A los tres minutos de saber que no se iba si no que me seguía me gire con los brazos cruzados, no estaba dispuesta a no dejar que ese vampiro arrogante me intimidara. Él, en cambio, me miraba sin expresar nada.
—Deja de seguirme.
—Eso no es posible.
No pude evitar bufar, ¡maldita sea! suficiente tenía con la tensión en casa y con un tío aparecido como para aguantar otra situación más,
—Estas irritada —dijo Lutgard como si pudiera sentir mis sentimientos, rodee los ojos.
—¡Oh! No lo sabía.
—Estas siendo sarcástica y eso no es prudente.
No pude evitar pisar con el pie el asfalto.
—Mira —lo mire tratando de recordar su nombre— ¿Cómo era tu nombre? —alce la mano cuando iba hablar— no importa, lo que quiero es que dejes de seguirme y que cada uno vaya a su casa para olvidar estos acontecimientos que nadie pidió.
Me miro por unos segundos que parecían largos antes de negar.
—Debemos hablar.
—Pero yo no quiero.
—Ninguno quiere, pero debemos hablar.
—¡Joder! Que hice para merecer esto.
Fue lo único que dije antes de voltéame y seguir caminando. Al llegar a la esquina de la calle, me detuve. —No voy a tener esta conversación en la calle.
—Estoy de acuerdo —dijo él, señalando un bar a media cuadra, iluminado con luces neón rojas que parpadeaban mas como un aviso a una invitación.
Suspiré. —Perfecto, el escenario ideal para una charla inusual; alcohol barato, luces brillantes y un ambiente pegajoso.
Caminado hasta el bar, olía a cerveza derramada y fritura. Había música movida de fondo, gente riendo demasiado fuerte y un par de miradas curiosas hacia nosotros. Él parecía tan fuera de lugar como un príncipe en una fonda de mala muerte. Y, sin embargo, se sentó como si todo el lugar le perteneciera.
Me crucé de brazos, frente a él. —Habla.
—Tú primero —replicó.
—¿Qué quieres de mí? —pregunté directa, inclinándome hacia adelante. Su mirada se clavó en la mía, intensa.
—Lo mismo que tú quieres de mí. Respuestas.
Fruncí el ceño. —Yo no te busqué.
—Ni yo a ti —dijo, con voz firme—. Pero te encontré y aquí estamos. Eso significa algo.
—¿Y si es un error? —pregunté, bajando la voz.
Él guardó silencio por un instante. En sus ojos vi la duda, apenas un destello.
—No lo descarto —admitió finalmente—. Pero la conexión está ahí.
Me mordí el labio, tensa. El mesero apareció y dejé que sirviera un par de vasos sin siquiera mirar qué trajo. Tomé el mío de un trago.
—Hablas de una conexión —dije, exhalando con cansancio— ¿Qué significa exactamente tener una conexión? ¿Es algo como no se una premonición o algo?
Se inclinó hacia mí —¿Qué sabes sobre mi especie?
—Nada, no sé nada —Lo mire dudando— ¿De verdad eres lo que dices ser?
Él se apoyó en el asiento cruzándose de brazos mirándome, lo miré sin comprender su acción hasta que sus ojos brillaron de un rojo intenso y alzaba la esquina de su labio superior donde pude ver un colmillo. Suspiré y me restregué los ojos.
—Bien has confirmado tu existencia, ¿Qué propones?
—Ambos claramente no queremos estar en esta posición, pero debes venir conmigo.
Por un segundo, sentí que todo el bar desaparecía: solo estábamos él y yo, unidos por una tensión que no entendíamos y que ninguno quería aceptar. Di un sorbo más de mi vaso y forcé una sonrisa sarcástica. —Estas loco, no iré contigo.
—¿Por qué no?
Lo mire sorprendida.
—Eres un desconocido.
—Tú también.
—Eres un chupa sangre.
—Tu una media humana, ¿El punto es?
Me quedé en silencio mientras jugueteaba con el borde del vaso, evitando su mirada directa y pensando en toda esta locura, cuando finalmente me levanté, agarré mi chaqueta y caminé hacia la puerta el dice:
—Tienes que venir conmigo.
—Lo que sea que quieras, tendrás que esperar. No voy a seguir a un vampiro que apenas conozco.
Él no respondió. Solo se quedó en su asiento, observándome. Afuera la calle de Portobello Road estaba fría y húmeda, iluminada apenas por un par de farolas parpadeantes. Pintoresca y hermosa de día, un poco solitaria de noche. Caminé rápido, con la mente hecha un torbellino
"¿Irme con él? ¿Qué se cree? ¿Qué soy una adolescente ingenua en busca de aventuras?"
Un crujido a mi izquierda me detuvo en seco. Una sombra se deslizó entre los muros como humo espeso, más oscura que la noche, sin rostro alguno: solo un vacío que se estiraba hacia mí con garras de niebla. El corazón me golpeó el pecho; mis piernas querían correr, pero me quedé paralizada. La sombra se abalanzó, y un frío helado me recorrió el cuerpo, como si quisiera arrancarme el aliento. Y entonces él apareció.
No como antes, elegante y controlado, sino con un aspecto que me erizó hasta el último cabello. Sus ojos brillaban rojos, la sombra de sus colmillos se asomaba, y su presencia llenó la calle como una ola oscura y sofocante.
La criatura se detuvo en seco, como si lo reconociera. Y luego retrocedió. Se disolvió en el aire, dejando solo un eco metálico en mis oídos. Me giré hacia él, jadeando. —¿Qué demonios fue eso?
El no respondió al instante. Me miraba, aún con ese aspecto salvaje, casi monstruoso. Por un momento temí que no hubiera diferencia entre él y la sombra, cuando finalmente habló, su voz sonó demasiado grave para sonar normal—Una advertencia.
Tragué saliva, intentando controlar el temblor de mis manos. —Perfecto, genial. Tengo una sombra de humo y un vampiro acosador siguiéndome. Mi vida mejora por segundos.
Él dio un paso hacia mí. Yo retrocedí, levantando una mano. —Espera. Déjame pensarlo. Necesito hablar con mis hermanos antes de decidir cualquier cosa, mi vida era tranquila hasta hace unas semanas.
—No tienes mucho tiempo —replicó, su tono más duro que antes.
—Entonces dame al menos una oportunidad para no enloquecer —dije, respirando hondo—. ¿Trato?
Me observó en silencio. Por un instante pensé que se negaría. Pero al final asintió apenas.