El trío llegó a un pequeño establecimiento. Era pequeño y modesto. Un mostrador de madera ocupaba buena parte del interior, acompañado por cinco asientos donde los clientes podían sentarse a comer.
Como no había clientes en ese momento, Lucian se acercó a uno de los asientos principales y se sentó de inmediato. Momo se acomodó en la silla de al lado.
"¡Viejo Cheng! ¡Dame lo de siempre... y que sean tres porciones!", llamó con naturalidad, sin esperar demasiado para recibir una respuesta.
"¡Lucian!".
Una voz grave resonó desde el interior del establecimiento.
"¡Hace tiempo que no te veía por aquí!"
"Como sabes, he estado algo ocupado"
Lucian se encogió de hombros.
"¿Ocupado, dices?"
El viejo Cheng torció una sonrisa.
"¡Si te pasaste todo ese tiempo durmiendo!¡Hasta Wendy se aburrió de esperarte y terminó marchándose!"
"... Eres cruel"
"¡Jajajaja!"
"¡No te rías!"
El viejo Cheng soltó una carcajada que hizo temblar su enorme barriga. Sin embargo, al cabo de un momento, su expresión se suavizó mientras observaba a Lucian.
"Debió de ser duro no poder despedirte de ella, ¿verdad?"
"Pues sí... fue muy duro"
"Pero eso no significa que vaya a hacerte un descuento"
"No tienes corazón..."
"¡Jajajaja!"
Lucian negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa permaneció en su rostro.
Conocía al viejo Cheng desde que era muy pequeño. Durante años, había acudido a su puesto por las mañanas para comer junto a Wendy, aunque últimamente solía venir solo.
Sobre todo después de haber estado inconsciente.
Para Lucian, el viejo Cheng era alguien cercano a quien apreciaba mucho. También sabía que aquellas bromas eran su manera de animarlo y evitar que se quedara pensando demasiado en la partida de Wendy.
Mientras tanto, el viejo Cheng dirigió una mirada curiosa hacia las dos criaturas que acompañaban al muchacho.
"Dijiste tres porciones... ¿son para tus mascotas?"
Momo frunció el ceño en cuanto escuchó esa palabra.
Lulu, por su parte, inclinó la cabeza con inocencia.
'¿Qué es una mascota?', preguntó con curiosidad.
'Hmph. Es la posición más baja que puede ocupar una bestia', respondió Momo, visiblemente ofendida.
Incluso dejó escapar un pequeño gruñido en dirección al viejo Cheng.
"Vaya, ese perrito tiene bastante carácter"
El viejo Cheng sonrió, encontrando adorable su reacción.
Lucian estuvo a punto de reírse, pero se contuvo. No quería empeorar todavía más el humor de Momo.
"Ella es Momo y el pollito es Lulu"
No tuvo más remedio que presentarlas.
"¿Lulu? ¿Es el pollito de Wendy?"
El viejo Cheng observó con atención a la pequeña criatura antes de negar con la cabeza.
"No, imposible. Es demasiado diferente"
Lucian se limitó a encogerse de hombros, sin ofrecer ninguna explicación.
"No te preocupes por los detalles. Y sí, los platos son para ellas. Ya sabes que, desde siempre, tanto cuando vengo solo o con Wendy, aunque pida comida de más, nunca dejo nada en el plato"
"Es cierto. Entonces, esperen un momento. Enseguida estará todo listo"
El viejo Cheng sonrió antes de dirigirse a la cocina.
'Entonces... ¿qué es?', preguntó Momo, incapaz de contener su curiosidad.
'¡Yo comeré cualquier cosa que mi papá diga!', exclamó Lulu, batiendo sus pequeñas alas con hambre.
"Solo esperen. Si no les gusta o no pueden comerlo, me lo pasan y pediré otra cosa"
Lucian se frotó las manos con una sonrisa astuta, como si hubiera planeado todo desde el principio.
'Por cierto... ¿a qué se dedica esta ciudad? He visto varios carruajes transportando cajas', preguntó Momo mientras observaba el constante ir y venir de los carruajes.
"Ciudad Violeta es la mayor exportadora de cristales mágicos de toda la región sur"
Lucian respondió con cierto orgullo.
'¿Eso significa que puedes conseguir cristales mágicos cuando quieras?'
Los ojos de Momo brillaron con interés.
"Nunca le he pedido eso a mi padre. Además, aparte de los cristales de luz, no utilizo otros"
Lucian negó con la cabeza.
'Mmm...'
Momo quedó pensativa durante unos instantes.
'¿Y son deliciosos?', preguntó Lulu, ansiosa por probar esos cristales.
'No creo que sean algo que puedas comer...'
Mientras conversaban, el viejo Cheng salió de la cocina cargando tres platos humeantes.
"Aquí tienen su pedido. Si quieren más, díganmelo"
Los colocó frente a ellos con una amplia sonrisa.
"¡Guiso de conejo...! Un manjar de los cielos"
Lucian contempló el plato con emoción antes de hincarle el diente.
Desde que tenía memoria, aquel había sido uno de sus platos favoritos. Incluso antes de probarlo por primera vez, ya le gustaba.
Momo olfateó su porción con cautela y luego probó un pequeño bocado. Al comprobar su sabor, comenzó a comer con evidente satisfacción.
Curiosamente, sus modales eran mucho más refinados que los de Lucian.
'¡Está delicioso!'.
Lulu, en cambio, picoteaba con entusiasmo, devorando la comida a una velocidad sorprendente para su pequeño tamaño. En poco tiempo, buena parte de su plato había desaparecido.
El viejo Cheng observó la escena con una expresión tierna.
Por un instante, recordó aquellos días en los que los dos niños solían acudir juntos al establecimiento y comer con el mismo entusiasmo. Ahora solo uno de ellos estaba allí.
Aun así, al verlo acompañado y sonriendo, no pudo evitar sentirse un poco más tranquilo.
"¡Oye viejo, me muero de hambre! No creo que estés tan anciano como para olvidar las cosas tan rápido"
Lucian bromeó mientras dejaba su plato completamente limpio... después de darle unas cuantas lamidas.
Cheng soltó una carcajada. Satisfecho con la escena, recogió el plato y regresó a la cocina.
Por otro lado, en un callejón al que apenas llegaba la luz del sol.
Editado: 31.10.2026