Una brisa surca mi camino.
Es agradable, fresca, pero a la vez distante.
Me acompaña sin preguntas, sin quejas o molestias.
Yo la sigo, lento, constante, con una sonrisa que parece no cansarse.
Mirando hacia adelante sin vacilar,
tarareo una suave melodía que me acompaña a mi destino.
Un lugar... con una persona en particular.
Al principio fue un conocido.
Cruzamos palabras unas cuantas veces.
Me mostraste una sonrisa y supe que no quería ser tu amigo.
No cuando podía pasar horas hablando contigo.
No cuando quería saber más de ti.
Fue ahí cuando lo decidí: quería estar en tu vida.
Acompañarte, cuidarte.
Y, si me lo permites, amarte.
La brisa se esfuma, pero ya no es necesario seguirla.
Estás aquí, frente a mí.
Mirándome con aquellos ojos azules tan brillantes como profundos.
Me saludas y sonrío, sintiendo mi corazón latir más fuerte.
Como si quisiera que lo escucharas llamarte.
Y es cuando pienso por un leve momento:
no podemos ser amigos,
porque comencé a enamorarme de ti.
Pero no pienso rendirme.
Soy perseverante, insistente.
Así que espero que mis sentimientos puedan llegar a tu corazón hoy y siempre.
#1197 en Otros
#183 en Relatos cortos
#3880 en Novela romántica
miedos secretos romance, ansiedad y amor, inseguridad confusión
Editado: 21.04.2026