La oscuridad de la noche cubrió a Ciudad Amarilla.
Héctor estrangulaba a una mujer joven bajo su peso. Su piel desnuda era un lienzo de moretones y cortes recientes, y la sangre manchaba las sábanas como una confesión silenciosa.
"Tch, basura", Héctor la escupió en la cara. Luego pateó a la mujer a un lado de la habitación. Esta no se movía o reaccionaba. Solo un pequeños respiros salía de ella, casi inexistente.
Héctor no la volvió a mirar; se sentó en la cama y cerró los ojos un momento.
Solo para levantarse de un salto repentino, el sudor en su frente era visible; sus manos temblorosas forzaron un puño.
Desde su regreso de Ciudad Violeta, el descanso se le volvió un castigo. Cada vez que cerraba los ojos, los recuerdos lo herían como relámpagos encendidos en la oscuridad.
La mirada asesina de Lucian, cómo este lo sometió.
El miedo se cruzaba con la ira a cada momento.
Su padre no le había devuelto la mirada desde que le dijo lo que había pasado.
Respiró hondo, y deseó con fuerza que el gremio de asesinos cumpliera con su cometido con rapidez.
Según lo que investigó, los que aceptaron la misión eran personajes de renombre. Pero a él no le interesa eso, mientras traigan a Wendy, no le importaba nada más.
Héctor sonrió con malicia. El solo pensar que hará con Wendy una vez que la tenga en sus manos, lo relajaba. Se acostó en su cama, e intentó dormir en paz.
Toc toc
Hector frunció el ceño.
Toc Toc
"Quién quiera que sea, lárgate, si no quieres morir", dijo con rabia, ya estaba en una posición cómoda y no quería hacer nada.
"Soy quien aceptó su misión en el gremio de asesinos", dijo una voz femenina, dulce y serena.
Héctor se quedó inmóvil; esa suavidad no coincidía con las palabras. Se levantó rápidamente y abrió la puerta.
Frente a él, una persona vestida de negro y con una máscara de plata estaba ahí.
"Dices que tú... ¿eres quien aceptó la misión?", intentó que su voz no temblara.
No podía creerlo, la voz de antes parecía de alguien muy joven y amable.
"¿No me crees?", esa persona entró sin pedir permiso. Su cabeza giró en dirección a un cuerpo herido tirado en suelo, pero volvió la cabeza y no le prestó más atención.
Héctor suspiró aliviado. Encantado de que no mencionara nada respecto a eso. Más por el hecho de que esa persona era una chica, al parecer.
Ella se giró y miró a Hector, quien bajó su mirada, completamente nervioso.
¿Debería llamar a su padre?
De repente, esa persona se quitó la máscara.
Héctor casi se le salen los ojos. Frente a él, una joven extremadamente hermosa lo miraba con una sonrisa radiante.
"Es un gusto conocerte, joven maestro", ella se inclinó un poco en señal de respeto.
"¡El gusto es mío!", Héctor se inclinó con torpeza.
El hecho de que una hermosa y poderosa mujer lo saludara con respeto, lo excitaba. Pero intentó esconderlo con todas sus fuerza.
"Quería hablar personalmente con usted, por esa razón no fui primero con su padre. Más que nada, usted es el dueño de la misión", la joven habló con tranquilidad, sin molestarse por la mirada lujuriosa de Hector.
"Y... ¿cómo fue?", preguntó con cuidado. No era un idiota, sabía que no debía ofender a un personaje como ella.
"No fue problema", la joven se encogió de hombros, "Fue fácil matar a todos sus protectores. Ese tal Danny dio un poco de problemas, pero nada más"
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en la cara de Héctor.
Lo había conseguido.
Solo hizo esa solicitud por probar, sin imaginar que realmente funcionaría.
Finalmente le estaban saliendo bien las cosas.
"¿Dónde está ella?", preguntó con los ojos llenos de anticipación, mirando por todos lados.
La joven negó con la cabeza.
"No está aquí"
"¿Qué?", Héctor inclinó la cabeza, "Entonces, ¿dónde está?"
La chica puso las manos en sus caderas.
"Esa niña me dijo que tú aceptarías ir personalmente a verla. Ella quiere discutir ciertas condiciones. Me pareció divertido, así que acepté ese encuentro", sonrió divertida.
Héctor se rió a carcajadas.
¿Cómo se atrevió a decir eso?
¿Condiciones?
Ella simplemente sería su esclava personal, con quien jugar cuando quiera. Nada más.
"Bien, iré", Héctor deseaba ver su cara cuando la someta.
Ambos están al mismo nivel. Pero contaba con la ayuda de esa encantadora hermana mayor, por lo que sería pan comido.
"Antes de eso... ¿puedo preguntarte algo?", dijo de pronto la chica.
Héctor asintió, "Pregunta lo que quieras", su humor no podría estar más arriba.
Ella se llevó un dedo a su mejilla, "Escuché que poseen una bestia demoníaca voladora. ¿Cómo la obtuvo tu padre?", su curiosidad era evidente.
"Solo tuvimos suerte", dijo Héctor con humildad, "Hace unos días encontramos por casualidad un nido con un huevo. La madre vino después, y mi padre la amenazó con romper el huevo si no lo obedecía, solo eso"
"Oh, interesante", asintió fascinada la joven, parecía feliz por la crueldad. Viendo esto, Héctor quería contarle más cosas, para ver si puede conseguir su favor. Pero antes de eso, ella volvió a preguntar.
"¿Y dónde está el huevo?... claro, si no quieres responder, está bien"
"No pasa nada", Héctor sonrió con tranquilidad. Esa información no era un gran secreto.
"Está en la habitación de mi padre; lo guarda sobre un lecho de cristales de fuego"
"Entiendo", dijo con una tierna sonrisa, luego sus mejillas se sonrojaron un poco, "Joven maestro... ¿puedo preguntarle algo personal?"
Héctor vio la vergüenza y timidez de la joven. Tragó saliva, y dejó volar su imaginación.
"Claro, pregúntame lo que sea", se golpeó el pecho, queriendo parecer alguien confiable.
La chica jugueteó con sus dedos, "¿Puedo saber qué buscan de Ciudad Violeta?... todo este tiempo he tenido curiosidad por saberlo... ¿por favor?", suplicó con una voz dulce.
Editado: 25.03.2026