Un escalofrío me heló la columna. Mi mente regresó a la visión del humo y a esos ojos dorados.
La luz del xirqit se desvaneció, pero su presencia seguía palpitando en la sala, como si respirara junto con nosotros. Odvier cruzó los brazos, con una expresión pensativa luego una leve sonrisa apareció antes de decir:
—Esto parece ser serio.
Me sentí enojada de repente.
—Entonces, ¿porque te ríes? —respire hondo mientras me cruzaba de brazos observando como su sonrisa se iba— esto no es divertido.
—No, no lo es; pero tampoco estoy seguro —se acercó hacia midas con el aparato de manera seria—Es tu turno.
—¿Mi turno? —repitió mi hermano, tragando saliva.
—¿Qué es lo que estas buscando tío? —lo miré seria, todo esto de ver en nuestra sangre me tiene un poco enojada y no sé porque siento que algo no cuadra en todo esto.
El dirigió su mirada hacia mi y se ver la indecisión reflejada, sentí mi cara contraerse en una mueca; probablemente no tan agradable. El abrió la boca para decir algo cuando mi hermano se dirigió hacia él mientras me miraba y negaba con la cabeza, no pude evitar chasquear la lengua.
La sala entera se tensó cuando colocó su dedo en el centro. La luz azulada surgió al instante, envolviendo su mano como un lazo vivo. Las mismas letras surgieron nuevamente y Odvier esta vez no hizo ningún sonido, solo observaba con mucha atención cada letra al terminar todo el proceso solo dijo:
—Tu sangre es un poco diferente.
Maeve estalló. — ¡Deja de hablar así y explícate ya!
—¡Maeve! —alzo la voz Midas, sin apartar los ojos del aparato— ¡Cállate un segundo!
Ella murmuro irritada, pero se calló. Odvier respondió, su voz seria llenando la sala. —La verdad no estoy muy seguro de lo que vi, pero voy a averiguarlo con alguien y cuando lo tenga todo aclarado vengo a ustedes nuevamente.
Un nudo se me formó en el estómago
—Dinos la verdad tío —lo observe un poco molesta— ¿Por qué estás aquí? se supone que no tenemos nada que ver con ese mundo y ahora esto.
—Es cierto lo que dice Merath —Comentó esta vez Midas con el ceño fruncido mirando a Odvier— Madre siempre nos dijo que probablemente nunca tendríamos que relacionarnos con el mundo de los elfos, ¿por qué ahora?
Maeve de repente miró a Odvier.
—¿Por qué apareces años después de la desaparición de nuestra madre? ¿No me digas —se levantó del sillón— no me digas que ustedes le hicieron algo?
— ¿Qué? ¡Claro que no! —espeto con incredulidad mientras miraba a Maeve levantando las manos dando un paso atrás— ya les dije que me he estado comunicando con su madre —hace una mueca cuando dice esa palabra como si le incomodara— hasta hace un tiempo que dejo de hablar conmigo y vine a ver que acontecía, no sabía que había desaparecido hace seis años.
—¡¿Madre se comunicaba contigo?! —literalmente chillo Maeve, vi como mi hermano se estremecía, esa información no había salido todavía de nosotros.
—¿No se lo dijeron? —pregunto viéndonos primeramente a Midas y luego posando su mirada en mi— pensé qué...
—¿Ustedes lo sabían? —Maeve lo interrumpió mientras nos miraba entre sorprendida e incrédula— sabían que mamá se comunicaba con Odvier —su voz cambio a total enojo— ¿cómo es posible esto? —se pasó la mano derecha por las hebras de su cabello suelto respirando profundo—
—Maeve...—comenzó Midas su voz autoritaria, pero con delicadeza, yo no me atrevía hablar porque si tuviera en su lugar también estaría cabreada y dolida— hace unos días Odvier apareció y nos contó sobre su contacto con mamá para nosotros también fue una sorpresa.
—¿Y no pensaron en decirnos a Muna y mí ese día o somos unas niñas que no entendemos nada? —espeto ella con irritación— Vaya par de hermanos que tengo, esto no es para nada normal.
—Bueno... no son totalmente humanos; lo normal no entra aquí—intervino Odvier y yo lo miré con irritación mientras me arrascaba la muñeca, el resopla y dice— Lo importante es que lo sabes ahora, no veo a muna replicar.
—Muna es Muna y yo soy yo, si quiero gritar como loca por ocultarme esa información lo hare; se supone que somos una familia de cuatro y estas cosas no se ocultan —dijo con voz acida Maeve mirando ahora a Odvier— solo nos tenemos a nosotros.
Odvier no dijo nada, pero pude ver su incomodidad en sus ojos y postura. Midas suspiró; eso pasa cada vez que se dirige a nuestras hermanas; puede estar enojado, pero jamás dirigirá su enojo a ellas o a mí. Mientras que nuestra hermana menor observaba todo con los ojos ligeramente abiertos, aunque su postura seguía firme. No había dicho una sola palabra en toda la situación, como si no pudiera hacerlo. Tragué saliva, incapaz de liberar mi propia tensión.
Hola! espero que lo disfrutes.