Hargen contempló una vieja fotografía en la habitación de Lucian. En ella, su hijo de apenas cinco años sostenía a Wendy, de cuatro, como si fuera una princesa. La expresión de esfuerzo en el rostro del pequeño mostraba claramente que estaba usando toda su fuerza para no dejarla caer.
Sonrió con nostalgia. Extrañaba esos momentos: sus hijos jugando por toda la casa, riendo, gritando, llenando de vida cada rincón. A pesar de lo que ocurrió con su esposa, hizo todo lo posible para que ellos crecieran sin cargar con ese dolor. Por eso, aún después de todo, vivieron esos años con relativa felicidad.
Pero de repente, suspiró con tristeza.
Recordó entonces cómo, de forma indirecta, él mismo fue quien dejó la información de la secta al alcance de Wendy.
Ella se fue por voluntad propia… pero, al final, fue él quien la empujó a hacerlo.
Pero no tuvo opción.
La situación actual era demasiado peligrosa.
No tenía el valor de contarle la verdad. Conocía bien a su hija. Si ella supiera la verdad, definitivamente querría quedarse, aún sabiendo que no sería de mucha ayuda.
Ya perdió a su esposa.
La frustración, el odio, la impotencia... no quería experimentarlo de nuevo.
Tenía planeado hacer que Brian y Lisa se llevaran a Lucian antes como precaución. Para alguien como Hanz Velon, un par de caballeros malditos y una persona normal no serían un obstáculo. Las probabilidades de seguirlos eran bajas.
Pero ahora era diferente.
Lucian mostró cualidades inesperadas. Fue capaz de vencer a Hector en un uno contra uno. Según lo que contó la pareja, incluso tuvo la oportunidad de matarlo. Pero su hijo pensó en las consecuencias generales y no lo hizo. Eso fue muy maduro de su parte.
En cualquier otra situación, sería una bendición que su hijo tuviera esas capacidades.
Pero ahora, era una maldición.
Ahora Hanz Velon no querrá dejarlo ir.
Todo era un desastre. Lo único que deseaba, era que sus dos hijos vivieran bien.
Nada más.
Y ahora, Lucian desapareció de repente. Otro problema más a la lista.
"¿A dónde pudo haber ido...?", Hargen suspiró con frustración. Estaba seguro que no fue un secuestro, el tiempo entre los acontecimientos era muy corto.
Hanz Velon posiblemente solo ve a Lucian como una piedra en el zapato, pero una piedra que no tenía su prioridad absoluta.
En ese momento, algo tiró de su ropa.
Hargen se sorprendió, no había sentido ninguna presencia.
Al bajar la mirada, parpadeó un par de veces.
Un cachorro lo miraba desde abajo.
¿De dónde salió?
Estaba seguro que solo tenía a Momo y a Lulu en la mansión.
El pequeño lobo parecía querer algo, pero dudó... y luego suspiró.
"H-hola...", murmuró el pequeño, con voz temblorosa.
Hargen retrocedió instintivamente, atónito. La criatura había hablado, sí, pero eso no era lo más impactante.
Esa voz...le resultaba muy familiar.
Un pensamiento salvaje le llegó a la cabeza...pero lo negó rápidamente.
No es posible.
Lucian suspiró, esperaba esa reacción, pero necesitaba contarle todo. No entendía lo que le pasaba, y aunque su padre tampoco tuviera respuestas, al menos buscaba consuelo.
"Es... difícil de creer, pero las cosas terminaron así"
"....."
******
Tras el anuncio de Hargen sobre la aparición de su hijo, la habitación de Lucian quedó en silencio. Solo permanecieron él, Brian, Lisa, Momo, Lulu y Lucian.
Lulu, como de costumbre, estaba acomodada sobre la cabeza de Lucian, su pequeña figura erguida con tranquilidad, como si aquel fuera su trono natural.
Momo descansaba en la cama, con el cuerpo relajado y los ojos entrecerrados, aunque era evidente que no dormiría ahora.
Hargen, Brian y Lisa ocuparon algunas sillas. Sin embargo, Lisa desentonaba por completo con la calma de los demás: sus hombros temblaban levemente, traicionando la risa contenida que amenazaba con estallar en cualquier momento.
Sus ganas de reírse a carcajadas eran fuertes, pero su gratitud hacia Hargen lo era aún más.
Hargen, por su parte, tenía el rostro endurecido. Las cosas no hacían más que complicarse. Ya había escuchado de boca de la pareja todo lo sucedido antes de su llegada: el poder que había demostrado Lucian, Lulu revelándose como una bestia mágica capaz de absorber el ataque más poderoso de Héctor… y ahora, para colmo, Lucian se había convertido en un lobo.
Todo era tan extraño.
Nunca había escuchado algo así en su vida. Una persona sin cultivar ganándole a otro que sí lo hace.
Claro que los caballeros malditos son un caso especial.
Tampoco era común que un simple animal se convirtiera en una bestia mágica. Por lo general, estas nacen con esa naturaleza desde el inicio.
Y ahora esto.
Hargen miró a Lucian, quien no paraba de gruñir a Lisa con obvia molestia.
"Lucian", Hargen habló en tono solemne, decidió empezar por el inicio.
"¿Por qué estás así?", o eso quería, pero la inquietud en su interior fue más fuerte. No pudo evitarlo, necesitaba saberlo.
"No lo sé", respondió Lucian con voz seca, directo.
"¿Estás seguro?"
"Absolutamente", Lucian contestó seriamente con seriedad.
"....."
Hargen guardó silencio.
Un leve suspiro escapó de sus labios, derrotado.
Si ni siquiera Lucian sabía lo que ocurría, no había mucho que pudiera hacer.
Aceptando esa realidad, se obligó a pasar a los otros interrogantes que rondaban su mente.
Lo primero fue el cómo su hijo había logrado pelear contra Hector... no, más bien, cómo lo había dominado. Aunque Brian y Lisa ya le habían contado lo ocurrido, aún necesitaba escuchar la historia directamente de Lucian.
El muchacho no se hizo esperar y relató los hechos tal como los recordaba, sin adornos ni exageraciones. Sabía que no era momento para eso.
"Lo hiciste bien", comentó Hargen con un tono sereno, "Tus decisiones fueron acertadas, actuaste con una visión amplia del panorama... eso demuestra una madurez que no esperaba. Te felicito por eso", tenía el impulso de acariciarle la cabeza, pero se contuvo al ver a Lulu tan cómoda.
Editado: 08.01.2026