Llevaba tiempo buscándola y no encontraba rastro de su paradero; Luna había desaparecido y aunque la llamaba tampoco me respondía, ¿Cómo se supone que la iba a salvar de lo que sea que estuviera confinada?
Por las noches cuando duermo en medio de mis sueños recuerdo perfectamente cada detalle de aquella noche que se supone debió ser inolvidable para bien, pero al contrario de ello llega a mí la forma en la que se la llevaron, el terror en los rostros y sus gritos rompiendo sus gargantas; claro, cada vez que a mis sueños llegaba esa noche en específico, un grito mío me despertaba y con ello a los de mi alrededor.
Había iniciado terapia hacia algunas semanas y me había marchado del pueblo tratando de dejar atrás todo el trauma que me rodeaba y no solo a mí, si no al pueblo entero. Mamá me siguió porque, aunque ese era su hogar desde su nacimiento y las personas con las que había crecido los consideraba su familia, su pena era más grande y el asedio que nos rodeaba a ambos e incluso a la familia de Jack y como a él pudo más para marcharse y tratar de vivir una vida normal en un lugar nuevo lejos de todo lo que alguna vez habíamos conocido. Ambas familias nos marchamos por el bien de los que quedábamos intactos en busca de un poco de paz para un par de casi universitarios.
Como dije esa noche el caos reinó y lo que al parecer estaba destinado a surgir en mí me alcanzó, pero no lo ha vuelto a hacer pese que lo he intentado en numerosas ocasiones durante estos meses. ¿Cómo es posible que le destino me haya alcanzado aquella noche y ahora ya no lo encuentre?
Ver a Alysa desaparecer, fue la sensación de impotencia más grande que alguna vez pude sentir, revivirlo cada noche en mis sueños se volvió martirizante. La terapia ayudaba a tranquilizar un poco los pensamientos que a todas horas me torturaban, pero no ayudaban a disiparlos del todo para que pudiera dormir, mamá no lo decía, pero comenzaba a perder un poco la esperanza de que alguna vez pudiera tener una vida tranquila.
Me sentía culpable todo el tiempo, le había dado tantos momentos de angustia que hasta eso me llenaba de más cargos de conciencia. Sin embargo, aunque iba a terapía cómo explicaba a mi terapeuta que esa noche no había sido un atentado donde secuestraron a mi “novia”, sino que era una especie de realidad alterna que casualmente yo estaba destinado a vivir y que todas las historias fantasiosas o cuentos que alguna vez se hayan escrito eran una realidad.
Afortunadamente tanto la familia de Jack como la mía nos encontrábamos en la misma ciudad, lo cual resultaba tranquilizador para mí porque de ser completamente diferente la situación creo que esto con lo que cargo me habría sobrellevado hace mucho tiempo y puede que ni siquiera haya podido soportar mi existencia. Recuerdo que al llegar a esta ciudad una vez instalados, lo primero que hicieron los padres de Jack fue venir a casa y preguntarme qué era lo que estaba pasando y por qué mamá si bien lucía preocupada no parecía perturbada con lo que había sucedido aquella noche.
Sobra decir que fue una tarde y noche demasiado larga en donde tranquilamente expliqué todo lo que había estado viviendo meses atrás de la mano de Jack. Sus caras cambiaron de expresiones luciendo desconcertados, enojados y hasta asustados; sabía que para ellos era imposible de creer que la desaparición del entrenador, la llegada de estas personas que no pertenecían aquí, la existencia de mundos más allá del nuestro era una realidad.
Y vuelvo a la misma pregunta ¿cómo era posible que esto fuera una realidad y no algo escrito? Esa noche, dejé escapar de mi boca cada palabra relacionada con lo que había estado viviendo, mostré algunas fotos que pude hacer durante este tiempo. No eran muchas, pero por lo menos me mantenían conectado con la idea de que sí, definitivamente no era una alucinación lo que estaba viviendo.
Conté cómo había salvado a Alysa en aquella ocasión de casa de sus padres, mencioné el nombre de dónde ella provenía y como al parecer había llegado aquí hace ya algunos años para ocultarse de su hermano, lo curioso fue que el perfil de los padres de Alysa había sido tan bajo que incluso en un pueblo como el nuestro jamás sobresalieron o fueron notados porque ni los padres de Jack ni mi madre los recordaba haber visto; había llegado al punto en que tenía que contarles sobre la parte menos creíble de toda esta historia y de cómo sospechaba de... un ánima, aunque sinceramente no creía que pudiera llamarle de esa manera, pero aun así tuve que hablarles de Luna, el ser místico que había estado presente en esta locura de vida destinada.
Como pude, le dije sobre mis sospechas hacia ella y cómo es la misteriosa leyenda de un primogénito estaba en una búsqueda implacable hacía Alysa. En ese lapso aproveché para decirles todo aquello sobre el papel que se supone debía de cumplir ese primogénito y de cómo había sido una decepción para Luna el hecho de que no haya seguido el camino al que se supone estaba destinado a cumplir para salvar Garla.
Ahí en ese punto de la noche y de la historia finalmente tomé valentía y les dije a los presentes, pero especialmente a Jack sobre la posibilidad de que Markuck tal vez estaba ocultando algo y que su deserción hacia la supuesta salvación o aquello que significara la Cosecha en Garla pudiera estar mla encausada. Jack me miró extraño, pero algo en su mirada me decía que pudiera estar abierto a escuchar lo que tenía que decir sobre esa noche.
Aunque tampoco podía poner en beneficio de la duda todas sus acciones, sí podía cuestionarme todo lo que se me había dicho. Mi ventaja era que yo no pertenecía a Garla o ese otro mundo del que se suponía ellos provenían.
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Editado: 12.04.2026