Almas Atadas

Prólogo

"Al principio de los días , Dios creó el mundo.

Primero dividió el día de la noche.

Luego, dividió el cielo con el mar y la tierra.

Al tercer día, llenó la tierra de plantas y árboles.

Al cuarto día, creó el sol, la luna y las estrellas.

El quinto día llegó con la creación de peces y aves.

Y con el sexto día, llegaron el resto de los animales.

En el séptimo día, Dios creó al primer hombre y lo llamó Adán. Sin embargo pensó que estaría muy solo y es por eso que creó una compañera para él y la nombró Eva.

Dios le dijo a la pareja que El Edén, como llamó al paraíso recién creado era suyo para vivir y compartir pero solo un árbol y sus frutos no podían ser tocados o se arrepentirían. Eva, tentada por una serpiente comió de aquella fruta prohibida y luego le ofreció Adán un bocado que selló su destino para siempre.

Adán y Eva.

Un par perfecto, que sin saberlo, al final condenaron a la humanidad a vivir buscando lo que jamás podrían tener.

Dios, enfurecido al ver que su mandato fué ignorado, proclamó un castigo para ellos. Ambos fueron echados del Edén y de ahí en adelante, la tierra tendría que ser trabajada y atendida para ser fértil. Para el resto de sus descendientes sería más difícil:

A cada ser humano al nacer se le asignaría una pareja que sería su complemento perfecto, pero sólo lo sabrían cuando ambos cumplieran 15 años de edad y solo entonces sus almas estarían completas.

Al principio no fué un problema, pero conforme la humanidad fué creciendo y ampliándose, se volvería más difícil encontrar a su otra mitad. Podrían pasar cien años y jamás encontrarla y solo unos pocos afortunados estarían juntos.

Está unión dejaría la inicial de su compañero en su muñeca derecha y llamaron a estas parejas almas atadas.

A cada humano al nacer se le asignó un custos, un espíritu animal que tomaría forma de lunar en su cuerpo. Estos son guardianes espirituales que, en caso de necesitar ayuda o un consejo, surgen entre sueños.

En una oportunidad, una niña nació y el ángel que la observó se sintió diferente al mirarla, como si ella fuese su mundo y vida. Dios al ver la pureza de su sentir, hizo que el ángel reencarnara en la versión humana de un varón que nació días después y años más tarde ambos se encontraron y unieron sus almas.

Los descendientes de esta unión fueron denominados Vates, gracias a que heredaron el poder de ver las almas de la persona y de ver el hilo rojo que une a cada pareja."

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Termino de leer el capítulo de mi Biblia y la cierro.

"La Biblia Del Destino"

La biblia del destino es el primer libro que nos enseñan a leer a todos, desde pequeños a todos se nos regala una copia para conocer sobre nuestra historia y el cómo llegamos a este mundo.

A veces la leo solo para distraerme de los comentarios de papá, de las muecas falsas de mamá y de la repugnante sonrisa de superioridad de mi hermano, Hayden.

Pero la mayoría del tiempo, lo hago para volver a pensar en él, en su risa y en la forma en la que me abrazaba cuando me sentía mal o las miles de llamadas hasta las tres de la madrugada dónde intentábamos mejorar el día del otro.

Hizo tantas promesas…

Prometió no dejarme jamás, no lastimarme y amarme incluso si no éramos el uno para el otro.

Éramos dos tontos inexpertos e ilusos que soñaban con dejar las presiones de nuestras familias atrás y todo se fué al diablo en el momento en que se fué. Sin explicación o aviso y lo peor es que ni siquiera fué su culpa… o la mía.

Y él no lo sabe.

Dicen que el primer amor jamás se olvida y quién lo dijo tiene toda la razón, yo llevo tres años intentando sin lograrlo.

Suspiro y suelto el libro en la mesa mientras sentada en el balcón de mi habitación dejo que la brisa fría despeje mi mente, una suave manta me envuelve y mi suéter junto a este me protegen de morir congelada.

Creo que es hora de dejar ir esa pequeña parte de mi que quería tener fé en que algún día estaríamos juntos, ya son tres años desde que se fué y es lo mejor para mí misma.

Debo dejar ir el recuerdo de lo que pudo ser, porque sino viviré mi vida aferrada a un recuerdo que no existe.

Adiós Lioxel…




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