Almas de Media Noche

Capítulo 20

Me desperté con la sensación inquietante de que alguien me observaba, sabía quién era, casi podía sentir sus emociones rozando las mías, Lutgard.

Abrí los ojos lentamente pero no lo vi. la sensación permanecía conmigo mientras bajaba hacia la cocina después de haberme duchado. Él ya estaba allí, de pie junto a la ventana que daba al patio con la luz de la mañana recortando su silueta. Su semblante era distinto; se veía mejor, más sereno, pero había una perturbación latente en su mirada.

—¿Necesitas más sangre? —pregunté antes de pensarlo. Sorprendiéndome tanto a mí como a él, había ofrecido algo que debería temer. "¿Y si al darle de beber me vuelve algo adicta a estas sensaciones?" sacudí la cabeza discretamente tratando de despejar esos pensamientos antes de que me consumieran.

Él ladeó la cabeza, estudiándome.

—No... por ahora.

Me serví un poco de agua sintiéndome sediente de repente y me senté frente a él.

—Necesito entender qué es lo que debo aprender aquí.

interesado caminó hacia mí, apoyándose en la mesa con una evidente calma.

—Recuerdas como nos transportamos hace unos días aquí —asentí— eso es teletransportación, una habilidad común entre los míos.

—Eso es beneficioso en ciertas situaciones —arrugue la cara— aunque sentía que alguien jugaba con mis órganos.

El sonrió de lado mientras negaba con la cabeza.

—Con el tiempo te acostumbras —tomó una manzana del frutero que había en la mesa mordiéndolo antes de mirarme— ahora háblame de eso que dices sobre sentir mis emociones.

—La verdad no sé si llamarlo habilidad o herencia de mi sangre élfica pero no tengo control sobre eso —me encogí de hombros— Sentir las emociones de las personas siempre me hizo sentir enferma, podían ser tan intensas que se sentía como un golpe —Me apreté las sienes con las manos—. Me la pase gran parte de mi vida detestándolo.

Él me observó en silencio analizando lo que le había dicho, luego asintió lentamente.

—Hallaremos la forma de que puedas controlarlo. Lo necesitas.

—¿Y tú? —pregunté, intentando darle la vuelta a la conversación—. ¿Tienes otras habilidades o solo es esa?

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—¿La fuerza por encima de cualquier criatura humana se puede tomar en cuenta? —rodee los ojos— control mental.

—Control mental... —repetí, entornando los ojos.

—Así es —explicó, con voz baja, casi divertida—. Puedo influir en otros.

—Mi tío tiene algo parecido, pero usa la voz. —Lo miré fijamente, con media sonrisa—. Supongo que es cosa de elfos.

Él soltó una risa breve, ronca sin quitarme la mirada de encima.

—Sí, cosa de elfos. Siempre jugando con la voluntad de los demás.

—Y los vampiros no hacen eso, ¿verdad? —pregunté con ironía, dando un sorbo a mi jugo.

Él no respondió, nos sumergimos en un silencio cómodo por unos minutos.

—Creo que necesitas saber defenderte —su voz me hizo levantar la mirada— recuerda lo que paso cuando salimos del bar.

El recuerdo me hizo estremecer, y asentí.

—Quiero aprender, no puedo depender siempre de otros.

—Conozco a alguien que puede ayudarte —asintió— lo traeré durante la próxima semana.

Miré por la ventana pensando en todo lo que había pasado.

—Han pasado solo unos cuantos días desde que llegué a esta casa, pero se siente como si hubiera sido más —jugando con el vaso en mis manos, intenté distraerme con algo tan sencillo como recoger los platos. No quería quedarme mucho tiempo bajo su mirada intensa.

—¿Siempre miras así? —pregunté mientras enjuagaba el vaso.

—¿Así cómo? —respondió, acercándose hasta quedar detrás de mí.

—Como si fueras a diseccionarme con los ojos.

Escuché un leve ronquido grave, se estaba riendo: —Tal vez lo hago.

Rodé los ojos, intentando quitarle importancia a su cercanía —Qué reconfortante— Cuando terminé, me giré para salir de la cocina cuando escuché su pregunta inesperada.

—¿Qué hacías antes de todo esto?

Estuve pensado un corto tiempo evaluando si quería contesta. Sí, quiero seguir hablando con él—Vivía, trabajaba, reía con mis amigos, me preocupaba por cosas tontas tipo si mi cereal llevaba suficiente azúcar o si mi hermana me escondía los zapatos. —Lo miré directo a los ojos—. No pensaba en vampiros ni en vínculos, nunca tuvimos mucho contacto con este mundo.

Él me sostuvo la mirada sin decir nada, decidí alejarme de la cocina explorando un poco más la casa. Cada rincón parecía una mezcla de elegancia gótica, Grandes ventanales cubiertos de cortinas pesadas, alfombras que parecían tragarse mis pasos y aquellos cuadros que parecían seguirte con la mirada.

—Tu casa parece un museo encantado —comenté en voz alta cuando Lutgard me alcanzó en el pasillo.

—Es un hogar —dijo con seriedad.

—Claro —Bufe—un hogar perfecto para vampiros deprimidos. Falta el ataúd y las telarañas estratégicas.

Él alzó una ceja.

—Si quieres puedo añadirlas.

Solté una risa breve, mis pies me llevaron hasta el cómodo sillón de la biblioteca. Estaba cansada, muchas cosas en pocos días. Suspire cuando sentí la mirada de Lutgard desde la puerta como si esperara algo.

—¿Vas a seguir ahí parado? —pregunté apoyando mi antebrazo sobre mis ojos— ¿Debo invitarte para que pases por la puerta?

Su corta risa me hizo sonreír.

—Eres ridícula.

—Vaya, gracias; estoy halagada.

Mientras se acercaba respondía: — Estoy pensando en lo que sigue.

—Bueno... yo estoy pensando en tener la siesta de la tarde—Bostecé y me estiré—. parece que no hubiera dormido por días.

Él soltó otra de esas risas bajas y se sentó frente a mí. No habló más yaun así sentía su mirada sobre mí, bostece por ultima vez antes de dejarmellevar.

:)




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.