Alma gris

¿Quién eres?

"Lucian..."

Un suave murmullo resonó en medio de la oscuridad.

'¿Quién... me llama?'

"¡Lucian, despierta!"

Lucian abrió lentamente los ojos. A su lado había una niña con las manos apoyadas en la cintura.

"¡Al fin despiertas! No te habrás olvidado de lo que me prometiste, ¿verdad?"

"Por supuesto que no. Solo me quedé dormido... perdóname por eso, ¿sí?"

Lucian se rascó la mejilla con una sonrisa avergonzada.

La niña lo observó durante unos segundos antes de asentir, aparentemente satisfecha.

"Está bien, te perdono"

"¡Déjamelo a mí! ¡Hoy será un gran día!"

Lucian sonrió con orgullo, como si acabara de hacer una promesa importante. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de continuar, se detuvo y miró fijamente a la niña.

"Por cierto, ¿puedo preguntarte algo?"

"¿Qué cosa?"

"¿Quién eres...?"

Desde que había despertado, Lucian se había dado cuenta de que aquel no era su dormitorio ni tampoco el Bosque Efímero.

Intentó examinar los alrededores con más atención, pero los detalles se desvanecían cada vez que trataba de enfocarlos.

Por lo poco que podía distinguir, se encontraba dentro de una casa desconocida.

Pero eso no era lo que más le intrigaba.

Era la niña que tenía delante.

No podía ver su rostro.

Sus facciones eran borrosas, como si estuviera mirando a través de un cristal empañado.

Lo único que podía distinguir de ella era su tierna y dulce voz. Cada vez que la escuchaba, sentía un cosquilleo en el oído.

"Qué cosa tan rara dices...", la niña inclinó la cabeza, "Parece que todavía estás medio dormido"

Lucian se rascó la mejilla.

¿Qué debería decirle?

Aunque, pensándolo bien... ¿de verdad debería decir algo?

Después de todo, solo era un sueño.

"No importa", murmuró finalmente, suspirando mientras negaba con la cabeza.

"¿Qué se supone que haga?", preguntó, sin saber qué más decir.

La niña parpadeó, o al menos, eso pensó Lucian.

"¿En serio me estás preguntando eso?"

Su voz perdió dulzura.

¿Dijo algo malo?

Lucian no sabía cómo explicarlo, pero estaba seguro de una cosa. Aquella niña estaba enfadada con él.

Y, por alguna razón, sentía que debía disculparse de inmediato.

"Lo siento. Mentí... en realidad, no sé qué está pasando"

No tuvo otra opción que ser sincero.

La niña dejó escapar un suspiro de frustración.

"Ayer dijiste que tendríamos una cita. Pero antes de eso, comeríamos en tu casa"

Lucian parpadeó.

¿Le pidió una cita a una niña pequeña?

Definitivamente, era un sueño extraño.

Sin embargo, ya que no sabía cuándo despertaría, decidió seguirle el juego por curiosidad.

Se levantó de la cama y se volvió hacia ella con una expresión solemne.

"¿Sería tan amable de guiarme, oh, gran señora?"

"Jejeje, ¿qué estás diciendo?"

La niña se echó a reír, aparentemente divertida por su ocurrencia.

"Vamos, por aquí"

Dicho esto, se dio la vuelta y comenzó a caminar. Lucian la siguió sin protestar.

Al apoyar los pies en el suelo, sintió la madera bajo las plantas de sus pies. Era una sensación sorprendentemente real.

Además, algo parecía fuera de lugar.

Los muebles... ¿no eran demasiado grandes?

"Ah"

Lucian se detuvo y bajó la mirada hacia su propio cuerpo.

Entonces lo comprendió.

¡Él también era un niño!

Se examinó de arriba abajo, desconcertado.

Después comparó su estatura con la de la niña que caminaba delante de él.

Tenían aproximadamente la misma altura.

No, viéndolo bien, ¡ella era un poco más alta!

"¡Jajajajaja!"

Lucian no pudo contener la carcajada.

"¿Eh? ¿De qué te ríes?"

"N-Nada... solo pensaba que si Wendy me viera ahora, se preocuparía mucho por mí"

"¿Wendy?", la niña frunció el ceño, o al menos eso le pareció a Lucian.

"¿Quién es esa?"

"¿Eh?... pues..."

Por alguna razón, Lucian sintió una extraña sensación de peligro, por lo que decidió cambiar de tema rápidamente.

"¡Mira, ahí está la mesa, vamos!"

Antes de que la niña pudiera decir algo más, Lucian corrió hasta la mesa y tomó asiento.

Entonces, dirigió la mirada hacia lo que había encima.

Dos platos de avena y una carta.

"¿Y esto?", preguntó mientras tomaba la carta.

"Creo que es de la tía. Me la encontré antes de entrar", respondió la niña, sentándose a su lado y olvidando por completo la pregunta anterior.

"¿Tía?"

"Hablo de tu mamá... ¿qué te pasa?"

"....."

Mamá...

Lucian soltó una pequeña risa al pensar en ello.

¿Acaso hasta sus propios sueños se estaban burlando de él?

Negó con la cabeza y abrió la carta, sintiendo una ligera expectativa.

Aunque solo fuera su mente gastándole una broma, no podía evitar sonreír un poco ante la idea de volver a recibir una carta de su madre.

Solo una pequeña frase estaba escrita.

<No lo arruines>

Lucian parpadeó y ladeó la cabeza, sin comprender.

¿Qué no debería arruinar?

"Déjame ver"

La niña se acercó para leer la carta por encima de su hombro. Cuando terminó, también inclinó la cabeza.

"Qué raro. Cuando me la encontré, la tía me dijo que no permitiera que lo arruinaras... ¿Qué no debería arruinar?"

"¡Pfff... jajajja!"

"¿Eh? ¿Y ahora qué te pasa?"

"Aún... eres muy joven... para entender... jajaja"

"¡Pero soy mayor que tú!"

"¡¿Eh?! ¡¿En serio?!"

La niña decidió dejar de prestarle atención y empezó a comer.

"Mmm... de verdad... la tía... es la mejor... en la cocina"

"No hables con la boca llena..."

Lucian bajó la mirada hacia su propio plato. Tomó la cuchara y probó un bocado.

"¿Mm?"

Sus ojos se iluminaron.

"De... verdad... está... muy... delicioso"

"Jejeje... no hables con la boca llena"

Lucian terminó rápidamente su plato y dirigió la mirada hacia el de la niña, que todavía estaba a medio terminar.



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En el texto hay: romance, aventura, cultivación

Editado: 14.10.2026

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