Almas de Media Noche

Capítulo 17

MERATH

El aire estaba casi sofocante haciéndome apartar de golpe, me sentía febril, mis piernas temblaban, pero encontré las fuerzas para caminar hasta el sillón frente a él hundiéndome en él con brusquedad.

—Necesito espacio —fingí una calma que no sentía, siendo delatada por mi respiración errática.

Él no se movió, sino que permaneció recostado en su sillón con la mirada fija en mí. Ya no parecía enfermo ni salvaje, su semblante habitual había regresado, sin embargo; sus ojos eran distintos brillando con una intensidad que confirmaba cada palabra antes dicha.

"Eres mía"

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo, inconscientemente cerré los ojos al tanto de que algo distinto había entre nosotros, una ola de sensaciones que no me pertenecían y que jamás creí sentir de él venia como un torbellino, la incredulidad, el deseo y la posesión eran emociones abrumadoras en el ser humano ahora en un vampiro era como triplicado la sensación, el sudor comenzó a perlar mis sienes y mi cuerpo comenzaba a reaccionar, abrí los ojos rápidamente fijándolo en los suyos ahora mas lucidos.

—Puedo sentirte.

Él frunció el ceño.

—¿Qué?

—Tus emociones. —Me llevé la mano al pecho desconcertada— las siento.

Me observó como si yo acabara de romper alguna ley natural, su voz salió seca.

—Eso no es posible.

—Pues lo es. —Me incliné hacia adelante desafiante—. Puedo sentirlas.

Él guardó silencio unos segundos, antes de murmurar con fastidio.

—Debe ser el vínculo y probablemente tu sangre élfica amplificando todo.

No pude evitar exclamar sarcástica.

—¡Genial! antes era un medidor de emociones humanas y ahora también en este lado.

—No lo trivialices.

—¿Y qué quieres que haga? —respondí, exasperada alzando las manos señalándonos—. Llevo casi mas de cuarenta horas contigo, presencié casi una pelea y fui la cena de un vampiro.

Lutgard me sostuvo la mirada, pero no dijo nada.

—Además, que es todo eso sobre la mordida y la vibra extraña que ahora hay entre nosotros.

—¿Qué quieres decir?

Alce una ceja cruzándome de brazos: —Oh por favor Lutgard, hablo de esta tensión que se está dando entre nosotros, ayer estaba todo normal. ¿Cuál es la diferencia? Mi tío hablo sobre ser compañeros y si es lo que tengo en mente, no lo quiero.

Frunció las cejas y sus ojos brillaron de repente por unos segundos, casi me sentí intimidada; casi.

—Tampoco era lo que deseaba, pero ya esta y lo acepto, tu deberías comenzar a aceptarlo.

Imbécil. Esas sin quererlo me dolieron más de lo que deberían y no quería demostrarlo así que recurrí a mi mejor arma: el sarcasmo.

—¿Y qué pasa si ya tengo a alguien? —pregunté, alzando una ceja con fingida ligereza.

El cambio en él fue inmediato, se levantó del sillón pareciendo peligroso, observándome como un depredador observa a su presa.

—No puede haber otro.

Bufé sintiendo el enojo bullir rápidamente dentro de mí—¡Tú no decides eso yo sí! Y para tu información, ya tengo a alguien.

Sus ojos se entrecerraron, peligrosos.

—Mientes.

—No miento —repliqué elevando la barbilla.

—No hay nadie. —Su voz fue un gruñido—. Si lo hubiera no serías virgen.

Me quedé congelada en mi lugar mirándolo sorprendida, de repente comencé a sentir mi rostro caliente, una mezcla de vergüenza y furia.

—¿Crees que, por ser virgen, no tengo a alguien? —espeté levantándome— Imbécil.

Me di media vuelta antes de que él pudiera responder con el corazón golpeando mi pecho con violencia. Caminé directo a mi cuarto cerrando la puerta de un portazo y me dejé caer en la cama, intentando calmar el temblor en mis manos; estaba furiosa.

~

El amanecer se coló por la ventana de mi habitación, sin embargo; llevaba despierta mucho antes de que los primeros rayos pintaran el cielo. Apenas había conciliado el sueño, y cuando por fin lo lograba quedar dormida fragmentos de sueños inquietos me levantaban dejándome más cansada.

Me levanté con torpeza, como si la noche anterior me hubiese drenado hasta el alma; aunque de alguna forma, sí lo había hecho.

"Eres mía"

Las palabras de Lutgard seguían resonando en mi mente como un eco insoportable. Mi orgullo no me permitía aceptarlas, pero mi corazón latía con emoción.

—Ridículo —me dije en voz baja echándome agua en la cara, el reflejo en el espejo me devolvió una mirada cansada, con ojeras marcadas y un brillo extraño en el fondo de mi iris, que me hizo parpadear sorprendida observándome con atención para verificar que ese brillo ya no estaba.

Me vestí rápidamente con ropa cómoda evitando pensar demasiado en mi aspecto. La cocina estaba silenciosa cuando entré, me encontré algo de pan, jugo y tocino, comí despacio obligándome a disfrutar del sabor cotidiano de un desayuno sencillo que me recordara algo de normalidad en medio de todo.

La mañana paso tranquilo hasta se interrumpido por mi teléfono el cual recibía una llamada entrante de mi Tío, hablamos brevemente. Paso unas horas cuando decidí bajar a la biblioteca Lutgard estaba ahí recostado nuevamente en el sillón con una mano sobre la frente, como si intentara contener un dolor invisible con su respiración un poco rápida "No de nuevo".

—Mi tío vendrá hablar nuevamente —comenté manteniendo mi voz neutra.

Él levantó la mirada hacia mí, no me habló al instante solo me observó.

—Está bien —respondió al fin con voz baja — Es lo que esperaba.

Lo observé unos segundos más, antes de alejarme sin mirar atrás. La sensación punzante debajo de mi piel demostraba sus emociones fuertes, deseo y hambre feroz.




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