Lucian permaneció mirando al vacío, sumido en sus pensamientos.
Recordaba aquel extraño sueño de principio a fin.
La avena, el bosque, los conejos y, por supuesto... la niña.
Por más que lo intentara, no conseguía recordar su rostro con claridad. Y, al final, ni siquiera había podido escuchar su nombre.
De alguna manera, aquello le dejaba una sensación de tristeza.
"¿....?"
Lucian salió de sus pensamientos al notar algo que presionaba suavemente su pecho.
Bajó la mirada y parpadeó, sorprendido.
Momo estaba acostada sobre él, aparentemente dormida.
Una sonrisa traviesa apareció en el rostro de Lucian.
'Jejeje... esta es mi oportunidad'
Estiró lentamente el brazo, dispuesto a acariciarle la cabeza mientras dormía.
Después podría contarle lo sucedido y disfrutar de su reacción.
Sin embargo, cuando su mano estaba a apenas unos centímetros de la cabeza de Momo, se detuvo.
"....."
Algo no estaba bien.
Lucian la observó con más atención y entonces lo notó.
Momo estaba temblando.
No parecía tener frío. Lucian estaba seguro de ello.
Aquellos temblores eran distintos, como si estuviera intentando protegerse de algo que no podía ver.
Era miedo.
¿Pero a qué?
¿Había sucedido algo mientras él estaba inconsciente?
Antes de que pudiera encontrar una respuesta, Lucian vio cómo unas lágrimas comenzaban a deslizarse por los ojos cerrados de Momo. Su pequeño cuerpo tembló con más fuerza y de su garganta escaparon unos sonidos débiles, cargados de angustia.
"Ma... má..."
"....."
Lucian suspiró.
¿Acaso todas las madres tenían que separarse de sus hijos pequeños?
Se quedó viéndola por un momento más, hasta que la levantó con cuidado y la acomodó entre sus brazos, procurando no despertarla.
"Perdóname esta vez, ¿sí?"
Murmuró aquellas palabras antes de empezar a acariciarle suavemente la barriga con movimientos circulares hacia la derecha.
No sabía por qué, pero tenía la sensación de que eso era lo que debía hacer.
Los resultados fueron casi de inmediato.
Los temblores de Momo comenzaron a disminuir poco a poco. Su respiración se volvió más tranquila y los pequeños sonidos de angustia desaparecieron. Al cabo de un rato, las lágrimas dejaron de brotar de sus ojos.
Finalmente, Momo se quedó dormida en sus brazos, con el cuerpo relajado y una expresión mucho más apacible.
Lucian bajó la mirada hacia ella.
"Parece que no eres tan dura como creí"
Sonrió levemente, sin burlarse de ella esta vez.
Después de permanecer así durante unos minutos, asegurándose de que Momo se encontraba bien, la depositó con cuidado en el centro de la cama.
Lucian la observó un instante más antes de levantarse y salir de la habitación.
Tenía algo que hacer.
Se dirigió al cuarto de su padre.
Por la oscuridad que envolvía los pasillos, dedujo que ya era de noche. Su habitación había permanecido iluminada gracias a los cristales mágicos de luz, pero el resto de la casa parecía mucho más tranquilo a aquellas horas.
Cuando llegó a la puerta del despacho de Hargen, vio que una tenue luz se filtraba por la abertura.
Sin molestarse en llamar, empujó la puerta y entró.
El interior también estaba iluminado por varios cristales mágicos. Hargen se encontraba sentado detrás de su mesa, revisando una pila de documentos.
Al escuchar el ruido de la puerta, levantó la cabeza.
"Me alegra verte en plena forma", dijo con una expresión tranquila, "Ya que sigues entrando sin tocar antes..."
"¿Te molesta? Como ves, soy alguien difícil de tratar"
Lucian levantó la nariz con aire orgulloso, como si acabara de presumir de una cualidad admirable.
Hargen lo observó durante unos segundos antes de levantarse.
Su expresión se volvió seria mientras caminaba hacia él.
Lucian sintió que se le encogía un poco el corazón.
¿Estaba enfadado con él?
No podía ser.
¡Todo lo que había ocurrido no había sido culpa suya!
Bueno, quizá el problema inicial sí había sido responsabilidad suya... pero lo que sucedió después no tenía nada que ver con él.
Al menos, eso quería creer.
Hargen se detuvo frente a él.
Tic
"¡Ay!"
Lucian se llevó una mano a la frente y retrocedió medio paso, frotándose con cuidado el lugar donde había recibido el golpe.
"Eso dolió..."
Hargen retiró el dedo y dejó escapar una pequeña sonrisa.
"Me alegra que estés bien"
"....."
Lucian dejó de frotarse la frente.
Por un momento, no supo qué responder.
La sinceridad en la voz de Hargen era imposible de ignorar.
Lucian apartó la mirada y se rascó la mejilla, algo avergonzado.
No estaba acostumbrado a enfrentarse directamente a esa clase de preocupación.
Y, antes de que el silencio volviera incómodo el ambiente, decidió abrir la boca.
"¿Qué pasó al final?"
"¿Al final?"
"Me refiero a cómo terminó todo en el bosque"
Hargen parpadeó, sorprendido por la pregunta.
"¿No lo recuerdas?"
Lucian se encogió de hombros.
"Recuerdo que aplastaste a esa bestia demoníaca, pero..."
Su voz se apagó mientras intentaba ordenar sus recuerdos.
Todo lo que había ocurrido después era borroso. Apenas conservaba algunas imágenes confusas y la sensación de haber pensado en Wendy justo antes de perder el conocimiento.
"....."
Wendy...
Lucian suspiró, abatido.
Tarde o temprano tendría que hacer aquella pregunta. Aunque ya conocía la respuesta, una parte de él todavía deseaba estar equivocado.
"¿Cuándo... se fue Wendy?"
Por lo que había ocurrido durante aquel extraño sueño, era evidente que ella ya debía de haberse marchado.
Sí... era lo mejor.
Los ojos violetas de Hargen se posaron en su hijo. Al notar la tristeza que intentaba disimular, su expresión se suavizó.
Editado: 31.10.2026