortó y mis músculos se tensaron. Busqué en su cuerpo alguna señal, quizás si había algo que no me estaba contando... no, era más que obvio que había muchas cosas que no me estaba contando.
No se movía, no respiraba.
Traté de gritar, pero ni siquiera para eso servía. Seguí sacudiéndola de un lado a otro. Con la esperanza de que se levantara y sonriera diciendo que era una broma.
Como último intento, decidí estampar con fuerza una de mis manos sobre su rostro. Las lágrimas queriendo salir de mis ojos y la garganta completamente seca. Le di un solo golpe en seco en medio de su mejilla derecha.
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Editado: 04.02.2026