MERATH
Abrí los ojos con un presentimiento extraño, como si algo hubiese pasado mientras dormía. No era solo el cansancio de la noche anterior ni la pesadez de las revelaciones que Lutgard me había lanzado en la cara. No. Era algo más visceral, la sensación de haber sido observada.
Me incorporé lentamente frotándome el rostro, el cuarto estaba en silencio, apenas interrumpido por el canto apagado de los pájaros que venía desde los ventanales. La mansión se sentía demasiado inmóvil, como si contuviera la respiración.
"¿Qué demonios?"
Sacudí la cabeza, no podía pasar la mañana persiguiendo paranoias. Pasaron las horas y no vi a Lutgard por ninguna parte. Me dije que seguramente era por el día, que estaría descansando o lo que fuera que los vampiros hacen cuando sale el sol. Parte de mí lo agradeció, necesitaba espacio para pensar sin su presencia intimidante llenando cada rincón.
Tomé el teléfono comprobando la señal al saber que tenía marqué rápidamente a mis hermanos, una llamada corta pero necesaria con preguntas sobre mi estado, la sobreprotección de mi hermano era evidente, la discusión por quien hablaba más tiempo también lo era; no pude evitar sonreír.
Colgué con alivio, al menos ellos estaban bien.
Para cuando llegué a la cocina lista improvisé mi desayuno. Nada de café —al parecer esa palabra no existía en el diccionario de esta casa—, así que lo sustituí con jugo de naranja y unos huevos revueltos con pan tostado.
Más tarde, decidí ordenar mi ropa en el estante de la habitación, no tenía muchas cosas, pero hacerlo me distrajo. Entre camisetas y pantalones doblados, sentí cómo el tiempo se estiraba, para cuando terminé, ya era un poco mas del medio día.
Fue entonces cuando el teléfono vibró, la llamada entrante era de Odvier.
—Merath, ¿Cómo estás? —su voz jocosa me hizo rodar los ojos—
—Ha pasado un día Odvier, me encuentro bien.
—Y cuál es el nombre de nuestro amigo.
Negando con la cabeza a pesar que no puede verme contesté.
—Lutgard Vasile.
Hubo un silencio largo entre la llamada que tuve que confirmar que todavía estaba la conexión.
—¿Tío?
—Creo que debemos hablar —su voz sonaba seria esta vez más de lo habitual—
Un escalofrío me recorrió.
—¿Qué pasa?
—Nada, pero me gustaría verlos, hay algo que me gustaría hablar con él.
Su respuesta no me convenció, no insistí.
—Está bien tío —no pude evitar suspirar— ya te mando la ubicación.
—No te preocupes por eso, sé cómo encontrarte.
—¿Cómo es eso? ¿Usaras una escoba voladora como las brujas? —me reí por unos segundos hasta que pensé en ello envolviéndome en una seriedad de repente— Ellas no me gustan.
— ¿Estás viviendo con un vampiro y le temes a las brujas siendo tú mitad elfa? —su cansancio y sarcasmo fue evidente— dejemos esto para después, avísale que iré dentro de dos horas.
—Mmm...
Colgué, la casa estaba en silencio mientras caminaba por los pasillos, esta vez no tardé en encontrarlo en la biblioteca recostado en el sillón, la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, con un aire extraño.
—Lutgard...
Lo miré más de cerca. Su semblante era pálido casi enfermizo, cuando respondió su tono era más grave de lo que había escuchado, ronca casi salvaje.
—Mi tío dice que es importante hablar con nosotros dos, vendrá en dos horas ¿Está bien para ti? —pregunté con cuidado.
Él me miró de reojo.
—¿Tío?
Asentí.
—Mi tío es elfo.
Su cara se distorsiono en asco, pero no hubo sarcasmo ni palabras largas solo un asentimiento seco.
—Está bien.
Algo en mí se tensó, habló como si estuviera conteniendo algo, lo observé unos segundos más intentando descifrarlo hasta que finalmente decidí no insistir.
—Bien.
Lo dejé en ese sillón con ese aire extraño y marqué a Odvier para avisarle que podía venir, pero mientras colgaba, una punzada de inquietud me atravesó.
Algo estaba muy mal.
:)