LUTDGARD
La mañana fue un suplicio, no lograba dormir; la sangre en mis venas ardía y mi mente revivía, una y otra vez cada instante de la noche anterior; el calor de su cuerpo, la dulzura adictiva de su sangre, esa chispa peligrosa que prendió mis sentidos junto con sus palabras: "Ya tengo a alguien" Fuera mentira o no, se incrustaron en mí como una espina imposible de arrancar, avivando un celo silencioso que prefería no admitir.
Traté de mantenerme lejos de ella durante la mañana. No quería verla, no quería olerla, no quería sentir cómo el hambre en mí se mezclaba con algo mucho peor, deseo. Un deseo que nunca había experimentado y que me recordaba que había instintos primarios frecuentes en mi especie.
Tiempo más tarde el silencio permaneció en la sala después de que Merath se marchara por una diferencia que tuvimos. Solo quedó el crujido leve de la madera y el suspiro de su tío, que se acomodó en el sillón frente a mí, observándome con esa mezcla entre altivez y desconfianza.
—La irritaste —dijo finalmente, con voz más tranquila de lo que esperaba.
—Al parecer —Apoyé el codo en el reposabrazos cubriendo parte de mi rostro con la mano. El hambre me seguía golpeando, pero debajo de ella había algo que no sabía cómo confesar.
Odvier inclinó la cabeza, como si pudiera leerme.
—No me sorprende, no eres precisamente la compañía más... apacible, aunque lo que me preocupa es lo que se siente en este ambiente. —Me señaló con la mano— pensé que después de ayer te encontraría más... accesible.
No me molesté en negarlo.
—Es la primera vez que siento esto, el hambre, la necesidad de tenerla cerca y la irritación si se aleja—Tragué saliva, apretando los dientes—. Y ahora, también esto.
—¿"Esto"? —preguntó, arqueando una ceja.
Mantuve su mirada, la palabra que salió se sintió áspera en mi boca —Deseo sexual.
Por un momento, no dijo nada. Luego suspiró, apoyando los codos en sus rodillas.
—Lo temía.
—¿Temías? —gruñí.
—Claro que sí. —Me sostuvo la mirada con dureza, pero no había burla esta vez, solo una comprensión fría—. Si Merath es realmente tu compañera, según lo que investigué el vínculo no se limitará a alimentarte, beber su sangre solo es el principio. Eso debería saberlo muchacho.
Me quedé en silencio, el entrelazó las manos, más serio que nunca.
—Y eso es peligroso, porque si sigues resistiéndote tu hambre se volverá un monstruo que ni tú mismo podrás controlar. Por eso te digo, aunque me cueste, aunque no me guste la idea no se puede hacer nada acércate a ella. Acérquense.
Le fruncí el ceño.
—¿Cómo sabes tanto de esto? Eres un elfo.
El suspiro que salió de el me cabreo.
—Si bien no tenemos que estar interesado el uno del otro —su mirada se tornó seria—Mi sobrina esta unida a ti, por lo tanto, tenía que investigar.
Tome una postura relajada, pero a la defensiva.
—A lo que me lleva a preguntarme —el también tomó la misma postura— ¿Cómo se mezclo tu especie con los humanos? ¿No es prohibido para ustedes?
El se me quedo mirando por un tiempo.
—No es de tu incumbencia muchacho, pero a veces surgen excepciones, aunque no queramos.
Ninguno comento nada más.
:)