Alma, en una imagen

Prologo

Prologo

    Aun puedo recordar aquella noche, apenas era una niña. Viendo televisión con mi padre, esperando con ansias la llegada de mi madre, que había tenido que viajar al extranjero para realizar una entrevista sobre ideas políticas.

    Fueron tres meses de espera, tres meses anhelando un abrazo de mi madre, deseando un beso de despedida cada noche. Mi padre lo hacía, aunque para mí, nunca fue lo mismo. Yo lo amaba pero siempre fui más apegada a ella, mi madre siempre fue mi confidente, siempre fue mi mejor amiga.

    Mi hermano dormía en el sofá, había dicho que esperaría con nosotros pero apenas se hicieron las doce de la noche no pudo con el sueño y cayo rendido. Mi padre en un rincón del sofá, sentado, luchando con el sueño, de vez en cuando cabeceaba pero apenas escuchaba el televisor cambiar, se levantaba un poco sobresaltado, yo lo veía y me reía disimuladamente, me parecía cómico como se enaltecía mirando hacia la entrada como pensado que sería mi madre que por fin rompería nuestra larga espera. Yo cambiaba de canal una y otra vez, nunca en toda mi corta vida me había parecido la televisión tan aburrida como aquella noche, era como que todos los canales ese día hubieran decidido no pasar nada entretenido para que a una niña, que simplemente esperaba a su madre, la espera se le hiciera más corta.

    Afuera llovía, había empezado un poco después que mi hermano se quedó dormido. Mi padre lo había predicho un par de horas antes, ya que en más de una ocasión nos habíamos asomado por la ventana, habíamos visto que la noche estaba tan nublada, tan espesa, tan pesada que ni siquiera a la luna pudimos observar, no vimos ni una sola estrella. Sólo nubes, sólo frías y oscuras nubes.

    Jamás olvidaré ese sonido, fue como una alarma, como un grito, el ruido que opacó el del televisor. Yo me volteé rápidamente y mi padre reaccionó, ya que de nuevo había cabeceado allí en el sofá. Respondió el teléfono –Sí, diga- después de esas palabras no recuerdo que haya dicho algo más, sólo vi como sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas, quería saber que le estaba diciendo la voz al otro lado del teléfono, que le dijo que lleno sus ojos de preocupación y miedo. Colgó.

    Procedió a levantar a mi hermano, me tomo de la mano y nos llevó hacia el auto, no me atreví a realizar ninguna pregunta por temor a que fueran malas noticias. Pensaba en mi madre, tenía el presentimiento que algo le había pasado. De repente comencé a llorar. Mi hermano se sorprendió, no recuerdo haber visto a mi padre, sólo a mi hermano que estaba conmigo en el asiento trasero del auto. Él me abrazo diciendo: Que todo estaría bien. Aunque pude ver en su mirada que no entendía nada de lo que estaba pasando. Yo simplemente no pude detener el llanto hasta que llegamos al hospital.

    Entramos por el área de emergencia, yo solo veía a personas vestidas de blanco corriendo hacia todas partes, personas llorando con otras que las consolaban. Escuchaba gritos de dolor, de sufrimiento, incluso de miedo. Me sentía insegura ante todo ese ambiente, así que sólo opte por aferrarme a mi padre, el cual se veía más inseguro que yo.

    Él miraba hacia todas partes, hasta que por fin, pudo encontrar a un médico. Entablaron una conversación y el doctor guiaba a mi padre hacia una habitación, yo iba aferrada a él y mi hermano detrás de nosotros mirando a todos los pacientes de emergencia. Apenas llegarmos mi padre se asomó por la ventana he inmediatamente aparto la mirada. Yo por la curiosidad también me asomé y sólo vi a una mujer conectada a muchas máquinas y con una bata de paciente de esas que te hacen poner los doctores. La vi llena de heridas por todo el cuerpo. Sólo por la expresión que tenía mi padre pude comprender que esa mujer que estaba tendida allí en esa cama, era mi madre.

    Mi padre seguía conversando con el médico, acto seguido, él hace que lo suelte y entra a la habitación. Inmediatamente miro por la ventana. Veo que se acerca a mi madre, a esa mujer inmóvil, acostada en esa cama de hospital que la única señal que daba de vida, era su monitor cardiaco. Indicando que su corazón, aún tenía pulso.

    Le toma la mano, noto que sus labios se mueven, no sé qué le estaría diciendo en ese momento, solo veo que se sienta a su lado y comienza a llorar. Se coloca las manos tapándose la cara y de repente, levanta la mirada y mira a mi madre, allí me doy cuenta que el monitor cardiaco se detiene y comienzo a escuchar una especie de chillido en mi oído.

    Médicos y enfermeros empiezan a entrar y salir de la habitación, mi padre se aferra al cuerpo de mi madre, no la quería soltar, los doctores lo agarraron, mi padre solo gritaba: ¡No, no puedes hacerme esto! ¡No me abandones ahora! ¡ALICIA!.

    Cuando los médicos por fin lo lograron sacar de la habitación, mi padre se arrodilla ante mi hermano y a mí. Mi hermano había estado a mi lado todo este tiempo, no me había percatado de su presencia. Había presenciado todo igual que yo. Sin embargo por las lágrimas en sus ojos lo había entendido mejor que yo.

    Me encontraba perdida en el chillido del monitor cardiaco. Sólo vi a mi padre llorando delante de nosotros. Cuando nos abraza y escucho su voz, tan potente, tan fuerte que con sus palabras rompieron mi frágil corazón: Lo siento, chicos, lo siento tanto, su madre se ha ido.



Paúl A. Moran

Editado: 24.08.2018

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