MERATH
El sueño volvió, otra vez.
Me desperté de golpe con el corazón rebotando contra mis costillas, necesitando que mi cuerpo entrara en movimiento hice lo que venía haciendo, estirarme; bañarme y bajar por las escaleras. Me recibió una visión que por cosas de la vida no me había cuestionado, Lutgard y Ethan conversaban en el jardín, el resplandor les daba de lleno resaltando el cabello plateado de Ethan y resaltando el perfil de Lutgard. La vista se me hacía tan irreal que todavía no daba que era lo raro de lo que estaba viendo hasta que el motivo llego como una ola grande sin poder evitar cubrir mi boca con sorpresa miré al cielo y de regreso a ellos.
¡El sol!
Aun impresionada me fui directo a la cocina luego les pregunto, un hambre voraz me estaba rasguñando el estómago y necesito solucionarlo, preparé con calma lo que iba a comer. Ya estaba sentada disfrutando el primer bocado cuando escuché sus pasos. Entraron trayendo consigo la brisa del jardín, Ethan sonreía.
—Merath —saludó él inclinando levemente su cabeza, "tan correcto".
—Ethan —contesté alzando mi vaso de jugo—. Brindemos por sobrevivir otra noche más.
Su risa llenó la cocina de manera natural: —Me gusta tu sentido del humor —Se acomodó en la silla frente a mí—. Hoy comenzaremos el entrenamiento. ¿Qué tal combate cuerpo a cuerpo? Del tipo defensivo.
Dejé el vaso en la mesa con un golpe suave: —¿Combate cuerpo a cuerpo? ¿Conmigo? —sonreí de lado— tengo una buena izquierda.
Ethan soltó una carcajada, genuina, mientras Lutgard negaba con su cabeza apoyado en el marco de la puerta como si estuviera presenciando una comedia barata.
—No te preocupes —dijo Ethan, inclinándose hacia mí—. Creo que no saldré lastimado.
No pude evitar rodar los ojos, mientras soltaba una leve risa y preguntarles lo que quería preguntarles.
—Por cierto, chicos —llame su atención, ambos dirigieron su mirada hacia mi— tengo una pregunta.
—Hay una respuesta.
Lutgard asintió haciendo un gesto con la mano para que siguiera.
—Los vi hace un rato en el patio —mi dedo índice se movía sobre la superficie del vaso— Y no pude evitar pensar... que.... Ustedes estaban debajo del sol.
Ethan sonrió recostándose de la silla.
—¿Te preguntas porque no hemos sido fulminados por los rayos del sol esparciendo nuestras cenias en el aire?
Aplaudí una vez emocionada mientras lo señalaba, mi acción provoco una sonrisa en Ethan mostrando sus evidentes colmillos.
—¡Correcto! No quiero sonar cliché, pero digo —los señalé— son vampiros y según las películas los rayos del sol les hace daño.
El suspiro de Lutgard se escuchó fuerte en la estancia.
—Sí, demasiado cliché, pero es buena tu pregunta —Ethan asentía tomando una manzana antes de morderla— hace tres generaciones era imposible para nuestra gente ser tocados por el calor del sol, pero llegó un tiempo que los rayos del sol no eran tan molestosos para nosotros, si bien ahora no nos hace daño, puede irritarnos si el tiempo es prolongado.
Asentí a lo que me decía mientras otra idea venia a mi mente, el anticipándose a mis preguntas; aclaró.
—No. ni ajo, ni la estaca, ni la cruz, ni el agua bendita o cualquiera de esas cosas inventadas por los seres humanos nos hace daño.
—Increíble —murmuré incrédula—viví engañada.
—Así es, pero no te preocupes —Se encogio de hombros Ethan— No está en nosotros hacerles daño.
Alce una ceja cruzándome los hombros.
—¿En serio? —El me miro interrogativo— te alimentas de ellos.
—Ustedes se alimentan de los animales.
—Es diferente.
—¿En qué? —Se acomodó en la silla— realmente no es diferente...bueno sí; nosotros no los matamos para alimentarlos, ellos sí matan al animal para poder alimentarse.
Lo pensé por un momento y no pude evitar el sentido que tenia lo que decía, al saber que no podía replicar continuo.
—Además, cuando bebemos de alguien no es necesario volver a beber por unos días —suspiro— no somos tan sedientos de sangre como lo quieres hacer pintar sus películas de terror.
—Que consuelo —dije sarcásticamente—cambiando de tema, ¿Cuáles son tus habilidades además de tener esa cara bonita?
Se toco los lentes divertidos mientras miraba de reojo a Lutgard que ahora tenia una arruga entre sus cejas.
—Leo pensamientos y muevo cosas con la mente. telequinesis. —Chasqueó los dedos y unas frutas comenzaron a elevarse, lo mire sorprendida.
—Interesante —Aplaudí— no pensé ver algo así de cerca.
—Gracias por hacerme sentir como el integrante de un circo.
—Un placer —Los dos nos miramos por unos segundos y luego comenzamos a reír alto, luego de cálmanos hubo un sutil cambio en el ambiente; casi tenso, pero Ethan simplemente sonrió y cambió de tema.
—Dentro de dos horas nos encontramos en el salón del fondo para mostrarte el espacio de entrenamiento.
—Perfecto.
Al paso de dos horas me encontré con Ethan en el cuarto del fondo como había dicho, era como un mini gimnasio con el suelo cubierto de colchonetas amplias. Había un par de aparatos simples y un espacio abierto diseñado específicamente para caídas, rodadas y peleas.
Respiré hondo.
—Bueno... que empiece la masacre.
—Prometo no romperte nada... todavía.
—Que motivación —Bufe—
El salón se sintió diferente cuando las puertas se cerraron, cargado de la expectativa de lo que iba a suceder, los ojos dorados de Ethan brillaron con entusiasmo.
—Atácame —dijo poniéndose en posición defensiva—. Quiero ver tu defensa, reflejos e instinto; aunque nunca hayas peleado el cuerpo responde cuando está en peligro y quiero verlo.
Dude por unos momentos mientras mi mirada estaba fija en él.
—¿No deberíamos empezar con algo... no sé, suave? Del tipo "levanta la rodilla, ahora bloquea" algo como eso.
Él negó con la cabeza, serio.
—Si alguien te ataca no será suave contigo.