Alma & EspÍritu (libro 3)

5

Al día siguiente, hice la llamada semanal a mi madre. Así es, la llamaba cada semana para contarle lo «maravillosa que era la casa de amiga». Estaba decidida a saber cómo era que me había convertido en un demonio, pero esas respuestas sólo las tenía Frederick. Lo encontré fuera del infierno, sentado en un pedazo de piedra observando la luz del sol.

—¿Me lo dirás ya? —dije sentándome a su lado.

—Eres un demonio, no debería importarte. —respondió sin dejar de mirar al sol.

—Pues me importa.

La luz del sol pegaba directamente a sus ojos, y esto hacía que una parte de ellos tuviera un toque rojizo.

—Es esa parte de tu alma la que te hace preocuparte por los que te rodean. Estoy feliz de que eso no ocurra conmigo. Lo que te dije ayer es cierto. Tú y yo somos sólo un error que surgió de ángeles y demonios.

—¿Y eso qué significa?

—Tú también eres híbrida. Híbrida de ángel de cristal y de demonio. Verás, mi alma es un veinte por ciento ángel de cristal y ochenta por ciento demonio. Por lo que sé, la tuya es cincuenta y cincuenta.

¿Yo? ¿Híbrida? Eso es imposible, Frederick es híbrido por sus padres, pero yo...dudo mucho que mis padres sean seres paranormales. De hecho, estaba convencida de que son solamente humanos.

—¿Y cómo es que no me di cuenta de eso antes?

—En realidad no lo sé. Debiste identificar las señales. Alas de fuego, el dolor que sentiste al matar aquel demonio, pero sobre todo la señal más obvia: tu colguije contra demonios. La primera vez que te lo pusiste después de morir quemó tu piel, porque tú eras un demonio intentando utilizar armas contra ti misma.

—Mis padres no son paranormales. —expresé levantandome de su lado.

Pensándolo mejor, en realidad no estaba muy segura. Últimamente cada que creo en algo resulta ser todo lo contrario. Aún así, me reuso a pensarlo.

—Eso lo sé. Tus padres son sólo unos simples humanos. Tú eras una humana que al morir convirtieron en un ángel de cristal. Pero... Alguien quiso tu alma no fuera 100% pura. Alguien quiso que tu alma fuera un cincuenta por ciento malvada.

Me costaba trabajo creer lo que me decía Frederick. ¿Está prácticamente diciéndome que soy un demonio sólo porque alguien así lo quiso?

—¿Y quién pudo haber hecho algo así? —pregunté.

—Yo. —respondió orgulloso.



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En el texto hay: misterio, angelesydemonios, amor

Editado: 08.12.2018

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