Alma gris

Paz

Los ojos de Hanz se abrieron de par en par.

No podía creer lo que estaba viendo.

Su enorme puño explosivo se detuvo a escasos centímetros de la tierra… y luego se desintegró, deshaciéndose en incontables partículas que se dispersaron en el aire.

Su golpe más poderoso se anuló por completo.

Sin estruendo.

Sin choque.

Sin resistencia.

El vacío lo reclamó.

Hanz comenzó a caer en picada, pero antes de tocar el suelo, el halcón se lanzó como un rayo, atrapándolo en el aire. Sus garras se cerraron sobre su cuerpo, perforando carne y hueso sin la menor piedad.

"¡Aaaaaaaaaagh!"

Sus gritos de dolor resonaron por la ciudad, perdidos, sin que nadie pudiera escucharlos.

El halcón lo soltó.

Hanz cayó al suelo con un golpe seco. Temblando, alzó la cabeza con dificultad.

¿Qué hizo…?

¿Cómo lo hizo…?

¿Desde cuándo era alguien tan poderosa?

Las preguntas se atropellaban unas a otras en su mente, sin hallar respuesta. Pero lo que terminó de dejarlo sin palabras fue el estado de la mujer.

Sangre brotaba de su boca, de sus ojos, de sus oídos.

Su cuerpo tembló una última vez… y cayó de rodillas.

Era evidente que aquello que había hecho había tenido un precio.

Y aun así, de manera inesperada, movió sus manos temblorosas y las hundió en la tierra. Permaneció así durante largos minutos. Minutos en los que Hanz, con su cuerpo herido y exhausto, intentó huir pero sin éxito.

El halcón lo clavó al suelo con sus garras.

Desesperado, Hanz observó cómo el temblor del cuerpo de la mujer comenzaba a disminuir… aunque no desapareció del todo.

Ella tomó una profunda bocanada de aire.

Luego alzó la mirada.

Clavó los ojos en Hanz sin parpadear.

Y su corazón se hundió.

La mujer avanzó hacia él, paso a paso, lenta, inestable, como un espectro arrastrado por la voluntad.

"¡Espera! ¡Puedo serte útil! ¡Dime qué quieres que haga y lo haré de inmediato!"

Suplicó.

No tenía elección.

Ahora, lo único que importaba… era sobrevivir.

Ella no respondió.

No pareció escucharlo siquiera. Continuó acercándose, sin detenerse, hasta quedar frente a él.

"¿Dónde conseguiste ese anillo?"

La misma pregunta de antes.

Pero esta vez, Hanz tenía una respuesta distinta.

"¡Winny! ¡Fue Winny! ¡Lo juro!"

Escupió las palabras.

Una chispa de esperanza se encendió en su pecho. Rogando, en silencio, que ella preguntara más.

Winny Buena Vista era el dueño de la Casa de la Avaricia, un establecimiento dedicado a la compra y venta de bienes de todo tipo. Objetos, reliquias, información y otros recursos difíciles de obtener circulaban por sus manos sin distinción. Mientras el precio pudiera pagarse, nada quedaba fuera de su alcance.

"¿Sabes dónde lo consiguió?", su mirada ensangrentada no dejaba observarlo.

"¡Sí! ¡Lo sé!", asintió con desesperación, "¡Dijo que lo encontró cerca del Bosque de la Niebla!"

Al terminar de hablar, Hanz alcanzó a notar un extraño brillo cruzar los ojos de la mujer.

No se atrevió a respirar, temiendo molestarla.

Y, aun así, fue inútil.

Ella bufó con desprecio, tomó el anillo y lo arrancó de su mano, luego agarró su cabeza y lo lanzó sin miramientos hacia el halcón.

"¡Nooooo!"

El halcón abrió el pico de inmediato. No lo tragó al instante: lo abrió y cerró varias veces, aplastando y desgarrando el cuerpo de Hanz con crueldad. Cuando sus gritos se apagaron por completo, finalmente lo engulló.

Todo terminó.

Mía cayó al suelo.

Su cuerpo ya no respondía. Apenas lograba mantener la consciencia despierta, aferrándose a ella con todas sus fuerzas.

Aún tenía algo que hacer.

Pero antes… alzó la mirada hacia el halcón.

"¿Podrías… apagar el fuego… por favor?"

El halcón asintió en comprensión. Extendió las alas y se elevó en el aire. Sus poderosos batidos generaron violentas ráfagas de viento arrancaron las llamas en distintos sectores de la ciudad, repitiendo el movimiento varias veces.

Cuando el fuego finalmente se extinguió, Mía dejó escapar un profundo suspiro.

Entonces ocurrió.

A lo largo de toda la ciudad, incluso en las zonas ya destruidas, comenzaron a abrirse agujeros en el suelo. De ellos emergieron personas confundidas, asustadas, cubiertas de polvo y escombros.

Solo recordaban haber sido tragadas por la tierra. La oscuridad absoluta. Los estruendos. El suelo temblando una y otra vez.

Muchos creyeron haber muerto.

Pero no era así.

La sorpresa dio paso al horror al ver el estado de la ciudad.

"¡¿Qué diablos pasó?!"

"Pensé que estaba muerto"

"Yo también"

"¿Qué le pasó... a la ciudad?"

"¡Alguien diga qué está pasando!"

El caos se apoderó de todos.

El halcón los ignoró por completo. Su atención estaba fija en un solo lugar.

En la zona donde antes se alzaba la mansión de Hanz, entre sirvientes y trabajadores que también emergían del suelo, había un agujero del que no salió nadie.

Al notarlo, el halcón se precipitó hacia allí, sorprendiendo a todos y enviándolos a volar con la fuerza del viento. Con cuidado, introdujo el pico en el agujero… y al retirarlo, un gran huevo apareció, sostenido con delicadeza.

Al comprobar que estaba intacto, un destello de alivio cruzó los ojos de la bestia. Luego, alzó el vuelo y se dirigió hacia la humana.

Cuando llegó junto a ella, su mirada cambió.

Estaba indefensa.

Gravemente herida.

Tal vez… podría simplemente comérsela.

Pero en el instante en que ese pensamiento cruzó su mente, un escalofrío recorrió su cuerpo.

Esa humana la observaba.

Con frialdad.

Sin apartar los ojos de ella.

Al parecer había comprendido sus intenciones.

Ante aquella mirada aterradora, el halcón desistió. Había visto su poder de primera mano y, aun en ese estado, no sabía que más pueda estar ocultando. Además, ya tenía su huevo.



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En el texto hay: romance, aventura, cultivación

Editado: 26.05.2026

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