Alma de un corazón ansioso.

Pedacito de ansiedad.

A veces me quedo mirando a lo lejos.
Sonriendo triste, aún duele.
Mis ojos lloran, el corazón no responde.
Contengo el llanto, sonrío en breve.
“No debes saber”, susurro con desespero,
anhelando que el amor pueda con el vacío que tengo.

Te digo “estoy bien” cada que nos vemos,
pero ¿cuántas respuestas son reales?
El tiempo no avanza, me siento cansada,
es como una obra y el telón no baja.
Me quedo sonriente, esperando el momento,
tiemblo de miedo, contemplando el tiempo.

A veces me quedo mirando a lo lejos,
llorando: “perdona, no te merezco”.
Insisto en momentos,
haciendo caso a mis miedos.
“¿No soy suficiente?”, pregunto en mi mente.
El corazón agoniza, suplicando atención,
la razón, en trozos, busca amor.

Otra vez preguntando: “¿no tienes nada?, ¿todo bien?”,
cuando realmente en mi cabeza resuena: “¿te molesté?”.
Y perdón, no quiero agobiarte,
mi intención no es alejarte ni molestarte.
En mi niñez fui aislada,
en la adolescencia terminé dañada.
Ahora, de adulta, busco entre tropiezos mostrar mis emociones,
tratando de entregarte el mensaje que deseo.

Aún no sé si me ves con anhelo.
Mis sonrisas siguen aunque esté sufriendo,
no quiero que te alejes al verme realmente.
No podría con el desprecio en tus ojos estando enfrente.

A veces me quedo mirando a lo lejos,
pensando: “lo siento, pero hoy no puedo”.
Son tantos los daños a mi autoestima
que pedirte un abrazo es esperar mi ruina.
No quiero verme vulnerable,
porque cuando lo enseñé terminé sin nadie.
Escondo mis miedos y los maquillo con risas,
buscando desesperadamente una salida.

Te amo, ¿me amas?
La respuesta es evidente, pero no es suficiente.
Sin evitarlo pienso:
¿seguirás ahí aun cuando te muestre todo de mí?
Mis miedos, deseos, anhelos y sueños,
mi historia, mi presente.
No quiero agobiarte, te lo digo fuertemente,
y perdón por no poder entenderme.
Aun sabiendo lo que tengo, el miedo es latente.

A veces me quedo mirando a lo lejos,
gritando: “¿lo ves? Soy una demente”.
Pero en lo oculto está la verdad,
y la esperanza de ser aceptada toma libertad.
Te amo, ¿me amas? Quiero escuchar,
para así poder descansar,
sonriendo de verdad y poder contestar:
“Con mi alma, hasta la eternidad”.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.