Almas Atadas

03. ¿Sueño o Destino?

Violet

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¿Conoces esa sensación que tiene tu cuerpo cuando quiere descansar? ¿En dónde se siente pesado y no te quieres mover porque todo duele? Justo así me siento en este momento.

Abrí los ojos hace cinco minutos y aunque la tranquilidad del bosque me envuelve, algo me dice que aún no es momento de levantarme.

Me concentro en mi entorno. La luz que entra entre las ramas del árbol sobre mi cabeza es cálida y tenue, las flores que abarcan el claro dejan un aroma dulce y fresco en el aire que me hace inhalar profundo y suspirar de comodidad. Cierro los ojos de nuevo disfrutando de la brisa fresca, el sol y la sensación de las sábanas y cojines debajo de mí.

El tiempo pasa o tal vez no, no estoy segura, solo soy consciente de las miles sensaciones que percibo y como si fuera una una señal, abro los ojos e instintivamente volteo hacia un lado encontrándome con los ojos azules de un lobo siberiano y su mirada hace que me de escalofrios por toda la piel pero no siento miedo. De hecho, la calma se apodera aún más de mi cuerpo mientras él se acerca sin apartar su mirada de la mía.

Sígueme…

Escucho su voz en mi cabeza, sé que es él quien me habla, no puedo comprobarlo pero lo sé y también estoy segura que no me hará daño.

Vamos Violet, no hay mucho más tiempo…. Es hora.

Me levanto poco a poco, mis movimientos están siendo lentos mis pies se rehúsan a ir a la par de él. El vestido azul es vaporoso y se mueve con cada uno de mis pasos, es casi como flotar sobre la grama mientras que el lobo guía mi camino.

Poco a poco nos adentramos más en el bosque y llegamos a lo que parece ser un arco de roca que a cada lado tiene tallado una runa, el lobo sigue a través del arco y cuando llego al otro lado, mi mente se siente más despejada y despierta, más viva ya no sentía duda ni desconcierto al contrario, era pura admiración. Con cada paso que doy, ronda una pregunta dentro de mi cabeza y al acercarnos al río que tiene un puente en forma de árbol en medio, veo al otro lado una figura caminando al mismo ritmo que yo.

Mi corazón de repente late a un ritmo más acelerado, la adrenalina se apodera de mí y corro hacia el puente con todas mis fuerzas. Escucho pasos igualando los míos, el lobo acelera también a mi ritmo y se adelantó para llegar antes, deteniéndose justo en la mitad del puente.

Cuando llego a su lado, jadeo sorprendida por quién está frente a mí, era él.

— Lioxel.

— Violet.

Ambos hablamos al mismo tiempo y veo el asombro llegar a sus ojos marrones, alzo mi cabeza para mirarlo a los ojos, se siente como en casa. Todo mi cuerpo está en sintonía con el suyo, nuestros corazones laten al mismo compás, nuestras respiración agitadas sus manos se levantan al mismo tiempo que las mías, encontrándose con la del otro.

— Te he extrañado tanto. — la verdad salió de mis labios y su frente se pegó a la mía abrazándome a su pecho. Respiré su aroma a cedro y petricor. Las lágrimas se agruparon en mis párpados y él las limpió con su mano libre.

— Yo también te extrañé. — murmuró cerca de mis labios — Cuando me fuí tenía el corazón roto, Minty. Tú rompiste mi corazón.

Sus ojos me miraron tristes, derrotados. Sin embargo, no se alejó de mí y eso me dió algo que esperé años para volver a sentir, esperanza. Tenía que decirle la verdad.

— Te prometo que jamás quise romperte el corazón, Lex. Todo fué un malentendido y fue más culpa de nuestras familias que nuestra. — lo miré a los ojos — Por favor, créeme cuando te digo que yo no fuí quien mandó ese mensaje.

— Lo sé, te creo. — Lioxel parecía tan desconcertado y al mismo tiempo sincero — No tengo idea de cómo lo sé pero no me mientes. Tú nunca lo hiciste.

En sus ojos había una emoción que no supe descifrar, pero sabía que quería decir sin que las palabras salieran de su boca.

Dos almas se encuentran por primera vez, desnudas ante los ojos del otro.

Dos almas enlazadas por el mismo destino, inseparables una de la otra.

Dos voces hablan pero mis ojos no dejan los suyos y uso mi otra mano para acariciar su rostro, sin creer que realmente está aquí. Su mano imita a la mía por instinto, sin saber cómo las palabras son dichas por mí.

— Dos almas que se complementan, ahora son una sola. — Nos acercamos un paso más y siento un ardor en la mano que sostiene la suya pero no quiero observar más nada que no sea a él.

— Dos almas que se unen, ahora sellan su destino para siempre.

Siento algo en mi pecho, como una expansión que lo arrasa todo y por instinto mi frente y la de él se unen en un jadeo conjunto. El calor nos consume a ambos haciendo que caigamos de rodillas sin soltar al otro, digo su nombre pero siento que salió más como un murmullo y mis ojos terminan por cerrarse, todo se vuelve en una tenue oscuridad.




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