"Lo hecho, hecho está", dijo Lisa tras soltar un suspiro, como si intentara expulsar cualquier resto de preocupación, "No tiene sentido seguir dándole vueltas ahora"
Brian asintió despacio, "Supongo que puede esperar", su mirada se desvió hacia el enorme agujero en el centro del terreno, "Señor Hargen, ¿qué es eso?", la curiosidad reemplazó cualquier otro pensamiento, y el cambio de tema fue tan evidente que casi resultó intencional.
Una gran sonrisa se dibujó en la cara de Hargen, claramente era un tema del que quería hablar.
"Esa es precisamente la razón por la que los llamé"
Les hizo una seña con la mano y comenzó a descender hacia el interior del cráter.
El aire dentro era distinto.
Más frío.
Más denso.
En el centro del agujero, incrustado en la tierra como si hubiese emergido desde las profundidades del mundo, se alzaba un cristal de forma irregular. Era alargado, con puntas afiladas que brotaban en distintas direcciones, y su superficie blanco-azulada reflejaba la luz con un brillo tenue y pulsante, como si algo respirara en su interior.
Lucian miró con curiosidad el objeto, luego a los demás, queriendo también ver sus expresiones curiosas.
Pero lo que vio fue las mandíbulas de Brian, Lisa y Momo pegadas al suelo. Claramente sabiendo lo que estaban viendo.
"¡Una raíz espiritual!", gritaron al unísono.
A Lucian le dolieron los oídos. Ahora tenía mucha más curiosidad, pero no quería parecer ignorante, por lo que no preguntó y puso una expresión de que sabía lo que era. Con la esperanza de que su padre lo explicara de inmediato.
Pero no fue el caso.
"En ocasiones extremadamente raras..." susurró una voz suave junto a su oído, "La energía espiritual converge en un solo punto. Con el paso del tiempo… esa acumulación toma forma. Y nace una raíz espiritual"
Lucian sintió el aliento rozarle la piel mientras un cosquilleo le recorrió la espalda. Cubrió su oreja roja y miró a Mía, quien le mostraba una sonrisa juguetona.
"G-Gracias...", no supo qué más decir. Desvió los ojos y no se atrevió a mirarla de nuevo.
También había este tipo de ocasiones donde ella se mostraba demasiada confiada con él e invadía su espacio personal. Y Lucian nunca sabía cómo reaccionar a ese tipo de intimidad.
Normalmente sueña con momentos así... pero no esperó que su reacción a esos momentos fuera tan torpe.
"¿Por qué la cara de papá está roja?", encima de él, la pequeña Lulu preguntó con curiosidad.
"¡Shhhh! No digas nada", Lucian susurró en voz baja, pero no tuvo caso. Se dio cuenta que todos lo miraban.
Momo apartó lentamente la mirada de Lucian… y la clavó en Mía.
"Me sorprende que 'alguien como tú' sepa de eso", su voz era seca y sin emociones.
"No es tan raro. Solo lo leí en un libro hace tiempo", Mía no dejó de sonreír.
"Debes saber muchas cosas entonces"
"Para nada, aún desconozco mucho"
"Supongo que sí"
"Así es"
"....."
"....."
Las dos se observaron sin pestañear. El ambiente se tensó de manera casi imperceptible, como si una cuerda invisible se hubiese estirado entre ellas.
Sintiendo el extraño ambiente entre esas dos. Hargen tosió un par de veces y procedió a hablar.
"Es tal y como dijo Mía. Y considerando el tamaño...", se frotó las manos con delicia, "¡Es una raíz espiritual de alto nivel!"
"Un objeto así podría darnos un ambiente de cultivo excelente durante decenas de miles años... o más. ¡Incluso las grandes sectas o clanes del norte sentirían envidia por algo así!"
Hargen estaba extasiado.
Días después de la batalla con Hanz, 'ella' apareció frente a él.
Usaba una máscara distinta, pero no había duda: era la misma presencia, la misma aura contenida, el mismo silencio pesado.
Y por primera vez desde que la conoció…
Habló.
Su voz era ronca, seca y rasposa, como si cada palabra tuviera que atravesar espinas antes de salir. No era agradable de escuchar, pero Hargen no se atrevió a mostrar la más mínima reacción.
Ella le explicó que Hanz había descubierto la raíz gracias a una reliquia. Aquella reliquia, según dijo, había sido destruida durante la batalla.
Hargen, por supuesto, quedó atónito.
Algo tan valioso estaba literalmente debajo de sus narices.
Movido por una mezcla de gratitud y cautela, le ofreció la raíz espiritual sin dudarlo. Después de todo, si no hubiera sido por ella, jamás la habría descubierto. Y más importante, gracias a ella logró quitarse a Hanz de encima.
Pero su respuesta fue directa.
"No me sirve"
Nada más.
Sin explicación, sin emoción.
Después de pronunciar esas palabras, se marchó.
Esa fue la última vez que la vio.
Hargen todavía no comprendía.
Si algo como una raíz espiritual no le servía… entonces, ¿qué estaba buscando realmente?
Esa pregunta aún lo inquietaba.
Pero por ahora, no importaba. Tuvo tantos beneficios que las pérdidas no serían la gran cosa.
Si querer esperar más, extendió la mano y tocó el cristal con cuidado, como si estuviera tocando algo sagrado.
Hargen cerró los ojos y liberó un hilo fino de su poder espiritual hacia el interior del cristal.
Su núcleo estaba completamente restaurado. Sus estrellas de poder giraban con estabilidad firme. Ya no temía el colapso. Ya no temía perderlo todo otra vez.
El cristal respondió.
Primero, un leve temblor.
Luego, la luz en su interior se intensificó, volviéndose más densa, más viva.
Y de repente...
Una ola invisible de energía espiritual estalló desde el cráter.
No hubo sonido.
Pero fue como si una marea colosal se hubiera liberado, expandiéndose en todas direcciones, atravesando muros, techos y calles, cubriendo toda la ciudad en un pulso silencioso.
Todos lo sintieron de una manera u otra.
"¿Qué fue eso?"
"No lo sé..."
"Sentí como algo suave me empujó"
Editado: 20.06.2026