Alma de Luna: El Linaje Ancestral.

Capítulo 1: Bienvenido a Greek-Ford.

Me llamo Owen Heggens. A mis veintiún años, me convertí en el hombre que lo abandonó todo en busca de un refugio donde los recuerdos no pudieran alcanzarme. Dejé mi hogar, mi vida, con una maleta llena de culpa y el bolsillo cargado con una pequeña fortuna sustraída a mi familia, sin mirar atrás.

Así fue como llegué a Greek-Ford, un recóndito pueblo al suroeste de Glasgow, en Escocia. Rodeado de un mar de montañas y bosques, era el escondite ideal para un alma herida como la mía. No tenía grandes planes, solo la necesidad de encontrar un lugar tranquilo donde dormir. Un motel barato, quizás, o una habitación en la casa de alguna anciana a cambio de unas pocas libras. La paz era mi único anhelo.

Al bajar del autobús, el frío aire de la tarde acarició mi rostro como un bálsamo. Las calles estaban desiertas, salvo por un par de coches que recogían a los últimos pasajeros. Greek-Ford era aún más pequeño y desolado de lo que había imaginado.

"¿Esto es Greek-Ford? Las fotos mentales eran más prometedoras", murmuré para mí mismo, observando las fachadas grises y la espesa niebla que se extendía hacia la reserva forestal.

Deambulé sin rumbo, dejando que la lluvia fina lavase mis pensamientos. Las casas y negocios, con sus tejados inclinados y aspecto antiguo, parecían sacados de otro siglo. El clima era inhóspito, pero extrañamente reconfortante, con esa mezcla de frío, lluvia y niebla que lo envolvía todo la mayor parte del año. Era el tipo de lugar donde uno podía desaparecer sin dejar rastro, física y emocionalmente. Y eso era precisamente lo que buscaba.

La gente, sin embargo, era otra historia. Sus miradas eran evasivas, como si cualquier contacto visual fuera una amenaza. Nadie me saludaba, nadie me dirigía la palabra. Sus ojos esquivaban los míos con una precisión casi ensayada; los forasteros no parecían ser bienvenidos. Pero no me importó. Estaba allí para ser invisible, no para hacer amigos.

La noche caía rápidamente, y con ella, vino el hambre y la sed. Tras vagar sin éxito en busca de alojamiento, me encontré frente a una pequeña taberna: "La Wulver Risueña" un nombre curioso para un sitio como ese. Decidí entrar a comer y beber algo. El ambiente en el interior era animado y acogedor; los lugareños bebían y cantaban con la camaradería de viejos amigos. A pesar de la evidente reserva del resto hacia un desconocido como yo, la que parecía ser la dueña se mostró afable.

—Oye, chico, ¿Eres nuevo por aquí? —preguntó la mujer, de unos cuarenta y tantos años, con una melena rubia platino reluciente.

—Si, algo así —respondí casi de inmediato, sentándome en la barra—. Percibo cierta frialdad hacia los forasteros, ¿no?

Ella rió con ganas mientras me servía un tarro de cerveza de raíz.

—No es un lugar para turistas; para eso está Glasgow. Pero no son malas personas. Si piensas quedarte, acabarán acostumbrándose a ti —dijo con una sonrisa, mientras se servía a sí misma una cerveza de otro barril bastante cargado.

Observé la bebida que me había servido. De alguna forma, la mujer intuyó que no necesitaba alcohol, cosa que agradecí, ya que hacía tiempo que había dejado de beber.

—Gracias, aprecio el consejo. Mi intención es quedarme un tiempo por aquí. ¿Sabe de algún sitio donde pueda alojarme y que sea accesible? —pregunté, dando un sorbo al tarro. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al instante.

—¡Está buena, eh! —exclamó, y se bebió de un trago el contenido de su jarra antes de continuar—. Tú, muchacho, no tienes cara de necesitar alcohol. Pero esta cerveza artesanal tiene sus matices; no hay nada como un buen brebaje de raíces y hierbas para quien busca sentirse a salvo y sin embriagarse. Honestamente, hay muy pocos lugares con habitaciones disponibles ahora mismo. Normalmente, si alguien tiene algo para alquilar, lo anuncia en el tablón de anuncios o en la oficina de correos. Nos gusta lo clásico por aquí. Anda, mira a ver si encuentras algo que te sirva.

Alzando el tarro en señal de agradecimiento, me levanté del banquillo y me acerqué al tablón de anuncios. Mientras lo examinaba, un papel desgastado captó mi atención. Anunciaba el alquiler de un piso en la calle 32 de la avenida Drowned Forest. Arranqué el anuncio y regresé a la barra.

—¿Cómo llego a este lugar? —pregunté, mostrándole el papel a la tabernera.

—Vaya, una zona interesante, sin duda—respondió ella, examinando el anuncio—. Ese lugar está muy cerca del sendero que lleva a la reserva forestal, justo al otro extremo del pueblo —explicó, haciendo un gesto con la mano—. Si sigues por la avenida principal, lo encontrarás fácilmente. El piso le pertenece a los Nowak, son buenas personas, una familia un poco misteriosa para mi gusto.

—Me parece justo lo que busco.

La tabernera soltó una carcajada antes de volverse hacia la cocina.

—Encajarás bien aquí, chico. Tengo buen ojo para la gente. Pero antes de que te vayas, un alma cansada necesita alimentarse. No todo es beber, ¿sabes? Anda, prueba el stovies, la especialidad de la casa. Caliente y delicioso, perfecto para este final de invierno —dijo ella, sirviendo un apetitoso estofado en un plato rústico.

—Me llamo Owen —dije mientras probaba el platillo.

—Encantada, Owen. Yo soy Bethia. Espero verte por aquí a menudo, muchacho —dijo ella con una amplia sonrisa, dándome una palmada en el hombro.

Mi padre solía decir que una persona amable hace la diferencia, y tenía razón. Mi recién iniciada estadía en Greek-Ford, por un momento, se sintió cálida.

Al salir de la taberna, me dirigí hacia la dirección que indicaba el anuncio, guiado por las tenues luces de los postes y señales apenas visibles en la oscuridad.

Finalmente, llegué a mi destino. Era una casa de dos pisos, algo desvencijada pero con cierto encanto, con un letrero de "Se renta" colgando del garaje. El jardín, cercado y cubierto de hojas húmedas, tenía un aire melancólico que reflejaba mi propio estado de ánimo. Me apresuré hacia la puerta y toqué el timbre con los dedos ya entumecidos por el frío.



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En el texto hay: romance, drama, hombreslobo

Editado: 04.02.2025

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