MERATH
Un golpeteo sonó por toda la mansión, me tomo unos segundos darme cuenta que provenía de la puerta de entrada y un nudo comenzó a formase en mi estómago mientras me dirigía hacia la entrada. Me la había pasado el resto de las horas distrayéndome con cosas que ni si quiera recuerdo hacer y la estancia se sentía escalofriantemente fría poniéndome nerviosa al punto de sentir un cosquilleo constante debajo de mi piel.
Lo dejé entrar notando lo impecablemente que iba, porte siempre elegante, sonrisa leve y algo distinto en sus ojos, suavidad con un toque de tensión que rara vez le veía, su mirada me recorrió de arriba abajo casi evaluador, antes de decir:
—Merath —me saludó con un leve asentimiento— Aquí estoy.
Asentí retrocediendo para dirigirme hacia uno de los salones menos tétricos sintiendo sus pasos cercas. Una chimenea apagada, cortinas pesadas, dos sillones amplios y una mesita pequeña era la imagen del lugar. El contraste entre él y la mansión era casi cómico.
Nos sentamos frente del otro observándonos en silencio yo esperando; mientras él recorría la habitación con la mirada, una leve mueca en su rostro cuando estuvo satisfecho finalmente preguntó:
—¿Estas bien?
—Sí, todo bien por ahora —una risa que casi parecía insegura se me escapo mientras lo observaba y en broma expuse— ¿has venido aquí porque te sentías preocupado por tu sobre favorita?
—Sí —su respuesta seria y sus ojos puestos en todos lados discretamente me hizo fruncir el ceño— ¿Dónde está él?
—La última vez estaba en la biblioteca ¿Por qué? —me puse en guardia comenzando a sentirme preocupada— ¿porqué estas a la defensiva tío? Sé que las diferentes razas no se mezclan, pero toda esta demostración de preocupación me esta poniendo nerviosa.
El me observo apartando su vista de la entrada de la sala suspirando.
—Ya sabes qué tipo de conexión tienes con ese... vampiro.
Como escupió las palabras me hizo rodar los ojos.
—Según lo que me estaba explicando Lutgard es un vinculo de sangre —no pude evitar ver como sus facciones se endurecía mientras asentía volviendo a mirar detrás de mí.
—¿Has notado algún cambio o alteración en la ultimas veinticuatro horas?
No pude evitar ladear la cabeza mientras el recuerdo de hace unas horas volvía a mí, un Lutgard casi enfermo recostado en el sillón se visualizó claramente.
Lo miré con el ceño fruncido.
—Bueno... alterado como tal no, pero hace unas horas se veía un poco enfermo, ¿Por qué?
—¿Segura? —me devolvió la mirada con un gesto intranquilo— Sí lo que el te dijo es cierto significa que tu sangre y la de él están enlazado; literalmente hablando —volvió a mirar con el ceño fruncido detrás de mí, su acción me hizo mirar hacia atrás pero no había nada— No existe registro de que la línea real vampírica pueda unirse a otra raza. Es antinatural —Su voz sonó grave.
Mi mente trabajó a toda velocidad. "¿Realeza vampírica?" Abrí la boca para preguntar, pero no alcancé a hacerlo. El aire cambió de golpe, cargado de emociones tan intensas que resultaban abrumadoras.
El cuerpo de Odvier se tensó aún más de lo que ya estaba, como si algo invisible lo hubiese enderezado. Sus ojos se afilaron y sus facciones perfectas se transformaron; mandíbula dura, cejas descendidas y un brillo salvaje en su mirada, todo en unos segundos.
Me puse en pie con el corazón acelerado justo cuando una sombra oscura se deslizó hacia la sala, Lutgard. No parecía el de ayer, sus ojos rojos ardían como brasas, sus pasos parecían medidos; se detuvo en el umbral, y su voz salió casi a un gruñido animal:
—Elfo.
La forma en que lo dijo llevaba un desprecio tan evidente que la temperatura bajo un poco en la sala, mi tío se puso de pie de inmediato con la misma hostilidad ardiendo en la mirada.
—Vampiro —escupió las palabras como si fueran un insulto.
Y entonces todo se fue al carajo en un parpadeo los movimientos eran tan rápido que apenas lo procesaba, Lutgard atravesó la sala como una sombra mientras Odvier respondió con una fluidez perfecta, bloqueando y esquivando con una gracia letal. El choque de energías estalló entre ellos con demasiada rudeza, haciéndome sudar.
—¡Basta! —grité, acercándome, pero manteniendo mi distancia. Quise ponerme al otro lado, pero Lutgard interceptó mi paso con un gruñido salvaje, mostrando los colmillos; sus ojos me atravesaron con un brillo posesivo que me hizo jadear, por un instante lo vi tal cual era: un depredador. Contra todo pronóstico no sentí miedo, sino que me acerqué lentamente, su cuerpo tenso bloqueaba el mío y, sin pensar demasiado, apoyé la mano en la parte baja de su espalda sintiéndola temblar contra mi mano "interesante" pero no me detuve, me moví por inercia con un gesto casi cómico, pasando por debajo de su brazo y lo abracé de lado. Mi mirada se cruzó entonces con la de Odvier, que había quedado congelado en un gesto de sorpresa; sus ojos brillaban en una verde caña intenso.
—Está bien enlazado —susurró mientras un gruñido grave casi irracional salía de Lutgard palabras ásperas fueron pronunciadas:
—¿Qué demonios significa eso? —le espetó groseramente.
Odvier respiró hondo, tenso.
—Hambre selectiva, irritabilidad, salvajismo, obsesión, si sientes algunas de estos síntomas significa que su vinculo es de compañeros.
Lutgard meneo bruscamente la cabeza, como si intentara aclarar su mente, yo mire a mi tío.
—Entonces qué debemos hacer para calmar lo que sea que esté ocurriendo en el —al mirarlo nuevamente pude notar la tensión de su rostro, el leve tic de su ojo derecho, las venas de su cuello un poco más pronunciado— Parece desquiciado.
—No lo sé —bufo mirándolo— No soy vampiro, pero imagino que tiene que ver con beber tu sangre.
Mis cejas se dispararon hacia arriba.
—¿Qué? Pero ayer estaba bien —repliqué alzando la mirada hacia Lutgard, la sola idea de dejarlo acercarse cuando estamos solos me hacía sentir nerviosa "¿y ahora tengo que alimentarlo?"