Almas Atadas

04. Hola... De nuevo.

Lioxel

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Suspiro sintiendo calor y un olor a lavanda abrumando mi mente, este se vuelve aún más fuerte y el suspiro me es regresado justo sobre mi boca.

¿Ah?

Me fuerzo a abrir los ojos y lo que veo, me deja mudo: son los ojos de Violet.

No necesito que mi cerebro se termine de despertar para saberlo, esos ojos me perseguían en sueños y los reconocería incluso en medio de la oscuridad. Ellos se abren con asombro y todo se paraliza a mi alrededor, el tiempo se detiene y por un momento, todo en mi clama por ella.

Y como si la realidad nos estuviera llamando, el dolor de cabeza vuelve con fuerza dejándome aturdido y oyendo un pitido agudo en mis oídos. Mi frente instintivamente se apoya en la de ella y jadeo maldiciendo a mis ancestros cuando una ola de ¿Recuerdos, creo? que llegan a mí.

Sentimientos de libertad, pasión, tristeza y ansias me recorren y me veo a mi mismo corriendo con Violet persiguiéndome confundida por un bosque.

¿Qué mierda fué eso?

Voces extrañas repitiendo palabras extrañas es lo único que se repite en mi cabeza

Y luego, cuando mi muñeca arde es cuando todo cobra sentido… cuando las palabras cobran sentido.

Dos almas se encuentran por primera vez, desnudas ante los ojos del otro.

Dos almas enlazadas por el mismo destino, inseparables una de la otra.

Dos almas que se complementan, ahora son una sola.

Dos almas que se unen, ahora sellan su destino para siempre.

Que. Me. Den. Un. Tiro.

Esto no me puede estar pasando…

— Maldito Infierno. — susurro jadeando. No puedo pensar en otra cosa para decir después de entender todo.

Violet es mi compañera.

Hace cuatro años tenía razón, esa paz que sentía a su lado no era una coincidencia.

Somos Almas Gemelas.

El dolor en mi mano y en mi cabeza empeora, Violet grita y yo maldigo con más fuerza. Una corriente recorre mi cuerpo y mis sentimientos y emociones se sacuden con él, como si un huracán arrasara con todo pero lo que siento no lo sintiera yo, como si fuera ajeno.

Desconcierto, miedo, incredulidad, esperanza… todos juntos en un cóctel y no es bueno. Mi cuerpo se siente más pesado y mi corazón empieza a latir muy rápido, mis ojos siguen cerrados y siento mis labios moverse pero no sé qué digo.

Escucho mi nombre siendo susurrado por Violet y una puerta abriéndose y voces gritando cosas, pero es lo último que percibo antes de volver a dormir.

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El destino tenía un humor jodido.

Violet y yo despertamos hace una hora, no hemos dicho nada desde que ambos abrimos los ojos pero tampoco hemos apartado la mirada del otro. Hasta hace unos minutos, se podían escuchar los gritos de nuestros padres afuera de la habitación y no pararon solo hasta que las enfermeras los sacaron del pasillo y solo quedó mi madre dentro con nosotros.

Mamá intentó hablar con ambos para calmar la situación, pero me sentía aturdido, mareado e hipnotizado, como si no pudiera hablar y creo que lo entendió rápidamente pues se sentó en silencio un rato antes de decir que esperaría afuera.

La puerta se cierra con un clic suave, dejando tras de sí un vacío cargado de tensión que la presencia de mi madre acaba de abandonar. El silencio en la habitación del hospital es denso, casi palpable, pero nada se compara con el torbellino silencioso que tengo enfrente.

— Lioxel... — su voz apenas es un susurro y tiene un tono vulnerable que es extraño y reconfortante de escuchar de parte de ella después de tanto.

Mis ojos marrones se aferran a los suyos, buscando el eco de la chica a la que amé y a la que juré despreciar durante los últimos tres años. La marca en nuestras muñecas pulsa rítmicamente, un recordatorio físico y burlón de que el destino acaba de tomarnos el pelo de la peor manera posible.

— Estoy aquí, Minty — logro decir, rompiendo el hielo con una voz ronca y áspera, intentando inyectar un toque de mi habitual arrogancia socarrona para ocultar el temblor que amenaza con traicionarme. — Aunque, si querías volver a verme después de cuatro años, podías haberme invitado a cenar en lugar de armar todo este numerito místico en un hospital. La decoración deja mucho que desear.

Violet me mira con intensidad entre que un muro caiga sobre sus ojos con una capacidad que siempre ha sabido descolocarme. Aparta la vista un segundo, cruzando los brazos con lentitud —un escudo clásico suyo— antes de regresar sus ojos a los míos, destilando una mezcla perfecta de irritación y dolor contenido.

— No me llames así, es un alivio ver que tu ridículo ego sobrevive incluso al borde del colapso cerebral, Lioxel. — responde ella entre dientes en un tono seco, arqueando una ceja con una mezcla de sarcasmo y amargura que me golpea directo en el ego —. No te preocupes, si hubiera sabido que el destino tenía el pésimo gusto de atarme a ti de por vida, me habría tragado un frasco de somníferos antes que correr el riesgo de despertar respirando tu mismo aire. Guárdate las gracietas de seductor de bar para alguien que se trague tus estupideces.




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