Alma En Juego

CAPÍTULO 01

— 01 —

LOGAN

Okey, tal vez estaba cometiendo un error al creerle al chico. Fue muy claro ver que era agresivo. Pero no tenía cara de mentir. Solo que su sangre en el rostro y manos me hace dudar.

Luego la chica que estaba tirada, enfrente de las escaleras no ayudaba para nada con su aspecto agresivo, y no solo eso. Lo era. Me golpeó con un pedazo de una base de metal que pertenecía a alguna mesa, tal vez de vidrio. Me partió la sien y sangraba. Yo no le hice nada.

Pero, la pelirroja...en cambio, no parecía nada de eso. Aunque las apariencias engañan, ¿no?

Como Ellise.

—¿Qué haremos después de amarrarla? —pregunté, dudoso de los movimientos que hacía con la cuerda. Yo le rodeaba la cuerda alrededor de las muñecas de la desmayada, sin demasiado cuidado para mi gusto. Puse una mueca al terminar. Sus pies, muñecas y abdomen quedaron rodeados de cuerdas gruesas y apretadas. Su cuerpo lo dejé tirado ahí en el suelo de la cocina en donde le habían dado el golpe —No me parece buena idea dejarla aquí. ¿Fingiremos que no pasó nada aquí? —comencé a sudar de los nervios. ¿Y si casualmente la policía llegaba? Me iba a dar un infarto.

—¿Era necesario amarrarla del abdomen? —frunció el ceño, mirándome con su mirada gélida que me llegaba hasta el alma. Luego miró a la chica con desinterés.

—Impide que se mueva mucho —comenté, asintiendo con la cabeza lentamente para mí mismo.

—Ah... —me volvió a mirar y regresó su mirada a la chica, dudando y desconfiando de mis técnicas —. A la asiática también. La traeré y la amarraré —avisó mirándome de reojo antes de avanzar hacia el pasillo que me daba miedo.

Caminé tras él, ignorando el hecho de a dónde iba. Dudé de mi decisión varios segundos mientras lo seguía con grandes zancadas. Si que caminaba rápido. Aunque de algo si estaba muy seguro, y ese algo era la chica. Necesitaba ayuda.

—¿Qué? —susurré más para mí que para él. Cruzamos el pasillo más rápido de lo que esperé —. No. Ella necesita ayuda... —le dije con voz temblorosa. La chica si estaba muy mal. Me preocupaba más que nada, sus quemaduras y la sangre derramada — médica.

—No hay médicos por aquí —giró sobre su propio eje, quedando cara a cara. Dio un paso a mí y retrocedí dos. Puso los ojos en blanco, molesto y cansado de algo. Sentí que ese algo era yo —. Déjala morir. Ya luego se sabrá si necesitaba ayuda o no. Si sobrevive es porque no la necesitaba. Y si muere, entonces sí la necesitaba.

Di un paso atrás tratando de comprender sus palabras. ¿No le importaba verla así de mal?

—Solo la ayudaremos —intenté convencerlo. Pero por su cara de asco hacia mí, ya me sabía la respuesta. Creo que era comprensible no querer ayudar a alguien que te atacó. Haría lo mismo...pero yo no soy así.

—No voy a ayudarla —se cruzó de brazos, analizándome con la mirada, arqueando una ceja. Me empezaba a incomodar con esas miradas tan amenazadoras —¿Por qué quieres ayudarla? —dio otro paso más a mí como si quisiera intimidarme más — ¿Se conocen?

—No —alcé un poco el mentón, intentando demostrar que no me intimidaba para nada, aunque mis ojos mostraban casi lo contrario. En su rostro se dibujó una sonrisa torcida que a cualquiera le daría miedo.

—¿Entonces? —negó descontento e irritado —¿Sabes que si te acercas puede patearte y matarte? ¿Quién crees que me lastimó de esta manera? —señaló su rostro bruscamente, aguantando la fuerza que de seguro eran las ganas de abofetearme. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo e hizo que mi mente se desvaneciera por un segundo, la respiración se fue de mis pulmones, mi cuerpo se heló.

Mis piernas flaquearon mientras sentía que los poros de mi piel se dilataban como un gran agujero negro para dejar entrar a algo que sentía arrastrándose dentro de mis venas. Los sentía como pequeños hilos que también intentaban invadir mi nariz y mi garganta. Tal vez no estaba soportando esa sensación. Me había tomado por sorpresa y parecía querer matarme.

GEILAR

No tenía ni idea de que le estaba pasando al chico loco, pero sin duda, daba miedo con esos ojos negros completamente, la boca abierta mostrando cuanta fuerza estaba haciendo y sus venas se notaban cada vez más. Se tornaron de un color morado con verde, como si fuera un moretón. Lo que sea que estuviera haciendo, hacía que se lastimara de alguna manera más brusca.

Mis ojos se abrieron más cuando solito un chillido demasiado potente. Mi cuerpo paralizado pudo volver a moverse con solo escuchar un poco más de lo esperado.

Flores lilas se me vinieron a mi mente. Casas de diferentes tonalidades. Un mercado grande y abandonado.

Mejor me fui de ahí antes de que esos recuerdos me invadieron y que, posiblemente quedé igual que el chico.

La locura tal vez nunca se apiadó de mí y lo supe en ese momento.

El río se ha secado en mí.

Necesitaba llenarlo nuevamente.

Caminé tranquilamente hasta el otro lado del pasillo. De una pequeña puerta de madera al lado de unas escaleras, en la cocina, saqué una cuerda como la que el chico usó con la pelirroja que estaba tirada a mi lado. Habíamos buscado cuerdas en toda la casa y, ¿Quién diría que estaban en la cocina, en un pequeño armario? Era un buen escondite.




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