Él no respondió; solo me observó mientras me alejaba, por otra parte, aunque no lo vi pude sentir esa mirada intensa que parecía colarse bajo mi piel y mientras caminaba hacia la habitación, me descubrí sonriendo sin querer admitirlo. La biblioteca estaba en un silencio tranquilo interrumpido apenas por el crepitar de las velas, él estaba de pie con un libro en las manos que parecía no leerlo sino observarlo, su mirada apenas se alzó cuando pase por la puerta.
—¿Comes tanto? —preguntó, arqueando una ceja.
Me acomodé en el sillón largo como si fuera mío con una taza de té caliente que me hice antes y mi pijama azul navy de pantalón largo y blusa de tiras que proclamaba "SIEMPRE tengo hambre, ¿okay?". Crucé los pies enfundados en medias negras sobre el brazo del sillón y le devolví una sonrisa insolente encogiéndome de hombros.
—Amo comer.
Un brillo fugaz pasó por sus ojos y entonces, como si alguien hubiera apagado un interruptor el ambiente cambió y el silencio cómodo paso a no serlo.
—Hace dieciséis años tuve un sueño —comenzó hablar, su voz estaba un poco grave—. Te vi rodeada de sombras y cubierta de sangre, una voz susurraba tu nombre, pero no logré escucharlo.
Un escalofrío me recorrió la columna —Yo también soñé contigo —confesé bajando la vista a mi taza—. Hace unas semanas, estabas allí, también entre sombras y me sentía observada.
Nuestras miradas se encontraron por unos instantes y sentí los vellos de mis brazos levantarse, no pude evitar arruga mis cejas.
—Siempre supe que no era normal —admití en un murmullo—, pero esto me sobrepasa.
Él se acercó haciéndome sentir nerviosa ¿Cómo es posible que alguien pueda imponer tanto solo con su presencia?
—Esto no es casualidad, tu sangre responde a la mía porque llevas parte de mí en tu interior.
Mi estómago se contrajo. —¿Y cómo llegó ahí?
Por primera vez en el poco tiempo de estar con él la frustración marcó sus facciones.
—No lo sé. No recuerdo haber compartido mi sangre con nadie.
Tragué saliva y lo miré directo. —Bien. ¿Y qué significa eso de llevar tu sangre? Y si puedes aclararme lo de la conexión lo agradecería.
Su postura fue rígida por unos momentos.
—Todavía no estoy del todo seguro qué significa, pero para para mi especie forja una conexión.
—¿Y lo de la conexión es?...
—Es una especie de vinculo que se forma entre dos seres por medio de unión de sangre.
No pude evitar mostrarme incrédula: —¿Vinculo? ¿unión de sangre? Así como la película "el asistente del vampiro".
Sus ojos brillaron tenuemente de color rojo mientras negaba: No —se movió hacia el sillón individual a mi derecha volviendo a fijar su mirada en mi— es un vinculo donde estamos literalmente unido, como una pertenencia.
Esta vez me enderece en el sillón sentándome con las piernas cruzadas dejando la taza con el té ahora frio sobre la mesita entre nosotros.
—¿Me estas diciendo que estoy marcada, Como cuando un perro marca algo que le pertenece?
El entrecejo de él fue muy evidente y yo tenia mi cabeza con muchos pensamientos nada buenos como para darle importancia.
—¿Perro?
Alce las manos en señal calma: —Estoy tratando encontrar una analogía que me haga entender bien lo que estas tratando de decir, así que disculpa si no siento haberte comparado con un perro. ¿marca de pertenencia? ¡¿estás loco?!
El solo se recostó del sillón cruzando una pierna encima de la otra mientras posaba se cabeza en su mano derecha. Paso unos minutos donde no dijo nada y mi irritación comenzaba a crecer así que el leve silencio que se formó.
—Dejemos este tema de la conexión, unión de sangre o como quieras llamarlo para después. Hablemos de cómo serán las cosas a partir de ahora, cuentas claras; chocolate espeso.
Por un momento pensé que no respondería, pero entonces bajo sus manos al reposa manos del sillón.
—Bien, como debes tener conocimiento la separación entre el mundo humano y el nuestro es absoluta, por lo tanto; debe mantenerse así.
No pase por alto la manera en la que arqueo su ceja, pero no iba a dejarme intimidar.
—Demasiado tarde creo que mis amigas sospechan.
—Que sospechen no es lo mismo a que lo sepan —replicó levantándose de su puesto comenzando a caminar de un lado al otro —. También debes aprender sobre las jerarquías y las razas, la ignorancia a veces puede ser la manera más rápida de morir. Nosotros no entramos en contacto con las otras razas; los elfos se creen superiores y por eso no se mezclan a diferencia de las hadas que son vanidosas y corruptas, los lobos son bestias que se llevan muchos por sus instintos y las gárgolas —su voz se tornó áspera—. Son ruido y fuerza bruta sin propósito, sin clase.
Me recosté con los brazos cruzados, arqueando una ceja. —Vaya y eso que los elfos son los que se creen superiores.
Me ignoró por completo.
—Y luego están las sombras. —Su voz bajó, cargada de gravedad—. Nadie sabe cómo lucen realmente se dicen en los escritos que son capaces de habitar en otros cuerpos si encuentran afinidad, son impredecibles.
Un escalofrío me atravesó la piel —¿Y qué quieren?
—Lo mismo que cualquier depredador: devorar, poseer, dominar.
Guardé silencio, al ver que no iba a interrumpir siguió hablando:
—Y los dragones habitan en tierras lejanas, casi no se dejan ver, pero se sabe que comparten ascendencia con los elfos —mi rostro sorprendido hizo que el asintiera en respuesta— no tiene una relación explicita, pero reconocen a los suyos y se evita cruzarse con ellos.
Suspiré dejando caer contra el sillón mirando al techo. —Perfecto. Entonces estoy atrapada entre un club de razas que se odian, Maravilloso.
— Un paso en falso puede ser letal.
—Entonces asegúrate de que no caiga —respondí mostrando mi frustración con más valentía de la que sentía —Ya basta —rompí la tensión que se estaba formando—. Esto es un poco desalentador, pero si voy a convivir contigo entonces, necesitamos conocernos.