Almas de Media Noche

Capítulo 4

Odvier se levantó con la elegancia de siempre, como si la incomodidad del momento lo alimentara. —Es hora —dijo con voz grave.

"¿Hora de qué? ¿De que por fin admita que es un elfo narcisista con complejo de maestro de ceremonias?" Nos guió hasta un pequeño mueble y abrió un compartimento oculto, miré rápidamente a mi hermano que ya me miraba con una ceja alzada; me encogí de hombros "no sabíamos de ese compartimento oculto" Y lo que sacó de allí me dejó helada.

Era un artefacto metálico, redondo, cubierto de inscripciones que parecían antiguas que brillaban con una luz tenue y una vibración sutil, como si estuviera vivo.

—¿Desde cuándo estaba eso ahí? —pregunté, incapaz de apartar la mirada.

—Esto —alzo la mano acariciándolo como si fuese un trofeo— es un xirqit. Solo se activa con sangre. Revela el linaje oculto que corre por tus venas.

Maeve se movió cruzándose de brazos.

—¿Por qué unos elfos querrían saberlo? No todos son elfos.

Mi tío se quedo en silencio un rato antes de responder.

—Hubo un tiempo que era necesario saber que el linaje era puro

—¿Es enserio —Maeve pronuncio incrédula— entre elfos? ¿Que son, racistas?

Mi tío la observo entrecerrando el cejo, pero suspirando.

—No era permitido la mezcla de sangre. Es prohibido.

Ella movió la cabeza mientras bufaba. Está irritada.

—Que especie mas jodida —susurro— que mundo mas jodido.

Todos nos quedamos en un silencio incomodo hasta que midas preguntó:

—¿Entonces sangre?

Muna, en silencio, observaba demasiado tranquila, demasiado silenciosa. Tragué saliva. El aire se volvió cargado, como si la habitación entera contuviera el aliento.

—Merath, vamos.

—¿Vamos qué? —Intenté sonar ligera, pero mi voz tembló.

Mi tío suspiro cansado mientras se acercaba a mí. Se veía tenso y ansioso, tanto que me hizo dudar.

—Debes poner el dedo encima del aparato.

—Y esperar que no me arranque la mano.

Odvier sonrió. —Exactamente eso.

El aparato parecía estar esperándome, coloqué el dedo índice en el centro y de inmediato, un estremecimiento recorrió mi cuerpo. El xirqit se abrió y, de su interior, surgió una diminuta boca —como la de una sanguijuela— que se clavó en mi piel.

Un grito se estrelló contra mi garganta sin lograr salir. El dolor no era insoportable, pero la sensación húmeda y fría trepando por mi brazo era nauseabunda. Podía sentir cómo chupaba mi sangre, succionándola directo hacia el corazón del artefacto.

Cuando se soltó, un hilo de luz comenzó a recorrer la superficie del artefacto. Palabras en un idioma desconocido aparecieron flotando.

Odvier frunció el ceño.

—¿Qué? —pregunté, tambaleándome.

—¿Qué mierda es esto? —su tono de incredulidad fue muy evidente y su imagen de serenidad se perdió, miraba el artefacto como si no puede creer lo que veía o leía, comenzó sin darse cuenta a murmurar en ese idioma que no sabemos—

Maeve dio un bufido, levantando las manos. — ¿Qué es? ¿Un unicornio?

—No —Odvier negó, serio, ignorándola— Es mitad humana, mitad élfica como era de esperar.

—Entonces... —mi voz sonó más fuerte de lo que pretendía.

Él se inclinó hacia el aparato con sus cejas arrugadas, su rostro iluminado por el resplandor. —hay algo que no debería estar ahí, que no debería ser posible.




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