Alma gris

Esperanza

"¡¿Por qué demonios soy el único sin ropa?!", bramó Lucian desde el baño, refugiado tras la puerta como si fuera su último bastión de dignidad.

"Jajajaja, no tienes que esconderte, ya no tienes nada que ocultar... o más bien, no tienes "mucho" que ocultar", el cuerpo de Lisa tembló mientras se sujetaba el estómago.

Lucian apretó los dientes. Cualquier palabra que soltara podía ser usada en su contra.

Lulu inclinó la cabeza.

"¿Qué era esa cosa que le colgaba a papá?"

"No necesitas saberlo", cortó Momo rápidamente, y desvió el tema, "Es extraño... tanto Lulu como yo usamos la ropa que compramos esa vez"

"No recuerdo que tú pagaras", murmuró Lucian en el baño.

"¡Cállate!", gritó Momo sin pensar.

"¿Y de verdad tenemos que discutir eso ahora?", suspiró Hargen, "Estoy feliz de que al menos vuelva a la normalidad"
¡BAM!

"¡Para mí es importante!"

Lucian salió del baño vestido y con la dignidad parcialmente restaurada. Habían visto su escultural cuerpo, pero ahora se preguntaba si se podrá casar alguna vez.

"Entonces vuelvete un lobo de nuevo", Lisa mencionó de repente.

Lucian entrecerró los ojos.

Lisa sonrió, diciendo sus razones.

"Queremos saber si puedes transformarte a voluntad. Además... ¿no te da curiosidad?"

Tenía un punto.

Lucian dudó, mentiría si dijera que no tenía curiosidad, pero...

Apretó los dientes, e intentó volver a ser un lobo.

Extrañamente se le hizo fácil.

¡Puf!

En segundos, su cuerpo se encogió dentro de la ropa, y un pequeño lobo gris asomó la cabeza y miró a todos.

"Al parecer puedo..."

"Aún falta una prueba más", Lisa lo miró como quien espera un espectáculo en primera fila, "Vuelve a ser humano, para estar seguros, aquí y ahora"

"¿Piensas que soy tan estúpido?"

"¿No lo eres?", Lisa preguntó, confundida.

"¿Pero puedes?", preguntó Momo, aguantándose las ganas de soltar una carcajada y burlarse de él desde hace rato. Pero sabía que no era el momento para eso.

Lucian asintió… pero luego lo pensó bien y dijo.
"¿Cada vez que vuelvo a ser humano, estaré desnudo?"

Eso sería una tortura.

"Si, si, la ropa, solo vive con e-- ¡Ahhh!", Momo gritó de repente.

"¡Ahhh!", Lulu repitió el grito.

"¿Qué les pasa?", preguntó Lucian, sorprendido por los repentinos gritos.

"No lo sé... fue como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo de la nada... pero ya desapareció", Momo revisó su cuerpo al responder.

"¡Yo también, yo también!", Lulu agitó sus pequeñas alas con intriga.

Lucian soltó un suspiro.

¿Otra cosa de la que preocuparse?

*******

Hargen regresó a su habitación sintiéndose vacío.

La reunión no dio muchos frutos, y lo de Hanz Velon no hacía más que echarle sal a la herida. Cada día se acumulaban más preguntas, más cargas... y ninguna salida.

Entró en la habitación con el único deseo de cerrar los ojos un momento. Su cuerpo no lo necesitaba, pero su mente pedía un respiro. Sin embargo, una corriente de aire frío le hizo detenerse.

Levantó una ceja. Se dio cuenta que la ventana de su habitación estaba abierta.

¿Las criadas olvidaron cerrarla?

Ya era de noche, y el aire frío en su habitación haría que alguien normal temblara un poco. Pero para Hargen no significaba nada. Pensó que fue un error poco común de las criadas cuándo limpiaron su habitación, por lo que no le dio importancia.

Pero algo captó su atención.

En su escritorio, una tenue luz rasgaba la oscuridad. Un cristal mágico alumbraba una carta, y junto a ella, un frasco con una píldora azul celeste que parecía latir suavemente.

Una sensación incómoda se apoderó de su pecho.

Inspeccionó detenidamente su habitación. Pero no sintió nada ni a nadie. Miró un momento la pildora, para luego ver la carta con sospecha.

Después de dudar un segundo, levantó la carta y frunció el ceño.

"Mi amigo, si te llegó esta carta, entonces mis preocupaciones se desvanecen como no tienes idea"

Era de Danny... o al menos eso parecía.

Hargen reconocía la letra de su amigo. Pero eso era lo extraño.

¿Cómo llegó eso ahí?

¿Quién la trajo?

Con el rostro endurecido, leyó la carta con cuidado.

Decía que no tuvieron ningún problema al llegar a pueblo Sordo. Pero lo siguiente hizo que Hargen entrecerrara los ojos. Se mencionó que Wendy recibió la caja que le encomendó.

Nadie más sabía de esa caja aparte de Danny. Por lo que ahora estaba totalmente seguro que fue él quien escribió la carta.

Continuó leyendo, y una leve risa se escapó de su garganta.

Al parecer, Wendy había hecho una amiga en un bar, por muy mal que eso parezca.

Mía, una chica alegre y atrevida que se ganó la compañía de su hija con una cita repentina que no dejó que ella se negara.

Hargen sonrió con alegría.

Su hija, teniendo una amiga. Era algo que jamás imaginó leer. Siempre estuvo tan pegada a su hermano, tan enfocada en cultivar, que nunca se dio espacio para nadie más.

Aunque fuera una amistad breve… era un progreso, y él lo agradecía.

Hargen siguió leyendo la carta con atención, hasta que una línea le hizo fruncir el ceño.

Federico… era el espía.

"Hmph...", Hargen resopló, si lo hubiera sabido antes, lo hubiera acabado él mismo.

Intentó dejar de lado la rabia, pero entonces dos palabras lo hicieron detenerse por completo.

Dúo fantasma.

Asesinos de renombre que nunca fallaron una misión de su gremio sin importar lo débiles o poderosos que fueran sus objetivos. Incluso aceptaban misiones de bajo rango, trabajos que no valían nada para otros, y sin embargo, ellos las cumplían igual.

Se decía que mientras tuvieran que matar, no importaba mucho la paga.

El temor que inspiraban no era común. En este lado del continente, alcanzar el reino naciente era casi un mito. Algunos pensaban que venían del extremo norte, aunque nadie lo había confirmado. Su desaparición repentina hace quince años solo dejó especulaciones.



#7763 en Fantasía
#8203 en Otros
#1488 en Acción

En el texto hay: aventura, harem, cultivación

Editado: 09.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.