Almas de Media Noche

Capítulo 9

MERATH

El sol entraba por la ventando calentando todo el interior del cuarto, ya habían pasado unos días y no tenía de nada, ni de lo que me esperaba. La frustración era evidente en mí arrancando un suspiro cada vez que sea asentaba aún más, frente a mí, la maleta abierta parecía burlarse. "¿Qué se empaca cuando no sabes si vas a regresar? ¿Un par de mudas de ropa, un cepillo de dientes o una brújula para encontrar de nuevo tu propia vida?"

Una parte de mí quiere mandar todo esto a la mierda, cerrar la puerta y hacer como si nada. Yo no había pedido esto; sin embargo, una parte de mi se muere de curiosidad y eso era un problema, siempre fui del tipo curioso hasta el punto que la frase "la curiosidad mató al gato" me estaba personificaba.

Metí lo esencial en la maleta, pero sentía que cada prenda doblada parecía pesar el doble. Alrededor de la tarde no pude evitar encontrarme con mis hermanos en la sala de estar, sabiendo que no había escapatoria la conversación evitada surgió.

Midas estaba sentado con los codos sobre las rodillas, la mirada fija en el suelo. Maeve, en cambio, se reclinaba en el sofá con los brazos cruzados, fingiendo indiferencia. Incomodo.

—Entonces... te vas —comentó Maeve.

Asentí, tragando saliva. —Sí. No es que quiera irme, pero es necesario irme.

—Esto es una locura —murmuró Midas, sin levantar la vista— ¿Por qué debes ir tu sola? ¿Y que hizo Odvier para que aceptara esto?

Me senté frente a ellos, buscando sus ojos. —No estoy sola, yo los tengo a ustedes y lo de Odvier tampoco lo sé.

Maeve bajó la guardia por un segundo, suspirando. —Yo solo odio sentir que no puedo hacer nada. Siempre hemos evitado involucrarnos con las otras razas por mamá y lo que le hicieron.

Todos nos tensamos y guardamos silencio mirando entre nosotros.

— No sabemos si fueron ellos, pero está viva y eso es lo que importa, aunque ella no esté con nosotros —comentó con amargura el mayor su mirada fijada en el suelo—nunca nos ha gustado esa parte de nuestra sangre.

—¿Y crees que a mí me gusta? —le respondí suave pero firme—. No quiero esto, no pedí nada de esto, pero Odvier dice que es necesario que vaya.

Maeve bufo.

—Que se joda Odvier y su misterio.

—Maeve....

Ella miro a muna con una ceja alzada.

—¿Qué? —se encogio de hombros— es verdad, viene de la nada y de repente se quiere llevar a Merath, eso no es lógico.

Suspire y la mire.

—Además, porque debes ir tu sola si todos tenemos la misma sangre —Ella me miro y preocupación había en sus ojos, luego miro a Midas arrugando las cejas— ¿De verdad la dejaras ir con ese loco?

—Maeve...

Midas levantó finalmente la cabeza. Sus ojos estaban llenos de duda y miedo. —Lo único que me importa es que no te pierda también.

Ese "también" me golpeó en el pecho, solo pude tomar aire sosteniendo su mirada. —No me vas a perder, te lo prometo, pero necesito que cuides de nuestras hermanas.

Maeve bufo nuevamente cruzándose de brazos mientras muna solo se quedaba sin moverse en su lugar en el sillón. No quería mentirles, pero si le decía a Midas que no iría con Odvier sino con un vampiro que no recuerdo su nombre se pondrá como loco y no podré irme.

—El lugar donde Odvier me llevará es seguro y veré si puedo averiguar algo de madre.

Él apretó la mandíbula, como si quisiera discutir, pero esta vez no lo hizo. Un silencio pesado nos envolvió y entonces, por primera vez en mucho tiempo bajamos las defensas.

—Tengo miedo —confesé, apenas en un susurro.

—Yo también —respondió Midas.

—Y yo —admitió Maeve, con los ojos vidriosos.

~

Cerca del anochecer me reuní con mis amigas como si todo fuera normal. Remi, Aley e Ivy tenían la capacidad mágica de hacerme olvidar el mundo cuando querían. Nos encontramos en el café de siempre pidiendo bebidas demasiado azucarada para nuestra edad, hablando de tonterías y riendo de lo más absurdo, de amores imposibles, de series tontas, de vecinos metiches y por unas horas me sentí simplemente yo, no mitad elfa, no mitad humana. Solo yo.

—Entonces, ¿Qué tramas? —preguntó Remi, levantando una ceja mientras mordía su galleta.

Respiré hondo, sabía que tenía que darles algo, sin darles todo. —Me voy de viaje con mi tío Odvier.

Las tres se quedaron en silencio. Aley me miró con sospecha. —¿Tu tío? ¿Ese tío que nunca está?

Forcé una sonrisa. —Sí, ese mismo. Vamos a visitar a la familia de mi madre ya saben, la parte que nunca conocimos.

Las tres intercambiaron miradas, sabían que no era de mencionar a mi madre.

—Merath... —susurró Ivy, preocupada.

—Estaré bien —interrumpí, antes de que las dudas se hicieran más grandes—. Será un viaje intenso, no voy a poder comunicarme mucho, pero leeré sus mensajes y responderé cuando pueda.

Ellas no parecían convencidas, pero aun así me abrazaron con fuerza. Las risas volvieron, logramos pasar un buen tiempo como si el mañana no existiera, y esa ilusión de normalidad fue un regalo.

Al abrir la puerta de mi cuarto, lo encontré allí de pie junto a mi ventana, como si la oscuridad misma lo hubiera traído.

—¡¿Qué demonios haces aquí?! —grité tocando mi corazón mientras me pegaba a la pared de mi cuarto.

—Asegurarme de que no huyas —respondió con su voz grave.

—¿Es en serio? —rodeé los ojos antes de respirar profundamente, terminé cruzando los brazos, sosteniendo su mirada que a la vez me ponía nerviosa por lo intensa que era.

—Dame una buena razón para confiar en ti e irme contigo —lo desafié.

Él dio un paso más cerca, su sola presencia parecía enfriar el lugar—Porque, aunque no quieras admitirlo, sientes curiosidad por lo que en ti hay y conmigo podemos descubrirlo.

No quería darle la razón es más quería aventarle el bolso de mi mano porque me traería placer. No lo hice, suspiré y lo avente a la cama. El me miro con los ojos entrecerrados mirando la bolsa como si adivinara lo que había pensado hace unos segundos.




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