"Si no puedo ser el mejor, en ser el mejor. Al menos seré el mejor en ser el peor"
- Clak Olofsson
...
El principio del fin...
Maxton:
Aquella chica era tan molesta como las moscas revoloteando sobre la basura. No tenían ninguna razón para estar allí, más que alimentarse de migajas podridas de desechos que nadie quería.
Eso era exactamente lo que hacía...
Mi hermano era la basura; ella, la mosca que revoloteaba encima.
Aparecía en todos lados y hablaba constantemente con ella. Opté solo por darle la razón y continuar con esto...
Ya había tratado de llevarle la contraria varias veces, pero no había servido de nada.
Por mucho que lo intentara, no se iba.
Camine alrededor de la habitación, pasando la mano por encima de cada superficie. Había polvo acumulado en las esquinas de los estantes, desorden en los libreros y papeles tirados por el suelo.
¿Esto es una maldita habitación?
Aquel inútil bueno para nada se volteó, arrinconándose en una esquina. Sacó unas llaves de uno de sus bolsillos y las introdujo en el pequeño cerrojo de una de las gavetas.
— ¿Sigues tomando esa mierda? — hice una mueca de asco.
Él no respondió. Solo volvió a cerrar la gaveta y esperó unos segundos antes de voltearse.
— ¿Por qué estamos en mi apartamento? ¿Por qué tuviste que obligarme a sacarla de la casa de esa forma?
Mi mandíbula se contrajo. Siempre había sido un quejumbroso. Se ponía a la defensiva con mucha facilidad.
<< ¿Qué estás escondiendo aparte de metanfetamina? >>
— ¿Tanto te importa...? ¡Te están afectando las drogas! — levanté una ceja. — ¿Por qué aún sigues trayéndola con esa cosa... ? ¡Deja esa mierda!
— Ya... lo sé. — hizo una pausa. — Solo digo que esto ya se está complicado. Para mí es... es horrible...
— ¿Ya vas a echarte para atrás como el miedoso que eres? ¡¿Para qué carajos te llamas, Preston Hernes?!
— Yo... Solo digo que esto se está saliendo de control... solo trato de salvarla... No quiero que algo malo le suceda — bajo la mirada al suelo una vez más.
Sus ojos ya se habían tornado lo suficientemente rojos como para que fuera obvio.
— Responde. — di un paso hacia adelante — ¿Cuál es tu maldito nombre?
— P-Preston... Preston Hernes — completó la frase, inclinando la cabeza hacia adelante.
— ¿Y qué hace un maldito Hernes?
— Se salva a sí mismo... — dijo con la voz quebrada.
— Recuerda eso entonces. —Puse una de mis manos sobre su hombro dándole unas palmadas.
Su cuerpo se tensó al sentir aquel toque. Siempre había sido un incompetente, ni siquiera sabía por qué lo incluí en esto.
— ¿Que... que hacemos aquí? — volvió a preguntar.
— Quiero mi información acerca de lo que pasó en el club — le dije con mucho desinterés. — ¿O es que acaso estabas tan drogado que olvidaste hacer todo el trabajo?
Él solo seguía tiritando. Todo su cuerpo temblaba. No sabía si era por las drogas que se había tomado o por el hecho de que me tenía miedo. Seguía siendo el mismo niño miedoso de siempre, solo que ahora usaba traje y fingía ser importante.
—Está sobre el escritorio — señaló con la mano, sin levantar la vista.
— Espero que por primera vez en tu vida hayas hecho bien el trabajo.
Me acerqué al dichoso escritorio donde estaba aquella carpeta blanca... vacía.
— Qué diablos es esto —fruncí el ceño, lanzando la carpeta al suelo. — ¿Estás jugando conmigo?
Caminé hacia él; su cuerpo seguía sacudiéndose como un sonajero. Lo agarré de la camiseta, y oblique a que levantara la cabeza.
— Levanta el mentón.
— M-Maxton... — tartamudeo.
Me acerqué a su oído; el aire se entrecortaba entre nosotros dos. Mis ojos estaban clavados en él, pero Preston ni siquiera podía abrir los suyos.
— Sigues siendo el mismo estúpido que cuando tenías dieciséis, el mismo gallina que cuando tenías doce; y el maldito problema con el que he tenido que convivir desde que naciste. — Estampe una de mis manos en su cara, ya estaba acostumbrado. Ni siquiera se rehusaba a frenarme ni trataba de frenarme. — A pesar de todo, pareces fuerte; aún no sé cómo es que no caes muerto después de tantas drogas que ingieres como si fueran agua. Eso eres, otro dolor de cabeza para mí, un drogadicto sin futuro...
Lo empujé de un solo movimiento, haciendo que cayera al suelo. De sus ojos salían lágrimas mientras me miraba con odio... Aún recuerdo la primera vez que lo vi llorar.
Fue tan gratificante que deseé con todas mis fuerzas volver a verlo. La inocencia en su mirada, esos grandes y redondos ojos tan iguales a los míos, reflejaban algo que yo no tenía.
Dolor...
Una emoción.
Me gustaba verlos llorar hasta el punto de ser la causa de todas y cada una de sus lágrimas.
Y Alice, ¡oh, Alice!
Ella era fuego, desesperación. Una mezcla de rabia contenida y una grieta emocional que se hacía cada vez más grande en el segundo en que soltaba una lágrima. Yo quería tomarlas para mí, beberlas como vino, sentir su sabor salado en mi boca...
<< No sabes cuánto deseo... >>
— Levántate del suelo. —Volví a tomar la compostura ante la situación. Acomodé mi traje, sacudiéndolo para que quedara limpio. — No vuelvas a poner mi paciencia a prueba.
Preston hizo exactamente lo que le ordené. Una vez más no se quejó; no tenía el derecho de hacerlo; nunca lo ha tenido. Sus ojos seguían clavados en mí a pesar de que no era capaz de mirar directamente a los míos.
Era aburrido...
Él jamás me retó; nunca ha sido lo suficientemente valiente como para contradecirme. Me gustaba eso en Alice; a ella no parecía importarle mi tamaño, el frío de mis ojos ni la manera en que tengo de hablar. Solo me insultaba a la cara, grosera, mezquina. Alguien que estoy seguro de que si no fuera ella, ya la habría...
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Editado: 04.02.2026